jueves, octubre 12, 2006

DOÑA SEGUNDA.

(El Chincual)

La rezandera del pueblo ha concluido la conducción del novenario de rezos en memoria de un difunto, y como en otras ocasiones, los dolientes ofrecen un bocadito para quienes los acompañaron durante nueve días que se elevaron expresiones rogativas a Dios para lograr el eterno descanso de quien se supone pasó a mejor vida.

Doña Segunda, se llama la versada en estos menesteres. Ya recibió el presente (algún obsequio), bebió rompope y comió cacahuazintles que dieron los caseros; junto con otras señoras se encuentra en torno de una mesa en donde le han servido una cazuela con mole verde y dos o tres tamales tololoches; las demás comen, pero ella no; permanece en silencio, con la cabeza cubierta con su rebozo chilapeño; se le ve apesadumbrada con la mano derecha tocando una de sus mejillas, como si llorase. Quienes la rodean, conociéndola como se las gasta en estos acontecimientos, no le dicen palabra alguna; pero la casera, que la considera personaje importante en la vida de la comunidad y más en la novena de su muertito, se dirige a ella con comedimiento:

-Doña Segunda, cómase su molito. ¿O qué, no le gusta?
-No mijita, no es eso, es que estoy recordando que es el guiso preferido de mi hermano Poleis y pienso llevárselo, contesta ella en tono compungido.

En respuesta escucha que se le dice: ¡No se preocupe doña Segunda, cómase su mole y tamales, que para Poleis le daremos otro tanto! Sus compañeras de mesa, ríen y le gastan bromas de lo que supuestamente llegará al estómago de Poleis.

Hoy, en remembranza a los propósitos de doña Segunda, cuando alguien quiere que se le dé o ya se le entregó una buena porción para llevar a su casa, se justifica diciendo: “¡es para Poleis!”.

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