(El Chincual)
Don Hemeterio Chiporahua, más conocido como el Chiltepín por lo ameno de su conversación, se halla sentado en la puerta de su casa, rodeado de sus amigos; junto a él, las dos muletas que le sirven para caminar en ausencia de la pierna que le cortaron a consecuencia de un accidente que tuvo en sus años de juventud. Ha dicho algo y los presentes lo festejan con carcajadas que cunden en el lugar.
Aún persisten algunas risas del grupo en cuestión, cuando calle arriba aparece la silueta de don Olegario Santamaría, señor de respeto, octagenario, contemporáneo de don Chiltepín y compañía. El hombre, cuya voz se ha perdido a causa de una dolencia crónica que lo ha dejado afónico, intuye que su bienvenida, como es costumbre, será una broma, una carajada de poca madre, como él da en llamar a las ocurrencias de sus amigos a quienes todas las tardes frecuenta para atemperar sus tristezas.
-Ahí viene Santamaría- impuso silencio la voz de don Chiltepín-escuchen cómo me lo voy a joder.
El grupo de hombres dejó escapar cuchicheos al tiempo que esperaban la llegada de don Olegario. Cuando estuvo a escasos pasos de ellos, se escuchó el vozarrón de don Chiltepín:
-¡Oye, Ole!
-¿Qué quieres cabrón? -sonó casi silente la voz afónica de él.
Con ironía y una sonrisa de oreja a oreja, don Chiltepín dijo: “cántame una canción a capela”
Don Olegario que para eso de dar respuestas rápidas, se pinta solo, contestó:
-Sí, cabrón, yo te la canto y tú me la bailas sin muleta”.
El grupo festejó lo escuchado, y no faltó quien acudiera a felicitar a don Olegario por su ingeniosa contestación.
Don Chiltepín se limitó a decir:
-No cabe duda, eres chingón, pinche Santamaría. Por eso te aprecio, y dado que, por este día ya tuviste tu ración de ironía ¿Qué te parece si nos buscamos a otro para chingarlo, y reírnos a más no poder para aligerar esta perra vida en la que tú estás sin voz y yo sin una pierna?
Don Olegario se limitó a expresar su afirmación con un movimiento de cabeza. Otra vez se escucharon las carcajadas y esa camaradería que siempre imperaba en el grupo comandado por don Chiltepín.

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