jueves, octubre 12, 2006

COSA DE MACHOS.

(El Chincual)

A Teresa Bravo Terreros, a quien en el pueblo se le conoce como Tereso, por su abierto comportamiento como hombre, se le escucha con frecuencia decir:

-Nosotros los machos, semos cabrones.

Ante ello, nomás por el puro afán de pasar un buen rato, Malaquías Ventura, Orlando Simón y Antonio Luna la invitaron a un duelo etílico. Para lo cual, con anticipación la comprometieron a no faltar, argumentando que éste sería para conmemorar su cumpleaños. Teresa empeñó su palabra de que estaría presente. A la hora y en el día convenidos, se reunió con ellos en un solar que no tenía más que una mediagua pequeña en donde cupieron todos, además una tina repleta de botellas con cervezas.

-¡Entonces qué, vale! ¿Bebemos?- le dijo Antonio a Teresa, que vestía pantalón vaquero y camisa con dibujos a cuadros; calzaba botas y se cubría la cabeza con un sombrero de porte tejano.

-¿O qué,... te rajas?- sonó retadora la voz de Malaquías.

-¡Te rajas,... te rajas! ¿Cuál te rajas? Sólamente que no fuera macho- respondió ella en tono sarcástico, al tiempo que lanzaba un escupitajo que aterrizó junto a los pies de Antonio Luna, quien le afirmó:

-Arajo, Tereso, eres como la chingada... - lo dijo con sunga.

-Más que eso, soy cabrón, ¿O qué, acaso nosotros los machos no semos cabrones?
Orlando Simón destapó cuatro botellas de cerveza y las distribuyó. Broma tras broma y decir y más decir hicieron amena la convivencia en la que Teresa confirmó su condición de macho y cabrón, según el decir de ella.

Después de haber consumido mucha cerveza durante tres horas en que el bullicio fue subiendo de tono, una urgencia urinaria se apoderó de Antonio, quien de inmediato se dirigió a sus compañeros:

-Arajo, vales, tengo ganas de tirar las aguas.

-¡Faltaba más, faltaba menos!- habló Malaquías
-Un mexicano nunca mea solo, ¡te acompañamos! ¿Verdad, valedores?- La respuesta no se hizo esperar:

-¡Bah! ..., clarines. –se escuchó a coro.
Al no existir construcción alguna para satisfacer estas necesidades fisiológicas, ni lugar en donde esconderse, los tres hombres de referencia se arrimaron a una de las paredes; desde allí miraron que Teresa hizo lo mismo en el lado opuesto; los tres se desabrocharon los pantalones para facilitar la descarga de su vejiga; Teresa simuló hacer lo mismo. Durante algún tiempo los cuatro permanecieron de pie; finalmente Teresa miró que sus compañeros se fajaban los pantalones, ella también hizo lo mismo.

Con la vejiga desahogada, Malaquías contó un chascarrillo que culminó con eso de: “Caminando y meando para no hacer pozo”. Pero Teresa no le encontró gracia a lo escuchado; posiblemente a causa de que su vejiga estaba repleta.

-Vamos a beber, Tereso; ¿O qué? ... ¿Te vas a rajar? –Orlando la presionó.
-¿Cuál rajar? ¡Sólo que no fuera macho! – intervino Antonio.

-Ay cabrón - complementó Malaquías al tiempo que entregaba otra ración de cerveza.

En el transcurso de la tarde, conforme seguían consumiendo la bebida, volvieron los hombres a propiciar que todos, como buenos mexicanos, mearan juntos, argumentado que eran machos y cabrones. Teresa siguió su simulación para no aislarse del grupo, pero después de cinco horas de estar con ellos, ya no aguantó más y procedió a despedirse. Todavía Malaquías la quiso detener:

-Arajo, valedor,... la mejor mula se me quiere echar- le dijo burlón.
-¿Acaso no eres macho?- habló Orlando
-Quédate otro rato, Tereso, siquiera de aquí hasta que nos echemos otra meada juntos.

Lo escuchado provocó carcajadas. Teresa, entendió la intención que los había llevado a invitarla; medio borracha como estaba y con la molestia por la urgencia de visitar un lugar donde desahogar su vejiga, levantó el brazo derecho y dibujó, lo que en su ambiente representaba una soberana mentada de madre.

Los tres hombres, aunque conscientes de que habían fracasado en su intención, rieron a más no poder, al tiempo que Teresa se fue con su integridad a salvo, al no haberles permitido que la vieran satisfacer su necesidad conforme a su naturaleza de mujer. A partir de entonces, a ellos, de sí, les nació respetarla, confirmándole que en verdad reconocían que era muy macho y muy cabrón, cosa que acogió con agrado
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