jueves, octubre 12, 2006

EL AGENTE.

(El Chincual)

Se realizaban los preparativos para la recepción del Comandante General de la Policía del Estado, que visitaría a La Esperanza, con el objeto de revisar las condiciones en las que estaba laborando el cuartel de la policía comunitaria destacamentado en la localidad.

Uniformes y armas completamente limpios; reos bañados, rasurados y comidos; el olor a mole de guajolote ya inundaba la vieja casa de adobe que hacía las funciones de comandancia y cárcel a la vez.

El Sargento Aquiles era el encargado de guiar los destinos de la comandancia de La Esperanza y desde muy temprano se había dado a la tarea de prevenir hasta los más pequeños detalles.

Minutos antes de que llegara el funcionario estatal, se acercó al Sargento Aquiles uno de los parroquianos para solicitarle empleo como policía:

-Oiga mi capitán, quiero pedirle que mi dé trabajo aquí di policía; yo quiero andar con mi fusil, y mi uniforme.
-Tas loco Cesáreo, cómo crees que te voy a dar chamba; no ves que ni siquiera das la altura. A ver ¿cuánto mides?
-Pos ni se; como 1.55 mi capitán.
-No soy capitán; soy sargento y además la medida reglamentaria es de 1.65 y ya vete; tengo harto trabajo. Además viene hoy el Comandante y si te ve que no das la altura me va a regañar.
-Mire mi capi…perdón mi sargento, platíquile al Comandante que quiero trabajar y que li parece si li doy unos pesos.
-Mmmm…no, no; cómo crees Cesáreo, anda vete.
-Ándile mi jefe.
-Bueno, vamos a ver…vamos a ver. Cuando llegue el Comandante ya veremos.
Cesáreo le dio al Sargento Aquiles un rollito de billetes, entonces recibió órdenes de su nuevo jefe para que tomara un uniforme y unas botas de la bodega.

El Comandante arribó a la comunidad a las tres de la tarde, fue recibido con cohetes y música de viento. Realizó una visita al centro de la ciudad en donde ya se había improvisado un templete para pronunciar un discurso a la comunidad.

Posteriormente se encaminó a la comandancia en donde ya se encontraban formados por estatura todos los policías del destacamento, incluyendo al nuevo integrante que obviamente ocupaba el primer lugar de la fila.

El Comandante, un policía con varios años de experiencia, de fortaleza y altura considerables, recorría la fila inspeccionando con ojo clínico a cada uno de los policías.

Al llegar al lugar que ocupaba Cesáreo en la fila lo barrió con una mirada y observó con detalle al diminuto oficial.

-Mmmmm….a ver Sargento venga para acá.

Aquiles se apresuró.

-Dígame mi Comandante.
-¿Por qué está entre el personal este sujeto? Desde mi punto de vista no da la estatura reglamentaria.
-¿No señor? Me parece extraño. A ver oficial Cesáreo ¿Cuánto midió?
-2500 pesos mi sargento
Los ojos del Comandante parecían salirse de sus órbitas y Aquiles tomó una tonalidad lívida, ante tan comprometedora respuesta.
-No sea tarugo; que cuánto midió de altura, no cuánto me dio.

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