jueves, octubre 12, 2006

LA FUNCION DE CINE.

(El Chincual)

Martín Feliciano, esposo de doña Filomena Crispín, padre de más de cuatro, según lo dice él cuando se refiere a sus cinco hijos: Antonio, Melquíades, Trinidad, Pedro y Ramona, su consentida, muchacha de escasos diecisiete años. Entra al salón Esperanza, un galerón en donde se proyectan películas, y busca a su amigo González a quien localiza y procura sentarse junto a él, para estar, como siempre, armando relajo que en muchas ocasiones les ha costado que la concurrencia pida que los saquen del lugar.

Después de acomodar su cuerpo en la burda concavidad del asiento hecho de madera y acostumbrar sus ojos a la oscuridad, empieza con su cuchicheo que molesta a González. “¡Cállate, Marto, cállate!” Martín no hace caso a lo que se le dice, menos a lo proveniente de sus vecinos de asiento que empiezan a protestar por los ruidos chillones que emite su garganta; contrario a lo que desean todos, le da por hablar:

-Mira hermano, ve aquella pareja, mira cómo están.
-Cállate, pinche Marto, cállate – habla despacio González.

Sin afectarle las protestas, Martín sigue con su voz chillona:

-¿Ya viste, González, cómo la tiene? ¡Hermano, la está ultrajando! ... Ve, Gonzalitos,.... Ve. ... cabrón, cómo la tiene. ... Amigo, en mi tiempo ya me la hubiera ... ,y si duda tienes de lo que te afirmo, güey, pregúntale a Fili.

Otra vez intenta callarlo González, con un “no seas mitotero”, pero Martín está incontenible, emocionado por la pareja que a lo lejos mira y le parece que se acaricia. Con los ojos fijos a aquel bulto que atrae su atención sin percatarse de los pormenores de la película “Allá en el Rancho Grande”, éste, da un segundo empuje a sus expresiones murmurantes:

-¡Dale, dale, acábatela, ¡Có ... .!

Aún no ha terminado de pronunciar su última palabra cuando la cinta se rompe propiciando que el operador de la película ilumine el salón, y entonces Martín se lleva las manos a la cabeza y a grito pelón exclama:

-Pa’sque es mi Ramoncita, ... mijita, chula, ¿Qué te hacía ese desgraciado?, ... mi preciosa, mi bonita.

A lo lejos, ajenos al drama que vive Martín Feliciano, la pareja amolda sus cuerpos en espera de que se reinicie la proyección. Alguien, refiriéndose a él, le da por decir: “eso le pasa por lujurioso y argüendero”.

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