jueves, octubre 12, 2006

VAN A VER….

(El Chincual)

Marianito Zavala, hijo único, era mejor conocido en el pueblo de Ziripitiro con el sobrenombre de El Kali. Este mote se lo ganó a pulso debido a su afición a la lectura de los cuentos del legendario héroe Kalimán, al cual solía imitar poniéndose capas y turbantes blancos. Tal era su admiración, que de niño se entretenía haciendo brincos y piruetas, soñando con realizar las proezas de tan singular personaje.

Cierto día, colgó la reata de lazar de su padre de una de las ramas más altas del pinzán que se encontraba en el potrero. Su gran error fue el de no elegir la rama apropiada y al descolgarse al grito de ¡Kaaaaaliiiiiimaaaannnnn!...la rama no soportó su peso y cayó estrepitosamente entre la cuinda del corral de los cerdos.

El golpe afortunadamente no lo mató, pero sí le rompió 2 costillas, un brazo, una pierna y perdió el conocimiento. Las secuelas del accidente se hicieron notar cuando empezó a dar muestras de trastornos mentales.

Después de varios años, El Kali creció y su locura comenzó a ser más evidente; descuidó su aseo personal y se dedicó a la vagancia. Sus papás de avanzada edad ,ya no podían hacer nada.

Cuentan que un día se anunció la muerte de la señorita Petrita Arévalo a la edad de 80 años; ella era la presidenta de la Liga de la Decencia, y toda la gente del pueblo acudió al velorio de tan distinguida personalidad. No podía faltar El Kali, tomó uno de los asientos más cercanos al féretro, disimuladamente don Pascual y doña Lucha se retiraron de los asientos que estaban cercanos a él, ya que debido a su descuido personal despedía un olor nada grato. Después doña Carmela hizo lo propio tapándose la nariz con su rebozo, hasta que se quedó prácticamente solo en la primera y segunda filas de asientos.

Luego del rosario, las compañeras de devoción de Petrita se dieron a la tarea de repartir pan, café y cigarros a toda la concurrencia. Al Kali nadie le ofrecía nada; se limitaba a quedar boquiabierto viendo cómo pasaban y pasaban las charolas.

Las horas transcurrían y nuestro personaje no había encontrado la oportunidad de cenar algo o cuando menos fumarse un Alas. Indignado se levantó de su asiento y en voz muy alta dijo:

-¡Hmmmm!...Ya me voy porque aquí no dan nada. Van a ver ora que se muera mi mama.

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