(El Chincual)
El padre Lucas había llegado a la población de Ziriquicho para hacerse cargo de la iglesia del lugar. Después de oficiar durante algunas semanas, arribaron a la localidad una mujer joven acompañada de un niño de escasos 7 años quienes llegaron directamente a vivir a la casa del padre. Pronto se corrió el rumor de que se trataba de la hermana y el sobrino del padre, lo cual, la mayor parte del pueblo no creyó.
Los dos personajes empezaron a darse a la tarea de ayudar al padre en los deberes propios de la iglesia e incluso durante la misa el muchacho se encargaba de recoger la limosna y de fungir como acólito.
El padre Lucas siguió oficiando bajo sospecha.
Cierto día, el padre se enteró que doña Francisca, la enchiladera, se portaba de muy mala manera con su esposo, el cual se caracterizaba por ser una persona muy tranquila y sumisa. Las comidillas del pueblo eran que él se ajustaba a las medidas disciplinarias de su mujer y que incluso era golpeado. Por tal motivo se dio a la tarea de hablar con doña Paca para tratar de suavizar la situación en su casa y darle algunos consejos de cómo llevar armonía a su pareja y a su hogar, siempre cumpliendo con los designios del Señor.
-Mira Francisca, en el pueblo se habla mucho de que tu matrimonio con don Plácido no anda muy bien hija; que tú no vives en armonía con él y se ha llegado a saber que utilizas el maltrato y los golpes sobre su persona. ¿Qué piensas al respecto hija?
-Ay padre, pues qué gente tan habladora hay en este pueblo, afigúrese de que también dicen que la muchacha y el chamaco que viven con usted no son ni su hermana ni su sobrino. ¿Cómo la ve padre?
-Hija, pues tienes razón. Qué gente tan habladora ¿verdad?
El padre Lucas había llegado a la población de Ziriquicho para hacerse cargo de la iglesia del lugar. Después de oficiar durante algunas semanas, arribaron a la localidad una mujer joven acompañada de un niño de escasos 7 años quienes llegaron directamente a vivir a la casa del padre. Pronto se corrió el rumor de que se trataba de la hermana y el sobrino del padre, lo cual, la mayor parte del pueblo no creyó.
Los dos personajes empezaron a darse a la tarea de ayudar al padre en los deberes propios de la iglesia e incluso durante la misa el muchacho se encargaba de recoger la limosna y de fungir como acólito.
El padre Lucas siguió oficiando bajo sospecha.
Cierto día, el padre se enteró que doña Francisca, la enchiladera, se portaba de muy mala manera con su esposo, el cual se caracterizaba por ser una persona muy tranquila y sumisa. Las comidillas del pueblo eran que él se ajustaba a las medidas disciplinarias de su mujer y que incluso era golpeado. Por tal motivo se dio a la tarea de hablar con doña Paca para tratar de suavizar la situación en su casa y darle algunos consejos de cómo llevar armonía a su pareja y a su hogar, siempre cumpliendo con los designios del Señor.
-Mira Francisca, en el pueblo se habla mucho de que tu matrimonio con don Plácido no anda muy bien hija; que tú no vives en armonía con él y se ha llegado a saber que utilizas el maltrato y los golpes sobre su persona. ¿Qué piensas al respecto hija?
-Ay padre, pues qué gente tan habladora hay en este pueblo, afigúrese de que también dicen que la muchacha y el chamaco que viven con usted no son ni su hermana ni su sobrino. ¿Cómo la ve padre?
-Hija, pues tienes razón. Qué gente tan habladora ¿verdad?

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