jueves, octubre 12, 2006

EL PADRINO.

(El Chincual)

En un pueblo de la Costa Grande de Guerrero, el cacique del pueblo, don Homobono Rentería Romero, hombre viejo, padrino de más de media comunidad, amaneció de mal humor, con deseos de encontrar quién se la pagara. Para empezar el día, aspirando el humillo de un enorme puro, se recostó en un sillón situado en el corredor de su casa ubicada en la calle por donde transitaba la gente. Una veintena de muchachillos, sus ahijados, uno tras otro, se dispusieron a manifestarle sus respetos, dándose, entre éstos y el viejo, un diálogo al tiempo que le besaban la mano con reverencia:

-Santo padrino.
-Dio´ te bendiga.
-Santo padrino.
-Dio´ te bendiga.
-Santo padrino.
-Dio´te bendiga.

Cuando habían cumplido con su deber los primeros diez ahijados, la voz de don Homobono empezó a denotar impaciencia y enfado; sus respuestas se fueron deformando:

-Santo padrino.
-Dio´ e bendiga.
-Santo Padrino.
-E´ te bendi ...
-Santo padrino.
-E´te...

El enojo del padrino fue creciendo, e hizo crisis cuando el ahijado, que ocupaba el vigésimo lugar, con esmero le dijo:

-¡Santo padrino!

Obtuvo, como respuesta, un contundente: “¡chinga tu madre!”..., provocando risotadas entre la muchachada que se alejó festejando la ocurrencia del padrino a quien desde lejos le hicieron presente su algarabía.

El viejo los miró, contagiándose de su alegría; aspiró el humo de su puro y murmuró: “muchacho´, calientiiiillo´, hijo´ de siete ch ...

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