(El Chincual)
La casa de doña Altagracia fue visitada por sus vecinas; fueron en grupo para saber de su hija que trabajaba en un Jardín de Niños, y enterarse de lo que le había enviado de la ciudad. Las señoras tuvieron buen recibimiento y oportunidad para satisfacer su curiosidad.
-Luego se ve que está usted contenta, doña Alta – habló en tono meloso quien comandaba el grupo.
-Sí niña, estoy contenta porque mi hija ya me compró mis cositas –dijo doña Altagracia al tiempo que se rascaba la cabeza; y, como viera que todas miraban hacia el interior de la cocina, les presumió: “me compró emberijador.”
Un ¡Ooooh!, se escuchó a coro.
-Diosito ha visto con buenos ojos a su hija- afirmó otra de las visitantes.
-¡Y también el apestor, que le consiguió su trabajo – contestó doña Altagracia.
-¿Y cómo se llama ese, ... ese, ... cómo dice, ... apestor? – preguntó alguien.
Al tiempo que se ponía de pie, doña Alta, dijo:
-Miren, desconozco su nombre, sólo sé que se apellida verga rayada.
Alguien, que estaba cerca de ella, corrigió:
-Vergara Rayo, Vergara Rayo, abuela.
-Eso, eso que dice mi nieta.- completó, ella.
Satisfechas por lo visto y escuchado, y ante la insistencia de la casera, las vecinas consumieron el contenido de las botellas que fueron sacando del refrigerador, obsequio que doña Altagracia había recibido gracias – según su decir – a que el inspector había ayudado a su hija que trabajaba en Acapulco, Gro.
jueves, octubre 12, 2006
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