El compadrito libidinoso, le trae ganas a la comadre. Un día que sabía que no estaba en casa el compadre, se hace presente. La comadre, sin imaginar las intenciones de su queridísimo compadrito, se porta amable, le abre la puerta, le dice que su marido no está. Éste, se las ingenia para que ella le ofrezca algunas copas de mezcal; cuando ha consumido las suficientes para agarrar valor, a boca de jarro le dice:
-Aflójeme las nalgas, comadre.
La señora, indignada como está, no pierde la calma, con un:
-A que mi compadrito con que quiere que le afloje las nalgas.
Pasan las horas, la comadre no halla cómo sacar de la casa a su compadrito, y éste persiste en su propósito sin apartarse de la cantaleta:
-Aflójeme las nalgas, comadre.
Ante tanta insistencia, ella le dijo:
-Mire compadrito, a mí quien me las aflojó fue su compadre, y como ya llegó le voy a decir que de inmediato se las afloje.
El citado compadrito, palideció, y a sabiendas de que su compadre calzaba grande, optó por salir de la casa como rata por tirante, sin escuchar el saludo de quien llegaba y le decía
-¡No se vaya! ¿En qué puedo servirle?
Ha pasado el tiempo, y no obstante que las nalgas de la comadre son la obsesión del compadrito, no se ha hablado más del asunto.

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