(El Chincual)
Doña María de Jesús, doña Chucha, mujer delgadita pero de una gran fortaleza física, dormía junto a su esposo, don Jesús, don Chucho, que en las últimas horas de la madrugada no podía conciliar su sueño con la almohada. Corajudo, como es el viejito de noventa y siete años, le dio por gritar:
-¡Chucha, Chucha!- Como viera don Chucho que ésta no le contestaba, optó por golpearla con uno de sus codos al tiempo que insistía-¡Chucha, Chucha! Pero, ni así despertó la viejita. A él no le quedó más que desahogar su enojo, diciéndole:
-Sí, sí, como tienes tu pendejo que te mantenga, te duermes a pierna suelta.
Doña Chucha no se enteró; durmió hasta el amanecer.
En otra ocasión, ya muy avanzada la noche, don Chucho tampoco podía dormir, y nomás por molestar, codeó a su esposa al tiempo que le dijo:
-¡Chucha, Chucha!
-Sí, Chucho, dime- contestó ella.
Molesto, don Chucho, le reclamó:
-”Jajajay, cabrona; no puedes dormir; seguramente estás pensando en tu querido”.
Con esa calma de ángel que tiene doña Chucha, se concretó a decirle: “Ora, tú, qué cosas piensas”, y se volvió a dormir mientras don Chucho se quedó con sus ganas de pelear.

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