jueves, octubre 12, 2006

EL TIBURÓN DORMILÓN.

(El Chincual)

En la generación que egresó en l963 de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Gro., había un estudiante, no muy estudioso, apodado El Tiburón, que se caracterizaba por su desparpajo y abandono físico. Con frecuencia se acostaba en camas ajenas y difícilmente se despertaba, impidiendo que el dueño de ella pudiera usarla. Fue así que una noche, antes de que se suspendiera el alumbrado eléctrico (22:00 hrs), uno de sus compañeros, a quien llamábamos La Pera, llegó a su cama y la encontró ocupada; por más que le habló y pretendió mover al durmiente de referencia, éste no despertó. Para dar cauce a su molestia, le pintarrajeó la cara con anilinas que lo hicieron ver como brujo danzante. A los pocos minutos las luces se apagaron y todos se dispusieron a dormir.

En el amanecer del otro día, la banda de guerra dejó escuchar sus redobles en señal de que todos los alumnos deberían formarse en el patio central para homenajear a la Bandera Nacional. Comúnmente los estudiantes, antes de llegar al acto cívico, se aseaban y procuraban acomodarse sus ropas para causar buena impresión; pero El Tiburón era ajeno a estas prácticas, escasamente se limpiaba la cara con las manos y se apretaba el cinturón para que los pantalones no se le cayeran.

Desde que nuestro personaje abandonó la cama ajena, se escucharon risillas a su alrededor, mismas que lo molestaron e hicieron que dijera con frecuencia: “ ... de qué te ríes, de que de ríes, ... güey, ... “ Mas, como había prisa, nadie le aclaró la causa de éstas que lo persiguieron hasta la formación donde se integró con sus compañeros de grupo.

La solemnidad del acto destinado a la Enseña Patria, impuso silencio; al terminar éste, nuevamente las risas aparecieron generalizándose éstas en algarabía en torno a El Tiburón. Otra vez, se dejó escuchar de él su cantaleta: “de qué te ríes, ... . ... Qué, güey, ni que tuviera la cara pintada, ... “. En esa bulla se estaba cuando el Director de la Escuela, un excelente maestro de origen yucateco, se acercó a él y mostrándole un espejo circular que había extraído de su bolsillo, le dijo: “¿Oye, lindo, en dónde fue el baile de disfraces?

El Tiburón no aguantó más su coraje y arremetió contra quienes estaban cerca de él, en el justo momento que el corneta ordenaba romper la formación de los pelotones.

En el transcurso del día fue, el feo durmiente -como muchos le llamaban por lo desproporcionado de su cuerpo y cara- motivo de comentario y burlas. Cuentan que a partir de entonces, jamás invadió camas ajenas, y cada mañana tuvo ya la precaución de lavar su cuerpo y mirarse al espejo, por si las dudas ... .

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