sábado, octubre 25, 2008

Al otro lado del silencio (Parte 7)

VII

Después de que el maestro de teatro pasó a avisarnos sobre el inicio de las audiciones para formar el grupo de teatro escolar, Jona, Pocho y yo tomamos la decisión de hacer lo posible de entrar al grupo. Y ahí estábamos los tres pseudoactores atraídos por las historias que nos había contado el Jona. La neta es que el maestro de teatro era muy conocido en la escuela por ser bonachón y amiguero, además participaba en los eventos culturales de la escuela. Toda la escuela sabía que tenía ciertas inclinaciones sexuales.

Quien sabe por que azares del destino quedamos incluidos los tres y nos dieron un pequeño papel para que lo desarrolláramos. Ensayábamos los martes y jueves por la tarde. Poco a poco empecé a sentir un gusto por esa actividad, y además descubrí que era una buena oportunidad para estar fuera de casa.

Nuestras clases de teatro iban viento en popa, la obra que representábamos era una que escribió nuestro maestro. Se trataba de las peripecias que unos chavos pasan durante la juventud. Descubrí mis “dotes “histriónicos y poco a poco me empecé a adentrar, al punto en que logre ganarme uno de los personajes principales de la obra. Conocía a muchos nuevos amigos, Mario y Ricardo tenían los mejores papeles.

Un día antes de comenzar el ensayo el maestro nos comunicó:
-Chavos, dentro de 2 meses se van a organizar los juegos estatales en Acapulco, así que vamos a participar con esta obra. Necesitamos ensayar muy duro y solo van a poder ir los que desempeñen mejor sus papeles. Nuestra escuela tiene cinco años consecutivos ganando el primer lugar en esta disciplina así que de ustedes depende.

El júbilo fue general, sabíamos lo que representaba salir de la ciudad, solos y a un lugar como Acapulco.
Los ensayos fueron arduos y dentro del grupo se empezó a percibir el olor a romances y las parejas empezaron a formarse. En lo personal me encantaba una niña que se llamaba Paty, era una niña chaparrita que iba en mi salón, con una cara angelical, pero tenía un defecto tremendo: tenía novio; por cierto muy gordo y muy mal encarado.
Recuerdo que ella escribía con la mano izquierda, por lo tanto le era muy difícil acomodarse en su butaca; siempre usaba un perfume muy suave, podía reconocerla cuando estaba cerca..

Había otras chicas muy guapas: Sandra, Gala, Edith que era amiga de Rosi mi novia, Tere, que era hermana de Tito mi vecino, a la cual ya conocía anatómicamente por haberla visto en mi sesión de fisgón en el baño; etc., todos llegamos a conjuntar un grupo muy divertido.

La fecha del concurso se acercaba cada vez mas, mis encuentros con Rosi eran menos esporádicos y no perdíamos la oportunidad de ir a la casa del Román, me sentía bien estando con ella, ya que podíamos pasar horas juntos, en teoría ella era mi novia pero en la práctica distaba mucho de serlo ya que nunca fui detallista con ella o muy pocas veces le dije que la quería, sin embargo ella me lo repetía constantemente, yo creo que la veía mas con ojos de lujuria que de otra cosa. Hasta el momento no había pasado nada.

Un día por la tarde me llamó y me dijo que se iba a inscribir en el conjunto de gimnasia rítmica que concursaría en los juegos de Acapulco y quería que la acompañara a la audición. No le costó mucho tiempo entrar, ya que sabía bailar muy bien. Ella también tenía sus ensayos por la tarde y por lo tanto nos veíamos casi todas los días al salir.

Después de muchos ensayos, llegó el día; antes de salir hacia Acapulco a bordo del camión escolar, Rosi se despidió de mi:
-Te portas bien, van muchas chavas, seguramente vas a encontrar demasiado alcohol. Ya le dije a Edith que te echara un lente. Así que por favor, cuídate, no me vayas a poner el cuerno.
-No te preocupes, además allí va tu amiga Edith, así que me va a vigilar.
-¿Te digo algo?.- Me dijo
-Si.
-Me gustaría que tu me acompañaras a Acapulco cuando me toque concursar. ¿Qué piensas?
-Híjole la neta es que ando bien corto de feria, y ya vez como es mi jefe, no creo tener muchas posibilidades, pero bueno, voy a hacerle la llorona. ¿Cómo ves?
-Inténtalo. Me gustaría que fueras, te conviene.
-¿Me conviene?, ¿en serio?...¿por qué?.
Y me dio un largo beso.
Ya todos arriba del camión nos encaminamos hacia el puerto, el nerviosismo crecía entre todos. Alguien llevó una grabadora enorme y el rock en español no dejaba de sonar. Después de dos horas de camino llegamos a Acapulco justo a la hora de comida. Recuerdo que como estaban muchos estudiantes de todas las partes del estado, nos concentraban a todos en algún lugar para comer y los encargados de realizar las comidas eran nada más y nada menos que los soldados del batallón de infantería, así que la comida era pésima, realmente no se que era lo que me sirvieron y el agua nunca supe de que era. Opté por mejor no comer.

Después de la “comida”, nos dirigimos al teatro donde nos tocaría concursar; la confianza en nosotros mismos era demasiada, estábamos seguros que ganaríamos el primer premio. Llegamos al lugar y nos dieron uno de los camerinos, ahí tuvimos que cambiarnos. El detalle es que era un camerino para todos, así que tuvimos que dejar el pudor por un momento y cambiarnos a la vista de todos. En una esquina pude advertir que Paty empezaba a desvestirse, mi vista quedo fija por un momento mientras disfrutaba de la visión, cuidadosamente se quito la blusa y la dejó a un lado para proseguir con la minifalda de mezclilla, lógicamente pude obtener una visión a detalle de su ropa interior. No me fijé en que todas las muchachas hacían lo mismo, solamente centré mi mirada en ella.
-Pst, pst.- Escuché.
Voltee hacia la izquierda, era Edith la amiga de Rosi:
-Te paso un vasito
-¿Un vasito? ¿De que o para que?
-Porque se te esta cayendo la baba. Apúrate, que no te has cambiado y ya estamos por salir. Nada más estas de fisgón.
-Si tú me dejas que te vea cuando te cambias no tendría que estar volteando para allá.
-Cálmate, que te traigo muy bien cuidadito.
-Menos mal. ¿Es marcaje personal?, ¿Te comprometes a cuidarme todo el día y no despegarte de mi?
-Claro.
-Ok.
Nuestro turno llegó. Salimos a escena, todo transcurrió a la perfección, era obvio que los días de ensayo habían dado frutos. Estábamos seguros de llevarnos el primer lugar. Al terminar nuestra actuación la gente nos aplaudió mucho. Sabíamos que lo habíamos logrado. Después de nosotros le tocó el turno a la prepa anfitriona y nos pudimos percatar que realmente no podían hacernos sombra.
Dos horas después llegó la hora de que el jurado diera su veredicto. Un hombre obeso tomó el micrófono:
-Autoridades, jóvenes, público en general: el jurado calificador dará los resultados del concurso estatal de teatro. El tercer lugar le corresponde al plantel de Taxco.
Se escucharon aplausos y los chavos de Taxco saltaron de alegría.
-El segundo lugar es para….
Todos nos quedamos inmóviles en espera del resultado, algunas chicas se abrazaban entre sí.
-El segundo lugar es para ………..
Si, para nosotros. Ciertamente, nos habían robado el primer lugar. Las chicas rompieron en llanto.
-El primer lugar es para el anfitrión Acapulco.
Mario de un brinco llegó hasta donde estaba la mesa del jurado y empezó a cuestionar la ética del jurado y de los organizadores. También nuestro maestro empezó a discutir. El público gritaba fraude. Obviamente no pudimos cambiar nada.

Recogimos nuestras cosas del camerino y nos dirigimos al hotel en donde pasaríamos la noche. En el camión todo era tristeza, de repente nuestro maestro llegó al camión:
-Chavos, estoy muy orgulloso de ustedes, realmente esto fue un robo, pero estén tranquilos, ustedes fueron los mejores. Ahora a disfrutar del rato que tengan libre y felicidades.
Se escucharon gritos de aprobación. Rafa uno de los cuates del grupo subió al camión con dos cartones de cerveza:
-Orale gueyes que se los discutió el profe. A chupar a chupar que el mundo se va a acabar.
Se encendió la grabadora: “Y vivo atado a un sentimiento carnal, atado a tu luna”
Todos tomamos una cerveza y empezamos a cantar, algunas chavas continuaban llorando.
-Órale pinche Edith, sampate una.
-No, yo no tomo.
-¿Como que no? ¿Entonces que pretendes hacer esta noche? ¿Dormir?
-Pues, este, no se.
-Ándele, sámpesela.
-Bueno.
Encendí un cigarro y todos me empezaron a pedir. En un abrir y cerrar de ojos se acabaron.
-Que pinche Toño, ¿hoy si la prendemos?, al fin que las penas con pan son buenas.-Me dijo el Jona.
-Simón, hoy si, al fin que no tengo que llegar a mi casa y aquí ni quien te diga nada.
-Cámara pinche Toño. Ya te estas volviendo hombre. Chance te perjudicas a la Edith.
-No mames, es la cuata de Rosi.
-¿Y?
-Oooo.
“Lucha de gigantes, convierte el aire en gas natural. Un fuego salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal, siento mi fragilidad”.
-Chofer, párate tantito en la tienda ¿no? Ya se acabaron las chelas y los cigarros. Órale, la coperacha.
Mario empezó a juntar el dinero y en un santiamén llenó de nueva cuenta los cartones. Repartió dos cajetillas de cigarros.
-Vámonos chofer.
“Tengo roto el corazón, desarmada la razón, podrás tener más de mil romances, nunca con sinceridad”
Llegamos al hotel. Nuestro profesor nos junto en la recepción.
-A ver hijos míos. El piso no. 3 es para nosotros, pero…pero....pero, hay cuartos en los que ya hay chavos que compiten mañana en atletismo y voley ball. Así que por favor no los molesten. Entonces quedan siete habitaciones. Obviamente son cuatro para hombres y tres para mujeres.
-¿Por que no todos revueltos?- gritó Arturo
-Concuerdo completamente con el punto que el compañero acaba de exponer. Y ¿ustedes banda?-añadió el Pocho.
-Brincos dieran. Contestó Gala
-Nada de revoltijos cabrones, no quiero domingos sietes o bodas anticipadas después de esto. Así que ya saben, echen su desmadrito, diviértanse pero tranquilicen sus hormonas. No quiero locuras. Así que chicas cuartos uno, dos y tres para ustedes, cuatro, cinco, seis y siete para los varones y mucho cuidadito cabrones.
-Reunión de damas en el cuarto tres.-Avisó Sandra
-¿Pos como ven chavos? Reunión de huevones en el cinco ¿no?- Grito Mario.
-Aprobado por unanimidad.

Todos dejamos nuestras maletas en cuartos diferentes y como alma en pena nos reunimos en el cuarto cinco. Al abrir la puerta humo de cigarro invadía la habitación y en el centro tres cartones de cerveza.
“Y creo que he bebido más de cuarenta cervezas hoy, y creo que tendré que expulsarlas fuera de mi. Y subo al water que hay arriba en el bar y comienzo…”
-Órale y esto de donde salió-pregunté.
-Como ves que estos cartuchitos se los discutió el profe- me dijo Jona
-Chido, presta para andar igual ¿no?
-Cámara
-Mmmmm, estás coronelas están como nalga de muerto y con este pinche calor que esta haciendo, a ver voy abrir el balcón.

Al momento de abrir el balcón me sorprendió escuchar el relajo que se estaba armando en el cuarto contiguo, era la reunión de las chavas. Me percate que los balcones estaban comunicados y que solo los separaba una pequeña pared.

Me asomé con cuidado de no ser descubierto. Mi sorpresa fue mayúscula. La mayoría de las muchachas no tenían puesto nada encima más que la ropa interior e inclusive Sandra y Paty acababan de tomar un baño, estaban envueltas únicamente en una toalla. Una pared me separaban de la visión que disfrutaba y tres pisos de una muerte segura.

-Esto es vida y que se acabe- pensé
-Hola morritas ¿Cómo se la están pasando? ¿chido?
-Pinche Toño mirón, sácate a la chingada.
Recibí un certero toallazo en la cara que por poco me hacía perder el equilibrio. Todas se cubrieron con las sabanas o con lo que pudieron encontrar a la mano.
-Pinche Toño eres un fisgón de primera- me grito Edith.
-Ooooo, fue por pura casualidad, yo solo quería ver como se la estaban pasando.
-Si guey.
-¿No quieren unas chelitas?
-¿Cómo ven? A ver, este, ¿Quién quiere?
-A no manchen ¿como que quien quiere?, o todas coludas o todas rabonas. Una, dos, tres, cuatro cinco, seis, siete, ocho, nueve.
-Nueve chelas Mario acá para nuestras morritas.-Le dije.
-A no mames apoco de ahí las estas viendo.
-Simón
-Orale gueyes acá están las carnes.
-Hola chiquitas.
-Sáquense de aquí- gritaron en conjunto
-Oooooo.
Tuvimos que dejar el balcón y nos concentramos en los cartones que había.
Se oyó que alguien tocaba la puerta del cuarto. Era Willy, que tapado nada más en una toalla de manos, se quejaba del hotel:
-No mames, este pinche hotel está tan rascuacho que ni agua hay. No mames, no hay agua güey.
Willy se descuidó y Ramón y Mario le quitaron la toalla, lo empujaron hacia afuera del cuarto y cerraron la puerta.
-No mamen, no sean culeros, abran ojetes.
Tocó en cada una de las puertas de las habitaciones de los hombres pero fue inútil, nadie la abrió.
Paty abrió la puerta del cuarto en donde estaban todas las mujeres:
-¡Dios santo! Willy anda desnudo corriendo por el pasillo- Corrió.
Todas las chicas salieron a verlo.
-¡Papacito!- se oyó con voz femenina.
Los chiflidos no se dejaron esperar. Una sábana voló desde el cuarto de las chavas y luego la puerta se cerró. Willy la tomó y se envolvió en ella. Por fin alguien se apiado y le abrió un cuarto. Después de un rato regresó con un short y una playera que quien sabe quien le prestó.
-Pinches ojetes.
Las risas inundaron la habitación.
“No tengas miedo de perderte, no, el tiempo pasa tan despacio en Sildavia, no hay, desiertos, no hay, falsa pasión”.
A los cinco minutos se escuchó que tocaban en la puerta. Arturo abrió. Era el maestro Clark, amigo de nuestro maestro de teatro que se había adjuntado a la comitiva. Con visos de una avanzada parranda y con 4 six de cerveza en una bolsa nos dijo.
-¿Se puede?
-Claro que si Clark, pásale.- dijeron todos.
-Ora…. Ahí les van unas chelas. ¿O no las quieren?
-Échamelas pa’ca antes de que te arrepientas- Dijo Mario.
-¿Que creen chavos? Vengo de platicar con las chavas y ¿Que creen?- dijo Clark.
-Que profe, desembuche- dijo Jona.
-Que las chavas quieren onda.
-A huevo, se los dije, uuuuuuu. Ora si quien sabe. Tráetelas para aca, o no, mejor vamos para su cuarto..- dijo Mario.
-No aguanten, yo mejor voy a platicar con ellas y ya les digo.
-Va.

El profesor Clark salió del cuarto y el revuelo de la noticia llenó de alboroto el ambiente.
-No mames, yo aparto a la Gala- dijo Arturo.
-Nel. Yo a la Gaby.- Dijo Carlos
-Yo me voy por Paty- Dije.
-Cálmate cabrón, que ahí viene tu cuidadora-Me replicó Jona.
-¿Sabes que pinche Jona? Hoy, en serio, hoy me vale madre todo. Y más vale que se me haga hoy o nunca. Ya estoy hasta la madre de esta pinche virginidad. Ya es necesario que me haga justicia la revolución cabrón. Chance mañana muero de la cruda.

En cinco minutos Clark estaba de regreso en la habitación.

-¿Qué onda y las chavas?- dijo Ramón.
-¿Qué creen chavos?-Dijo clark
Todos teniamos una cara de impaciencia por saber el transcurso de los hechos.
-¿Qué cree?, que las chavas también quieren onda.
-A huevo- fue la expresión general.
-Hasta que se me va a hacer santísima virgencita.- Dijo el Pocho.
-Aja ¿Y? ¿Qué hacemos?- Preguntó Mario al maestro.
-Pues aquí están.
Al decir esto, el profesor abrió la puerta del cuarto y todas las chavas entraron. Unas animadas, otras no tanto. Edith traía una bolsa con cerveza en las manos.
Rafa empezó a surtir de cerveza a las muchachas. Edith se dirigió al lugar en que yo estaba.
-Te dije que te iba a cuidar, así que no tienes chance de portarte mal.
-Oooo dame chance, una vez al año no hace daño. Mira tu nomás te haces ojo de hormiga y no dices nada.
-No te hagas esperanzas.

“Yo, caminaré entre las piedras hasta sentir el temblor en mis piernas, a veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza”.

El espacio en el que estábamos más de 20 era muy reducido. Para esto, atraídos por el relajo, ya se habían unido a la fiesta mi cuate el Perro y el Willy, los dos iban a concursar al otro día en atletismo. La cerveza se terminó y se enviaron comisiones de búsqueda y obtención del producto de la cebada. Para nuestra fortuna a pocas cuadras del hotel se localizaba “La costeñita” una tienda de 24 horas.
Después de dos horas los efectos de la cerveza empezaron a causar cierta euforia en algunos de nosotros y por consiguiente en ellas también. Transcurrió una hora, me levante de mi lugar. Tenía bastante hambre.
-Voy a tragar algo, la neta es que ya tengo mucha hambre, esa pinche comida que sirvieron los guachos estaba de los mil diablos y a esta hora ya me están reclamando las tripas-Dije
-Te acompaño-dijo Edith
-Cámara
-Yo también voy-Dijo Gala
-Y yo- se agregó Sandra.
-Pinche Toño, no te las lleves, apenas estamos entrando en confianza y tu ya saliste con tus jaladas-Me dijo Mario.
-Ooooo aguanta, ahorita regresamos.

Me acompañaron 7 de ellas, llegamos a una taquería frente a la playa de Caleta.
-Yo quiero dos al pastor y una chela.
-Yo una-dijo Edith
Todas las chavas pidieron de cenar.
-Toño ¿me das de tu cerveza? Me dijo Edith
-Va
En cinco minutos ya se había terminado mi cerveza, para lo cual solicito al mesero otra más, y fue secundada por las demás chavas que también pidieron su respectiva. Al pasar del tiempo siguieron pidiendo cervezas y para cuando terminé mi cena las chicas ya habían consumido unas cuatro cervezas cada quien. Caras ruborizadas, risas y gritos me hacían ver que a algunas ya se les había subido el alcohol.
-Chavas vámonos- Les dije
Para cuando llegamos al cuarto del hotel, me di cuenta que ya los compañeros también ya estaban alegres y eufóricos.
-Pinche Toño te tardaste y ve como traes a las chavas: bien pedas- Me dijo Gerardo.
-No mames, ellas pidieron y pues tuve que dejarlas.
Las cervezas siguieron corriendo y el cuarto se empezó a convertir en un relajo total.
“Soy un chico de la calle, camino la ciudad con mi guitarra sin molestar a nadie”.
Muy disimuladamente Paty se salio del cuarto y me percaté que Carlos la seguía, ocuparon la primera habitación que yacía sola debido a que todas las chavas estaban en el cuarto de los hombres. Hicieron lo propio Mario con su novia Andrea, ellos ocuparon la segunda habitación. Después Gala con Arturo ocuparon la habitación restante. Jona y Pocho estaban sentados en una esquina del cuarto ya entrando en estado etílico. Edith, sentada junto a mi.
Poco a poco el cuarto se fue quedando vacío. Los demás optaron por buscar un lugar más apropiado para entrar en más confianza. Pronto el pasillo del hotel se empezó a convertir en un espacio en el que se veían solo siluetas en la oscuridad.
Mientras tanto en la habitación solo permanecíamos Arturo con Gala, el Pocho, Jona, Edith y yo.

-Oye Toño, vamos a la tienda ¿no?. Tengo ganas de un refresco.- Me dijo Edith.
-Simón y ya no hay cerveza ni cigarros. Sirve de que compro unas dos aunque sea pa’mi, por que si las traigo pa’ca seguro me las agandallan.

Dejamos el hotel y nos dirigimos a la tienda que se encontraba unas 4 cuadras calle abajo y a una cuadra de la playa. Eran aproximadamente la 1:00 de la madrugada. No había carros, ni gente en las calles.
Llegamos a la tienda, hicimos nuestro pedido.

-Híjole, está media canija la subida ¿no?- Le dije a Edith.
-Si que hueva ¿Y si vamos a la playa?- Me contestó
-Buena idea

Caminamos hacia la playa, la cual obviamente estaba desierta. Nos sentamos sobre la arena húmeda. Y platicamos por largo rato. Terminé mis cervezas y compré otras dos más. El alcohol no hacía tanto efecto en mi.

-¿Oye?
-Si, dime.
-¿Quieres a Rosi?- Me cuestionó Edith.
-¿A que viene tu pregunta?
-Bueno lo que pasa es que, pues, ya tienes tiempo con ella y pues no sé.
-Llevamos 3 meses, pero así como que quererla, así mucho, pues la neta no.
-Osea que la engañas.
-No engañarla, pero no compartimos mucho, me siento bien con ella, pero hasta ahí. Todo se dio así sin quererlo.
-¿Te gusta?
-Mmmm, si me late, pero hay otras chavas que me laten más.
-Está bien. ¿Y que piensas de mi?
-¿De ti?, pues que eres a todo mecate, eres una buena amiga.
-¿Nada más?

La mirada de Edith se clavó en mis ojos. Se acercó mucho a mi boca.
-¿No te gusto?
-Este, la neta, la neta, claro que me cuadras.

Nuestras bocas no tardaron en unirse. Pronto estábamos tumbados sobre la arena.

-¿Oye Edith?, ¿Y si nos vamos a la enramada que está ahí?
-¿Quieres ir?
-Si, ¿Y tu?.
-También.

El fragor de los besos nos hizo olvidar que estábamos en un lugar público, solos en la noche. Edith se sentó sobre mis piernas, desaté poco a poco los cordones que sostenían su blusa. Mi mano pudo deslizarse hasta sentir unos senos firmes y tibios. No encontré resistencia alguna. Su respiración se oía cada vez más agitada. Sus lengua no podía estar quieta y mis manos tampoco. El tiempo se suspendió, no existía nada alrededor, solo se podían escuchar las olas azotando la playa
-Jóvenes, que pasó.
Esa voz hizo que nos separáramos sobresaltados.
-¿Qué pasó de qué?-Dije con nerviosismo.
-Pues si jóvenes, estas son faltas a la moral y están en un lugar público. Me los voy a tener que llevar a la delegación.
-No mi capitán, no estamos haciendo nada malo.
-¿No?. Mire nomás como tiene a la señorita.
-Ooooo…. Pues es mi novia.
-Ahorita voy a llamar a la patrulla para que se los lleven a barandilla y que sus papás vayan por ustedes. Además aquí peligran, no ven que los pueden asaltar, y luego la señorita no está de mal ver y se la pueden quitar-Dijo el policía mientras observaba la blusa entreabierta de Edith.
-Nel mi capitán, mire, somos estudiantes, no somos de aquí. Además, ya nos íbamos.
-Mire joven, usted está faltando a las reglas del bando de policía y buen gobierno. Es una falta grave la que están cometiendo.
-Neta mi capitán, ya nos íbamos. Mire dénos chance y ahí va una lanita para un café.
-Joven, me está usted insultando.
-Comprenda mi general, que no somos de aquí e imagínese la regañada que nos van a poner si caemos en el botellón. ¿A poco usted nunca anduvo así?
-No pos si. Bueno para que vean que me porto bien, mira ahí nomás pasa una corta y los dejo ir.
-Simón mi general.
Empecé a buscar entre mis bolsillos el dinero que había ofrecido, la sangre me subió más a la cabeza cuando me di cuenta que lo había gastado en las cervezas y los cigarros.
-Que Toño, ¿ya no traes?.
-Nel, ya me lo gasté. Y lo demás lo dejé en mi maleta. Puta madre.
-Ten yo te presto.
Edith sacó de la bolsa de su short un billete de quinientos pesos.
-Uuuuu mi cuate, ¿y apoco cree usted que con eso?, nosotros trabajamos toda la noche, también tenemos familia y nos pagan poco aquí. Póngale otro igual y con eso hago como que no vi nada.
-Mire mi coronel, ya no traigo más, neta.
-Ese relojito esta bonito mi zanca.
Me resigné a perder el reloj que me había regalado Rosi el día de mi cumpleaños, no era muy bueno, pero funcionaba.
-Bueno jóvenes, regresen a su hotel, y no vuelvan a andarse saliendo a estas horas.
-Si mi capitán, está bien. Gracias.
-Fue un gusto servirles.

Regresamos al hotel con un sentimiento de ser asaltados. Antes de subir a los cuartos nos quedamos un rato más en las escaleras. Continuamos con lo que habíamos dejado de hacer. No se que tiempo transcurrió, pero el cielo ya empezaba a tomar tonos rojizos, la luz del día estaba por llegar. En el sillón de la administración yacía Ramón completamente dormido, aún con una lata de cerveza en la mano.

Acompañé a Edith hasta su cuarto, más bien a buscar uno que no estuviera ocupado por algunos compañeros que no habían perdido el tiempo o en donde pudiera dormir. Encontramos uno en donde había cuatro chavas que se habían alejado del alucine de aquella noche.
-Aquí no puedes pasar- Me dijo
-¿Neta?
-Creo que no.
-Duérmete, nos vemos, mañana.
-Mas bien al rato.

Me dio un beso y me propuse a emprender la búsqueda de algún espacio para poder dormir.
El pasillo era ahora dormitorios, aún encontré a una pareja de compañeros que se hacían uno en un abrazo candente. Gerardo, envuelto en una sábana y en un avanzado estado etílico corría a lo largo del pasillo gritando:
-Soy el antipoeta del ocaso. ¿No habrá acaso algún cuarto disponible para mi?.
Jorge salió de una habitación:
-Que mi Toño, ¿No le entraste al degenere?
-Si güey, apenas me voy a dormir. ¿Y tu?.
-No me recuerdes por que me regreso, la Mayte fue la afortunada.
-Pinche Jorge, ya te la perjudicaste.

Tocamos en cada una de las puertas hasta que encontramos una en donde una voz nos contestó.
-¿Quién?
-Pinche Willy abre cabrón.
-Pásenle, pásenle. Aquí la fiesta continua.
El escenario no pudo ser más elocuente: humo, latas de cerveza regadas, Jona estaba profundamente perdido sobre la alfombra. En medio del cuarto estaba Arturo boca abajo.
-No mames ¿y a este que le pasó?- Preguntó Jorge.
-Pos se le cansó el caballo. Y ahora funciona de mesa.
Arturo estaba sin playera, y sobre el, las cervezas. Exactamente parecía una mesa de centro.
“Si estas canzada y muy sola, no tienes con quien hablar. Si te hace falta alguna ayuda, no lo pienses más, te podré alcanzar, estés donde estés”
-Oye pinche Willy ¿Qué no tenías que competir al rato? ¿Y no este mendigo de El Perro corría los cien metros planos?-Dije con asombro.
-A huevo, yo voy a correr como galgo- Dijo El Perro.- Yo voy a ganar la carrera. Como galgo, cabrón, te juro que voy a correr como galgo.
-No mames estas bien pedísisisisimo.
-A huevo, hay que beber hasta cagar sangre.
Me senté en la alfombra, destapé una cerveza. Obviamente fui cuestionado por los que aún quedaban en pie sobre lo que había pasado con Edith. No di muchos detalles, pero conté mi hazaña. Claro está que omití el asunto del policía.
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Quién?
-Ya te oí pinche Willy. Abre cabrón.
-No mames es Javier, el maestro de educación física.- Dijo Willy.
El Willy y el El Perro corrieron al baño, sabían que el maestro de educación física, su entrenador, los reprimiría por el estado en que se encontraban. Corrieron a esconderse al baño, Willy abajo del lavabo y El Perro en la regadera.
-Abran cabrones-Gritaba Javier.
Esperé a que se cerrará la puerta del baño. Entre abrí la puerta:
-Déjame pasar-Espetó Javier.
-¿Que pasó Profe?
-¿Dónde están esos cabrones?
-¿Quiénes?- Pregunté
-No se hagan, dame permiso.
Javier empujó la puerta y echó una mirada rápida, se dirigió al baño encontró la puerta con seguro.
-Abran cabrones, esto les va a costar caro.
Ante la amenaza, los dos indisciplinados deportistas, salieron de sus escondites.
-No mamen, miren nomás cómo están. Órale a dormir, siquiera unas cuantas horas, sus competencias empiezan hasta las 12:00. Ya ni la chingan.
-Ooooo Javier, no te esponjes, yo te juro que voy a correr como galgo.

La luz del día llegó y yo no había tener un momento de sueño. Nuestro maestro de teatro llegó cómo a las 9:00 de la mañana, el tuvo una parranda muy particular.
-Vámonos a la playa a desayunar unos marisquitos ¿no?. Un caldo de camarón no caería nada mal.
Vi la oportunidad de que un cuarto quedara solo, pensé en dormir un momento.
-¿Tu no vas?-Me preguntó.
-Nel, estoy cayendo de sueño. Me quedo. Más tarde como algo.
-¿Entonces te quedas?
-Simón
-¿Y tu niña?
-Yo también me quedo.
En esa voz pude reconocer a Edith, que acaba de llegar a la puerta del cuarto.
-Bueno. Cuidadito, cuidadito.
-Si no te preocupes.
La puerta de la habitación se cerró.

Edith se sentó en la cama donde yo estaba.
-¿O quieres que me vaya?
-Este…. no, no, no, puedes quédarte.
Se acostó a mi lado. El perfume de su pelo y de su cuerpo denotaba que se acababa de bañar. Su pelo aún húmedo rozó mi cara. Sus labios volvieron a besarme. Después de un momento pude despojarla de su playera. Un sostén blanco quedaba entre sus senos y yo. Intenté quitar todo lo que nos estorbará. No me dejó más allá de su short, el cual, pedía a gritos que me deshiciera de el, pero algo dentro de ella le decía que no debía hacerlo.
Volví a perder la noción del tiempo. Después de un rato el desvelo nos venció, nos quedamos profundamente dormidos.

A las 5:00 de la tarde estábamos ya en en el lobby del hotel esperando el camión que nos traería de regreso a casa. Nuevas parejas se habían formado, producto de una noche fragorosa. Paty y Carlos se encontraban muy amorosos sentados sobre una jardinera del hotel. Nos percatamos de que el novio de Gaby estaba llegando al hotel. Mario corrió a avisarle.
-Gaby, Gaby, tu novio está buscándote. Está en la recepción preguntando por ti.
-En serio.
-Te lo juro.
-¿Que hacemos?

Resolvieron en que Gaby se regresaría con su novio a Chilpancingo y que allá arreglarían las cosas, terminaría con el para poder estar con Carlos.

Por la noche estábamos de regreso en nuestros hogares. Antes de partir hicimos un pacto de honor en que de todo lo ocurrido durante esa noche no saldría de nuestras bocas.

Es obvio que muchos de nosotros no cumplimos con la promesa.

Edith y yo juramos no decir nada de lo ocurrido entre nosotro. Rosi finalmente si se enteró después de que
en una noche de muchas caguamas Edith le confesó su deslealtad.
Despúes de eso, nunca volví a ver a Rosi.
Alfonso Maldonado Arellano

AL otro lado del silencio (Parte 6)

VI
Hora del recreo, todos sentados en el mismo lugar de siempre:
-Oigan me corrieron una onda.- Dijo el Pocho
-Me dijo el Chino, que puedes ver a las chavas cuando van al baño. Dice que en el baño de los hombres hay una rendija por donde se puede ver y que el otro día se metió como dos horas y que se dio un agasajo de lo lindo y me estuvo contando de todas las cosas maravillosas que vio. Dice que de todas las clases sociales, colores y olores.
-No mames, se me hace que el mendigo Chino nomás te esta vacilando- Replicó el Jona.
-Pero si es neta, pues pa luego es tarde, estamos perdiendo el tiempo aquí sentadotes.
-A ver, déjame ver donde anda ese güey.
Y empezó a buscarlo por todo el patio de la escuela.

El Chino fue mi compañero en la primaria, siempre se caracterizó por ser un tipo de lo más relajo, el y su hermano realmente tenían la chispa suficiente para divertir a cualquiera. En esos días fue electo democráticamente el jefe de nuestro grupo, el 1° “D”. Nos dijo que si la mayoría votábamos por el nos disparaba el desayuno.
-Chino.
-Que onda ese.
-Ven hijo, necesitamos platicar muy seriamente.
-Voy, aguántame.
Corrió hacia donde estábamos sentados.
-¿Te acuerdas del “bisnes” ese que me contaste la otra vez?
-¿Cuál?
-No te hagas güey, lo del baño.
-¿Y que transa con eso?
-Pues queremos saber que onda.
-Cámara, pero discútanse el desayuno ¿no?
-Luego luego el interés pinche Chino.
-A ver quien quiera entrarle móchense con 5 baros por piocha.
-Nel yo no le entro- Dije.
-Como siempre el pinche Toño con sus puterías.
-Y si te cachan pendejo, me cae que te van a expulsar y tu jefa te va colgar de los tanates por caliente.
-Nel, yo pongo tu coperacha.
-¿Cuál es el plan?- Le pregunta el Pocho al Chino.
-Esta así, es necesario que alguien se quede en la entrada del baño para que eche un lente a ver si no viene alguien. Y luego hay que meterse a los depósitos.
-Ya estuvo pinche Toño, tu eres el elegido de los dioses para quedarte de ojo.
-No mamen.
Entramos al baño y esperamos a que salieran todos los que estaban adentro. El Chino señalo un cuarto como de un metro cincuenta de alto y como 2 de ancho en donde quedaban ocultos los depósitos de las tasas y que llegaba hasta el baño de las mujeres, estaban totalmente obscuros. Tomó el cerrojo e ingeniosamente hizo un moviendo con el candado dejándolo libre. Nos mostró que había unas aberturas en la pared de donde salían las jaladeras de cada una de las tasas. Era por ahí por donde se podía observar.
-Órale güeyes, sírvanse, la mesa esta lista, pero tengan cuidado con hacer ruidos o mover las jaladeras de las tasas, si nos cachan nos castran.
-Toño, como no quieres deleitarte jálale de volada a la puerta y echas aguas.
Cerraron la puerta del depósito hasta dejarla entreabierta para disimular.
Mi nerviosismo era notorio. Me coloque en la entrada del baño y empecé a hacerme tonto. En ese momento llegó Silvia, una de las chicas más hermosas de la escuela y también una de las más inteligentes, además era muy bella persona, fue mi compañera en la primaria, por cierto que siempre estuve enamorado de ella.
-Hola Toño, que haces.
-Este….mmmmmm….nada, esperando a los cuates.
Como de costumbre no pude contener el sonrojarme. Las piernas me temblaban.
-Bueno, la naturaleza llama, nos vemos.
-Bye.
Otras tres chavas más entraron.
Me sentía mal de que pudieran invadir la privacidad de Silvia, pero por otro lado me carcomían las ganas de verla.
Después de 10 minutos sonó el timbre que indicaba el terminó del receso de clases.
Me metí al baño y abrí la puerta del depósito.
-Órale pinches mirónes, ya se acabó el receso.
Cada uno estaba parado observando por una rendija. Estaban como hipnotizados y únicamente escuche al Chino susurrar:
-Ssshhhhhh, cállate güey.
-Ahí se quedan pendejos. Yo ya le voy a llegar al salón.
Volví a entrecerrar la puerta y me fui a clases. Ninguno regresó. Terminó la clase y me fui al baño otra vez.
Esperé hasta que no hubiera nadie adentro. Abrí la puerta y los encontré llenos de sudor y aún pegados en sus respectivos sitios.
-Que güey, ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?. Me dijo la Zorra.
-No mames esto es el mejor espectáculo del que he disfrutado en toda mi vida, no tienes idea de todo lo que vi. Y lo mejor de todo fue la Silvia, esta riquísima.- Susurró el Valle.
Todos salieron menos Jona que se quedo en el fondo del depósito. En ese instante me hizo señas para que me metiera. La verdad es que no pude resistirlo. Me metí y los que ya estaban afuera cerraron la puerta y le pusieron el cerrojo.
-Jijijijijijij, caíste güey. Van a venir por nosotros hasta la otra hora, así que disfruta el momento.- Me dijo Jona en voz muy baja.
-No mames aquí hace un putamadral de calor.
-Ya cállese, no chille y déle gusto a la pupila
Se oyó el ruido de la puerta del baño de las mujeres, y unos pasos que se acercaban hacia la tasa que correspondía a la rendija donde yo estaba parado.
-Órale, es tuya.- dijo el Jona.

Pegue el ojo a la rendija y lo primero que vi fue la cara de una chava de tercero que se distinguía por tener una forma muy semejante a la circunferencia. Entonces comenzó a subirse la falda. No quise ver.
Jona estaba entretenidísimo:
-No mames es Elba, se echo un pedote.
Un olor nauseabundo llenó el depósito. Me tape la nariz con la camisa. Desde entonces conocimos a Elba con un apodo relativo a la flatulencia que emitió.
Entonces nuevamente se volvieron a escuchar ruidos en mi rendija asignada.
Mire y cual fue mi sorpresa al ver un cuerpo familiar, era Tere una chica que fácilmente tenía ya diecinueve años, era mi vecina. Vivía como a unas cuatro casas de la mía, era hermana de mi cuate Tito, fácilmente media un metro con ochenta centímetros, tenía un cuerpo escultural y voluptuoso, se caracterizaba por ser aficionada al relajo. Observe y únicamente bajo su falda a la rodilla, se acomodó una tenga blanca diminuta, luego la blusa y volvió a subir la minifalda. Se arregló el sostén y se fue.
Sentí que el calor dentro del depósito cada vez era más fuerte.
Dos minutos después escuche nuevamente ruidos. Esta vez era una chica de segundo año. Recuerdo que se llamaba Karina, era una de esas chicas adineradas y que le hacían el feo a cualquiera que no fuera de su alcurnia. Por cierto que era preciosa. No puedo describir con palabras lo que ese día observe. Nunca lo olvidaré.

Como a los quince minutos se escuchó el ruido del cerrojo de la puerta. Era la Zorra:
-Órale güeyes se acabo el veinte. No se me vayan a asfixiar.
Desde ese día eran frecuentes las visitas de mis amigos al baño.
Y después de cada sesión se relataba con lujo de detalle lo que cada uno de ellos había visto. Yo no volví a entrar.
Era común que Jona o el Valle se ausentaran de las clases, cuando alguien preguntaba por ellos la respuesta era “están en el observatorio”.
Dos semanas después, Angélica, una chava del “A” descubrió a un tipo de tercero; ella se percató que había alguien viéndola y disimuladamente se salió del baño, llamó al prefecto y a un conserje y entre los tres detuvieron al muchacho; obviamente ese mismo día fue expulsado de la escuela.
A raíz de ese incidente todas las chavas tuvieron que tomar las medidas pertinentes para no ser observadas: desde tapar la rendija con un sweter antes que nada o llevar una jeringa con orines o ácido muriático que vaciaban por la rendija. Jona fue alcanzado por una ráfaga de orines.
Tanta insistencia de los visitantes al depósito provocó que la puerta fuera reforzada con tres o cuatro candados, además de que los prefectos realizaban visitas periódicas a los sanitarios.
El asunto se olvido.

Al otro lado del silencio (Parte 5)

V

Laura mi nueva vecina iba en la misma escuela que yo, así que todos los días nos íbamos juntos. Su padre era un rico comerciante y tenía choferes y ayudantes a la puerta. Era muy agradable; ella vivía en su mundo color de rosa, no le faltaba nada y sus padres no la presionaban mucho para que estudiara, así que por lo general, se salía de clases.
Empecé a contarle mis cosas y ella las suyas. Frecuentemente estaba en su casa o ella en la mía. También Tania empezó a hacerse muy amiga de ella. Así que por lo general todas las tardes nos reuníamos y se nos pasaba el tiempo platicando.

Me encomendaron la tarea de enseñarles a fumar, así que nos subíamos a la azotea de la casa de Laura y entre tos y mareos, Laura rápidamente empezó a fumar, la única que nunca se pudo llevar con el tabaco fue Tania.

Poco a poco la confianza entre Laura y yo se hizo muy fuerte. Así que ya no teníamos empacho en contarnos cada vez más cosas.
Era divertido escuchar a Laura y Tania hablar sus cosas de mujeres, yo me quedaba absorto escuchando durante horas como parloteaban y se reían, inclusive varias veces les serví de paño de lágrimas.
De vez en cuando cocinaban pasteles o postres, para lo cual yo servía de conejillo de indias y era el catador oficial. Debo decir que en algunas ocasiones el realizar la cata de cada uno de los experimentos fue una experiencia nada agradable.
Pero ocurrió algo extraño, al paso de algunas semanas empecé a sentir algo por Laura. Su presencia me reconfortaba, me encelaba cuando me hablaba de quien le gustaba o de que algún cuate la cortejaba. Pero me desmoralizaba cuando me decía que yo era casi como su hermano, que era su confidente.
De vez en cuando me abrazaba y me daba besos en la mejilla que me hacían tocar el cielo, otras veces me sorprendía por la espalda y me rodeaba con sus brazos apretándome fuertemente, y me decía: Toño, mi hermanito, te quiero un buen.

En ese momento Rosi empezaba a no ser muy agradable para mi, y aunque es feo decirlo, me molestaba su presencia; hacía cualquier cosa por evitarla, inclusive me daba pena que Laura me viera con ella en la escuela.

Un día que estábamos en casa de Laura como de costumbre, Tania observó el reloj:
-En la madre, las 10:30, y mi papa ya a de haber llegado.
Se levantó de un salto y corrió a su casa. Durante tres días no la vi y al cuarto día fui a buscarla a su casa.
-Señora buenas tardes, ¿No se encuentra Tania?.
-Mira Toño…este…pásale, tengo que contarte algo, antes de que llegue mi marido. ¿Recuerdas ese día que Tania llegó después de las 10:00?
-Si, si. ¿Que paso?
-Tania encontró furioso a su papá y…le dio una golpiza.
-¿Qué?, pero señora, ¿Cómo está ella?, ¿Dónde está?
-Espera. Al otro día mientras fui al mercado tomo sus cosas y se fue, el problema es que no sé a donde. ¿No te ha llamado?, ¿No sabes de ella?
-No señora, para nada.
-Por favor si sabes algo de ella me dices.
-¿Pero como permitió que la golpearan?, Tania es muy buena chava y no tiene la culpa de las idioteces del imbécil ese….perdón señora, de veras que lo siento, no fue mi intención.
-Si ya lo se Toño, comprendo que la estimas.
-Si señora, si se algo de ella le aviso, y si usted también lo sabe, por favor dígame.

Esa noche Tania me llamó:
-Tania, ¿Qué transa?, ¿Dónde estás?, ¿Cómo estás?
-Bien, estoy en México con una tía, estoy bien.- sollozó.
Claramente se podía escuchar la lluvia y el ruido de los carros por la avenida.
-No le digas nada a mi mamá, por favor, no quiero saber nada de ellos, menos del hijo de puta ese y de su maldito hijito.
-¿Tienes dinero?.- La verdad es que no, pero ya hablé con mi tía y dijo que me va a ayudar, aquí voy a estudiar y a conseguir un trabajo.
-No manches Tania, por que no me avisaste. Neta que yo te hubiera podido ayudar en algo.
-No creo Toño, ya tomé una decisión y voy a mandar al diablo todo, voy a tratar de comenzar de nuevo.
-Tania te quiero, cuídate por favor. Y neta llámame por favor.
-Todo fue muy rápido. Pero todo va a estar mejor, te lo prometo, tengo que colgar, te estoy llamando de un teléfono público, te llamó luego.

Me dio el teléfono de donde podía localizarla y la dirección, que por casualidad estaba muy cerca de donde vivía mi abuelita, la mamá de mi mamá. Durante mucho tiempo no volví a verla. Sus llamadas eran muy escasas y yo le hablaba muy poco, ya que eran llamadas de larga distancia y salían un poco costosas. Todo eso me entristeció mucho, así que por esa razón mi relación con Laura se hizo más estrecha, éramos solamente nosotros.

Al día siguiente llegó José a mi casa.
-Toño, que onda, como estas.
-Bien José y tu
-Bien, mira te presento a Alfredo, es mi primo y viene llegando de México, así que le ando presentando a los cuates, ya se inscribió en la prepa con nosotros.
-Que tal, mucho gusto. Antonio Robles.
-Alfredo Álvarez.
-¿Así que eres nuevo en la escuela?
-Si, la neta es que mis jefes se divorciaron y yo jale para acá; una tía me ofreció que me viniera con ella.
-Ahhh, bueno pues ya sabes, cualquier cosa, aquí estamos.
-Oye güey, que tal si nos vemos hoy en la tarde para sacar a este cabrón y sirve de que conoce la ciudad.- Me dijo José.
-No te vas a perder de mucho si no conoces el rancho pero cámara, ¿Cómo a que horas?.
-Pues no sé ¿Te parece si como a las seis?.
-Ya estuvo.
-Este cabrón trae carro y nos lanzamos a dar un rol.
-Va.

El papá de José tenía un muy buen puesto en el Gobierno y desde el preescolar estudió en la escuela en la que Julio y yo estábamos. Éramos los que más nos llevábamos.
Por su parte Alfredo tenía unos tres o cuatro años más que nosotros. Era delgado, fumaba mucho y vestía muy sencillo. Por cierto que nunca se quitaba una chamarra de mezclilla azul que llevaba una leyenda que decía “Wash and where”, “Lavar y usar”. Por cierto que se le quedo el apodo del Washanwer.
A las seis y media de la tarde llegaron por mi. Mi mamá hizo un gesto de desagrado cuando vio que me iba con mis amigos en un carro.
- Cuídate, por favor no sean locos para manejar.
- Si mamá no te preocupes.
Cuando salí a la calle ellos se habían bajado del auto compacto rojo de modelo reciente. Cuando me dirigía hacia el carro salió Laura de su casa.
-¿Que onda? ¿A donde vas?
-Voy con unos cuates a dar un rol.
-Quienes son?
-Ven, te los voy a presentar.
-Miren ella es Laura mi gran cuata.
-El es José y el Alfredo.
-Mucho gusto.- respondieron.
-Bueno, me tengo que ir, voy a comprar algunas cosas con mi mamá.
-Órale, bye.
Nos subimos al carro. Alfredo lo encendió y me dijo:
-No mames, esa niña está hermosa.
Sentí que la sangre me empezó a hervir y de mala manera le contesté:
-¿Si?, mmmm.
-Esta preciosísima, hoy la vi en la escuela. Nunca me imaginé que fuera tu vecina, voy a tener que venir más seguido.
-A…. si güey.
Eso basto para que toda la tarde me la pasara enojado.
El asunto es que después de aquel encuentro, Alfredo no dejó de buscarla y sucedió lo que tenía que suceder, si: la hizo su novia. Así que a cada rato lo tenía en mi casa, ya que a Laura sus papas no le permitían tener novio y con el pretexto de que iba a visitarme se encontraban por “casualidad”, así que tuve el desagrado de convertirme en su chaperón, realmente no me quedó de otra. Eso hizo que también llevara una buena amistad con el Alfredo.

Un día llegó Alfredo a la casa junto con José:
-¿Qué onda mi buen?
-Que onda. Mira pinche chilango de mierda no me vengas con el pretextito de que me vienes a visitar, de seguro que te quedaste de ver con….
-Nel, nel, nel, bájale. Yo venía a hacerte una invitación pero si estas emputado mejor no te digo.
-No, no, dime. ¿De que se trata?
-Mañana se va a lanzar mi tía a México y me voy a quedar solapa, así que ya le dije al José que se lance para allá y nos compramos unas chelitas, así que pídele chance a tus jefes; diles que te vas a quedar en mi casa a ver unas películas ¿Te late?.
-Puta madre, yo no bebo pero… a ver si me dan chance.
-Pues de una vez, pídele chance a tu jefe.
Mi padre estaba sentado en la sala y de mal humor y después de hacerme el interrogatorio correspondiente, me dio permiso.
Era sábado y cuando llegué a la casa de Alfredo eran como las siete de la tarde y ya estaba con unas cervezas en la mesa.
-Pásale cabrón, sírvase.
-No más una, a mi no me late mucho el alcohol.
-¿Y el José?- Pregunté
-Me habló por teléfono que ya venía, dice que trae una sorpresita.
-De seguro que son viejas, así como es de mujeriego ese cabrón.
-Jajajaja, ese güey que va a saber de amor si nunca ha besado un burro. Nunca le he conocido a una vieja.
En ese momento sonó el timbre, era José con un voluminoso bulto.
-Miren lo que le bajé a mi jefe.

Sacó del envoltorio bolsas de frituras, latas de calamares y mejillones, galletas saladas y una botella muy grande de ron blanco.
-Te puliste hijo, sobre todo con el aguarras ese que traes para beber, con razón tu jefe está como está, bebiendo esas porquerías.- replicó Alfredo.
- Uuuuuu, di que te traje algo para tragar. Al que se ve que no quieren es a ti güey, ni un chile te dejó tu tía en el refri. No si, si, espérate, se acordó de ti, hay una cebolla y un chile verde. Con eso ya tienes para la semana.
- Ja,ja,ja,ja,ja,ja.
Pasaron las horas y se acabaron las cervezas, Alfredo abrió la botella de ron y dijo:
-A falta de pan: galletas.
-Oye pinche Toño ¿Te acuerdas de nuestras épocas en la primaria?
-Sirol, como no. Me acuerdo de todo. La neta es que me gusto mucho ir en esa escuela.
-Pues de nada te sirvió ir en una escuela de monjas, eres más ateo que el mismo diablo, gracias a dios.- me replicó José.
-Nel, me acuerdo de todas las pendejadas que hace uno de chavito. Me latía un buen la Silvia, su piel era casi transparente y sus trencitas, uy estaba rechula y era bien inteligente la condenada, lástima que la inteligencia no le sirvió de mucho, pues anda de novia con el imbécil mamarracho ese, y luego la Lorena, también muy bonita y ahora está mejor, el otro día me la encontré en el centro, dice que vive en Veracruz.
-Oye y te acuerdas de Luisa?.- me preguntó José.
-Como no. ¿Les cuento algo?, pero putos si chismean.
-Ya vas.
-Esa niña fue la primera que tuvo el honor de estrenarse esta boquita que ven.
-Ya, ya, bájale. Digo por lo de trompita.- me dijo burlonamente Alfredo.
-Neta, iba mucho a su casa o ella iba a la mía. Y jugábamos a que nosotros éramos los papas y su carnal y el mío los hijos. Para esto nos acostábamos los dos en la cama y hacíamos como que estábamos dormidos, entonces… nos dábamos unos besitos. Y la verdad que desde la primaria me dejo prendido, pero ya ves. Nos fuimos a la secundaria y ya casi no la veía, por suerte ahora vamos en el mismo salón pero anda con el mendigo fresota ese que mide como unos dos metros el pinche ferretero. Por cierto el otro día el putito cremosito ese la cacheteo enfrente de todos los del salón y que se la hacemos de pedo. Entonces cuando vio a toda la banda le saco y patitas para que las quiero.
-Mierda. A mi también me latía la Luisa, pero ya ves.
-Oye José ¿Te acuerdas cuando una de las monjitas cachó a todos los hombres del salón y a la Maura viendo un libro de sexualidad en la biblioteca?
-Como no, si hasta nuestros jefes llamaron.
-Ufff.

La vedad es que el alcohol nunca había sido algo que mi interesara; en mi casa mi padre solo bebía esporádicamente y cuando lo hacía nunca se sobrepasaba. Solo había algunos tíos que si le tomaban un poco de fe al deporte, pero hasta ahí.
Pero mientras el tiempo pasaba entre sorbos de alcohol y cigarros, se empezaba a notar los estragos de la sustancia etílica en cada uno de nosotros, la mente se nos aclaraba un poco y los recuerdos fluían. Sin embargo tal vez por el miedo que me inspiraba el hecho de emborracharme, me hacía el disimulado y no ingerí las mismas cantidades que José y Alfredo. Algunas macetas fueron las depositarias de varios vasos.
Se acabaron los refrescos de cola y como ya eran más de las 2:00 de la madrugada decidimos beber el licor “en las rocas”, lo cual aumento más el horrible sabor. Para esas horas, José ya había empezado a bailar solo, Alfredo tenía una colección impresionante de música y el stereo sonaba con música de Def Leppard. De repente Alfredo desapareció de mi vista. Todavía en tres de mis cinco sentidos comencé a buscarlo por la casa.
Lo encontré sentado en las escaleras del patio, junto al tanque de agua.
-Que haces güey.
-Nada cabrón, llégale güey, quiero estar solo.
-No mames, que te pasa.
Levanto la cara y se le alumbró con el foco de la sala, alcancé a ver sus ojos completamente rojos y con las mejillas llenas de lágrimas.
-Nada güey. Nada.
-Ya se, güey. Te saca de onda el pedo de tus jefes no?
-La neta es que si. Cabrón, no sabes lo gacho que se siente, que pinche culpa tengo yo. Mis hermanos no hay pedo, ya están más grandes que yo y cada quien ya sabe que onda con su vida. En cambio aquí tu servilleta es el más pendejo y no sabe que hacer.
-¿Te hago una pregunta sin ofenderte güey?
-Desembucha
-¿Por qué son las broncas con tus jefes?
-El de la mayor parte es mi jefe, fíjate que se consiguió otra vieja, tuvo un chavito con ella y ya sabes, mi jefa se dio tinta.
-Ya, ya. ¿Y tu que transa, por que jalaste para acá?
-Lo que pasa es que mi jefa corrió a mi jefe de la casa, se divorciaron y luego mi jefa también se agarró un noviecito y la neta eso ya no me pareció. Luego empezaron las broncas clásicas que me das esto, que esto yo lo compre, que yo me quedo con Alfredito, no Alfredito esto, nel ni madres el niño se queda conmigo, y ahí fue donde yo estallé y los mande mucho a la jodida. La neta es que ya no aguantaba tanta bronca y yo estaba en medio de todo, y para acabarla el noviecito de mi jefa es un pinche fresita que me cae de la chingada y además es menor que ella güey.
-No, si esta grueso, te comprendo.
-¿Comprenderme?, no mames, ¿Cómo es posible que me entiendas si tu no estas viviendo el pinche pedo cabrón?.
-No güey pero yo en tu lugar a lo mejor me hubiera sentido igual o no se. Pero, ya cabrón, aliviánate.
-Si, ya se me pasará. Discúlpame.
-Además pues aquí estas entre cuates, vas a ver te va sentir mejor.
-La neta es que Laura me ayudado mucho en este cuete.
-Mmmmmmm, ya empezamos mal.- dije en voz baja
-Que dijiste güey?
-No, nada.
-Fíjate que ….
-Que güey…. Dime
-Nada
-Nada pura chingada, dime.
-No güey te vas a rajar.
-Uuuuuy de cuando a acá.
-La neta es que…Laura y yo hicimos planes para fugarnos.
-¿Queeeee?, no mames, ya te hizo mal el petróleo disfrazado de ron que trajo el José. Te dije que estaba adulterado.
-No mames, es en serio, me cae que si.
-Oye, ¿es neta lo que me dices o nada más me estas choreando?
-Nel, es neta.
-Ya sabía que ustedes dos estaban medios pendejos todavía. Ya sospechaba.
-¿Pendejos por que?
-No mames, cuantos años tienes?
-19
-¿Y ella?
-15
-¿Y como la vas a mantener pendejo, con puras rebanaditas de amor y traguitos de aire? Chinga tu madre.
-Nel güey, te lo digo por que se que eres muy su cuate y nos vas a ayudar con la bronca.
-Mira, mira, mira, seré de vez en cuando su pinche pendejo chaperón pero… hasta ahí, a mi no me metan en sus pendejadas. Solo a ti se te ocurre sacar de su casa a una niña bien a la cual no le hace falta nada, que tiene quince años, que tiene unos padres con lana. No mames; ya me imagino. Tu ni siquiera te sabes las tablas de multiplicar y ya te quieres aventar un boletito de estos. Estas bien pendejo me cae de madre.
-A ver, a ver, a ver. Me late que lo que te encabrona no es eso.
-No pendejo, que va a ser entonces.
-A mi me late que tu sientes algo por Laura.
-Ya vez te digo que a ti de chavito te hicieron una lobotomía y te dejaron medio idiota.
-¿Una que?
-Olvídalo, tu reducido cerebro no alcanza para tanto.
-No, en serio me cae que tu sientes algo por Laura, ella ya me lo había dicho y…si güey, ahora que me acuerdo ese día que pasamos por ti, te vi la cara de emputado cuando te dije que me latía. Ya cabrón, de cuates, dime.
-Nel, ya ahí muere. Nada más te digo que conmigo no cuentes.
En eso escuchamos como se rompía un vidrio y corrimos hacia la sala para ver que sucedía.
-José. José. Donde andas carbón.
No lo encontramos en la planta de abajo. Subimos al segundo nivel y lo buscamos en las recamaras. Nada.
-José. José.
-Que pedo cabrones. Ora si ya me va cargar la chingada. Me despiden de este pinche mundo.
Su voz venía del baño.
-No mames pinche Pepe abre.- gritó Alfredo
-Chinga tu madre pinche Chilango.
-Si, si, lo que tu digas pero abre.
-Nel, a quí me voy a quedar, posiblemente me suicide ahogándome en la tasa o me cuelgo de la regadera con estas pantaletas de tu tía. Uyyyyy, por cierto que chiquitas están y que bonitas.
-Chale, deja pervertido.
-A ver déjame verlas, esta rebuena la tía ¿Son de hilito? O ¿Tanguita?- Le dije
-A no mames, ¿también tu?
-Ohhhh, es la neta.
-Le voy a llamar a tu jefe para que te venga a sacar- Amenazó Alfredo
-Orale, háblale y de paso dile que chingue a su madre el muy ojete, a ver si así me pela. ¿Pero sabes que? mándaselo a decir por oficio por que solo así entiende el cabrón, o dile que su jefe lo quiere ver urgentemente.
-¿Su jefe?, ¿Tu abuelito güey?
-No mames, hasta para entender borrachos eres pendejo pinche Alfredo, su jefe en la oficina. A el es único que le hace caso: si señor Aponte, si, voy rápido, con gusto señor Aponte, no es molestia señor Aponte, hasta dormido habla de el, chinguen a su madre los dos y ustedes dos también. O ya se, dile que me estoy cogiendo a su secretaria en su escritorio de maderas finas o en su sillón de piel. Vas a ver como llega más rápido que en putisa el hijo de la chingada.
-Entonces si tu jefe no hace caso le hablamos a tu jefa.
-Ni a cual irle, mi jefa debe estar jugando canasta con sus pinches amigas chismosas, no tiene otra cosa que hacer más que el pinche desayuno, que si la Cuquis Mendoza se hizo la cirugía plástica, que la Chiquis Sotomayor tiene almorranas, que si la esposa del gobernador aquello, que el desfile de modas, que fueron a llevarles ropa a los niños pobres. Mamadas: aquí esta su pinche pobre hijo llevándoselo la chingada.

Nos percatamos que José se había terminado el resto de la botella en el rato que estuvimos platicando y que al acabársela la arrojó desde la ventana del baño a la calle.
El caso es que tuvimos que quitar la chapa de la puerta. Durante todo este tiempo le estuvimos hablando a José para que no fuera a cometer una tontería.
Escuchábamos como hacía ruidos extraños, Alfredo le decía:
-Pinche José, ¿Qué te pasa cabrón?, ¿Te estas guacareando o te estas ahogando? Contéstame pendejo.
-No guey, lo que pasa es que me encontré un mounstro y estoy platicando con el, o lo que es lo mismo, estoy cantando Oaxac…. Brruuuuppp.
Cuando por fin pudimos abrir la puerta nos encontramos con un espectáculo nada agradable.
José estaba sentado en la tasa del baño, con los pantalones a las rodillas y completamente vomitado.
-Ja,ja, ja, ja, ja, no mames, eres una piltrafa humana, te voy a tomar una foto. La voy a mandar a el Diario de Guerrero y le voy a poner de encabezado “El exorcista en Chilpancingo”.
-Exorciza a tu puta madre mejor, pinche chilango de mierda. Hay que hacer patria con este güey ¿no?, ¿O como vez pinche Toño, tu si eres mi compadre?- Me decía mientras lo tratábamos de levantar de la tasa.
-Ja,ja,ja,ja.
Eso no fue todo, tuvimos que meter a José a la regadera con todo y ropa.
-Déjenme par de putos. Así me querían ver para agarrarme. Par de jotos.
-Nel güey, yo no le voy al América y ni voto por PRI. El que si le va al América es este pendejo chilango. Yo soy Chiva de corazón.
-Idiota, no sabes de futbol.

En eso José se quiso agachar a no se que, resbaló y se fue de bruces contra la pared, eso bastó para que se durmiera, lo llevamos a un sillón y ahí se quedó.
-Sabes que güey, yo también tengo sueño. Así que mejor me voy a echar una jeta.
-Si yo también.- me contestó Alfredo.

En cuanto toque la cama caí en un sueño profundo. A la mañana siguiente me desperté con un horrible sabor de boca y dolor de cabeza. Salí a la sala y lo primero que vi fue a José buscando agua.
-No mames ¿que me pasó?, mi ropa está bien mojada, me duele un madral la cabeza, traigo una sed de los mil diablos y lo peor es que tengo un hambre de naufrago.
-La moya te duele por que te metiste un putaso buenísimo y la sed es por que estas bien crudote.
-Ay diosito, si en la peda te ofendí, con la cruda me sales debiendo.
-Ja, ja, ja, ja, al que ofendiste fue a otro. Cuando llegues a tu casa pregúntale a tu papá si no le zumbaron los oídos en la noche. ¿Oye y el Afredo?
-No se, ¿como me preguntas por ese güey si no se ni de mi?.
-Voy a buscarlo a ver si no se suicido con galletas de animalitos.

En eso se oyó el ruido de la puerta de la calle y Alfredo entró con una bolsa. Traía barbacoa y consomé de chivo.
-Órale borrachos, ya llegó su antídoto, con esto se les va a quitar la cruda.
-Ya rugiste león a darle.- dijo José
-Atásquense ahora que hay lodo.

No dejaba de pensar en Laura, dos días después de los sucesos comentados ella me llamó por teléfono y me dijo que quería hablar conmigo. Acepté y tardó dos minutos en llegar a mi casa.
-Hola
-Hola, que tal.
-¿Que haces?
-Mmmmm, nada en especial.
-Estás enojado conmigo.
-No, ¿Por qué?
-Mira, Alfredo me contó que ya sabías lo de nuestros planes.
-¿Planes?, ¿Cuáles?
-No te hagas, los de fugarnos.
-Yo no les llamaría planes, creo tener otros adjetivos calificativos más acorde con ellos. ¿Siguen con esa idea en la cabezota? Pues ya sabes que estoy en total desacuerdo, pero al fin y al cabo los que se van echar el rifón son ustedes.
Me tomo de la barbilla, me miró a los ojos y me dijo:
-Toño, dime por favor, yo se que estoy mal, pero dime algo, regáñame, o algo, pero dime que hago.
Su cara quedó muy cerca de la mía y sentí unas ganas inmensas de poder besarla.
-Mira Laura, es una tontería. Me extraña que siendo tan inteligente como eres se te ocurran ese tipo de sandeces. ¿Qué te falta en tu casa?
-Nada.
-¿Tus papás te golpean?
-No para nada
-¿Te tratan mal?
-No
-Entonces que fregados te pasa.
-Me pasa que lo quiero y que me hace falta.
-Ay no m…anches, pero si lo ves todos los días, en la escuela, en las tardes, los fines de semana, ocupan mi casa como su centro de reunión, tienes su foto en tu cauto. ¿Que más quieres?
-Tienes razón.
-Mira Laura, lo que pasa es que no sabes cuanto te quiero.
Abrió los ojos y se me quedo viendo azorada. Titubee y dije:
-Este si… te estimo demasiado, tu me lo has dicho que somos como hermanos y que me cuentas todo, eso es suficiente para decirte que no lo hagas, que la vas regar gacho.
-Tienes razón, sería un golpe muy duro para mis papás.
-Laura por favor, no lo hagas.
-Ok, te lo prometo.
-¿En serio?
-Júramelo
- Te lo juro.
-Va.
-Te agradezco por tus consejos, y ¿sabes algo?
-¿Qué transa?
-Yo también te quiero
Me dio un beso en la mejilla y rápidamente se fue a su casa.
-Oye Laura espérate.

Me tranquilizó un poco la forma en la que me aseguró que no iba a realizar tal tontería, y a la vez hizo. Pero dos semanas después llegó la mamá de Laura a mi casa a preguntar por ella, supuse que había sucedido lo inevitable y con un gesto de extrañeza le dije lógicamente que desconocía el caso, quedé de avisarle si conocía algo. Transcurrieron dos días para que los encontraran en un balneario cercano a la ciudad, parece que Alfredo le contó algo a Mayte una amiga de el y pues los delató.

Laura no volvió a salir de su casa en mucho tiempo, ni me llamó. Después me enteré que pensaba que yo la había delatado. La suerte de Alfredo nunca la conocí, ya no volví a ver.
Alfonso Maldonado Arellano

Al otro lado del silencio (Parte 4)

IV

Todo ese tiempo transcurría bajo los influjos de una extraña droga que se llama “juventud”, nada era más importante para ti que la banda, el rock, tus discos, tus cintas, las chavas. Es como estar demasiado alejado de la realidad, vivir en otro planeta, en otra dimensión; no importaba lo que pasaba en Medio Oriente o que la economía del país este por los suelos, no importaba cuanto dinero puedes traer en el bolsillo. Importaba que todos éramos unidos y que nuestras diferencias económicas o sociales habían podido quedar atrás.

Suena el timbre y rápido nos salimos del salón:
-Que onda Zorra vamos a tu cantón ¿no?.
-Simón, al fin mi jefa se fue a ver a su mamá a la costa y estoy solapa.
-Vientos

Al doblar la esquina me di cuenta que ya todas las chavas estaban ahí.
-Orale pinche toño, ya te están esperando- Me dijo el Pocho.
-Ya, ya, ya güey se va a dar tinta y no mames no me late para chava.
-Y que güey, tu nada más apañatela y ya, o que, ¿para agandallartela necesitas declarártele?
-Nel pinche Pocho, pero ya güey, ya se dio color que me vienen echando desmadre con ella.
-Que onda morras como están.
-Que onda Zorra, a ver si ya abres el changarro, tenemos mucha sed y ustedes ni sus luces.- Replica Raquel.
-Ho..hola.- Me dice una voz en un tono muy bajito.
-Hola Rosi como estás?.
-Bien, ya tenía mucho tiempo que no te veía.
-Este….si, si.
-Siéntate aquí.
-Si, nada más dame shampoo de ir por un tabique.
-¿Shampoo? ¿Un tabique? ¿Para que?
-Bueno, que me des chance de ir por un tabaco, un cigarro, quiero decir.

Mötley Crüe empezó a sonar a todo volumen dentro de la casa de la Zorra. Wild Side. Regresé y me senté junto a ella.
-Tengo mucho calor.
Levantó los brazos y se quito el sweter, y al hacerlo pude disfrutar de la transparencia de su blusa y de su sostén de media copa.
-¿Ya mejor?- Pregunté absorto.
-Si.
Su brazo rodeo mi cuello y me dijo:
-¿Te acuerdas de lo que dejamos pendiente el otro día?
-Si..si..claro que recuerdo
Nos perdimos en otro largo beso

Después de otro rato se detuvo y me dijo:
-Oye Toño. ¿Qué onda contigo?
-Chale, ¿Cómo que que onda conmigo?
-Si, nada más vamos a andar así o que.
Me llene de sorpresa y mi cara volvió a delatar vergüenza.
-Bueno…no sé me … me…a mi me lates y no sé….- Balbuceé
-La neta, es que me cuesta un chorro de trabajo llegarle a una chava y pues no sé.
-Si me lo pides aceptaría, así que pues…adelante- Dijo con una voz que parecía mostrarme confianza.
-Bueno…como empiezo….a si…si…mmmmm…..¿Quieres ser mi novia?
-No se. Mmmmm déjame pensarlo.
-¿Cómo?
-No tonto. Si. Claro que si.

Así que ahora el gran Toño, ya tenía novia. Pero ahora mi duda era ¿que hacer? a mi no me gustaba para nada eso de andar de la manita por la calle o mandar cartitas, mucho menos estar colgado del teléfono todo el rato. Me sentía raro, como que me arrepentía de habérmele declarado y mejor hubiéramos seguido así. Pero aún tengo el maldito defecto de no saber decir que no, eso me traído muchos problemas.

-Pinche Toño, ya tienes vieja güey… no mames, ahora si ya vas a andar de manteles largos.
Así me recibió la Zorra al llegar a la escuela.
-Puta madre, quien te vino con el chisme.
-Nadie, nadie.
-Como que nadie cabrón.
-No la neta es que ayer en la tarde me fue a “visitar” la Anabel, y entre faje y faje me contó el chisme.
-Pinche Zorra, te sigues agandallando a la Anabel, nomás no me la maltrates tanto cabrón.
-No guëy, si lo de ayer no lo inicie yo, prácticamente me violó.
-No mames hijo de tu… ya te la perjudicaste…..
-Nel, nel, es puro choro, brincos diera. Además tu ya tienes vieja güey.
-Nel nomás es por un ratón.
-Uyyyyyyy, si.
-Neta, a mi no me late tanto eso de tener una de planta.
-Bájale, bájale. Ni que tuvieras de donde escoger, así que más vale la que traes a que andes de la mano con la Manuela.
-No mames.

A la hora del recreo siempre nos sentábamos en uno de los pretiles de los edificios de en medio de la escuela, ese lugar era sagrado, nadie más se podía sentar ahí:
-Orale güey ahí te buscan.- Me dijo burlonamente el Jona.
-Puta madre y apenas me voy a empezar a tragar mis tacos.
-Ten pinche Valle, llégale tu a mis tacos.
-Ya vas carnal, al fin tu vas a tragar puro amor.
-Ya pendejo, traga y no me estés chingando.
-Hola
-Hola- Contesté.
Al instante sentí un beso en la boca y su mano tomo la mía. No quiero describir la pena que sentí.
Insistí a que nos fuéramos a un lugar donde nadie nos viera, así que nos fuimos atrás de los laboratorios, bajo la sombra de un gran árbol. Los besos no se hicieron esperar. De vez en cuando volteaba hacia los lados para cerciorarme de que nadie nos estuviera viendo, mucho menos el prefecto.
-¿Vamos a la casa de Román?- Me dijo en voz baja
-¿Ahora?… pe..pero ¿y las clases?
-Me puedo salir un rato, nada más que tengo examen a la una y debo regresar.
-Este…pues si, vamos.

No me soltó del brazo en todo el camino, nos bajamos de la combi y mis piernas simplemente no podían dejar de temblar.
-Chin, esta cerrado.- Dije al llegar a la casa
-Si...pero se te olvida que las llaves están en la maceta.
-Este…si…de veras.
Entramos en la casa que por cierto estaba hecha un relajo.
-Espérame voy al baño.- Me dijo
Hice un espacio entre todos los cojines regados en la sala y trate de acomodarlos para podernos sentar, prendí el stereo y comenzó a sonar “Still loving you” de Scorpions.
-¿Que ustedes no pueden vivir sin música? - Me pregunto.
-No, no podemos.
-¿Me das un beso?-me dijo mientras se acostaba entre los cojines.
-¿Uno nada más?
Quise ocultar mi nerviosismo. El tiempo pasó muy rápido y realmente no se cuanto estuvimos tirados sobre los cojines, pero empecé a desabrochar su blusa. Esta vez no me detuvo, por el contrario ella desabotonó mi camisa. Mis manos y mi boca no se detenían y podía sentir sus senos firmes y sus piernas que despedían un tremendo calor. Los tirantes de su sostén color blanco estaban a punto de caer de sus hombros. Llegó el momento en que no podía detenerme y traté de subir su falda.
-No, no.
-Discúlpame, no fue mi intención.
Sus labios me callaron y comprendí que al igual que yo sentía miedo; al menos podría representar mi primera vez, a mis 15 años el miedo era algo de esperarse. La verdad mientras duraba el frenesí de besos, abrazos y manoseos, me preguntaba como diablos tenía que hacerle, al menos tenía la teoría.
Después de no se cuanto tiempo me abrazó y me dijo:
-Te amo.
Para este entonces realmente no sabía que responder. Tontamente le dije:
-Gracias.
-¿Y tu a mi?.
-Si también.
Aunque lo único que sentía por ella eran unas grandes ganas por tocarla y por besarla, por conocer eso de lo que todos hablaban y se enorgullecían, no más.
-¿Nos vamos?, tengo examen a la una- Me dijo mientras se levantaba de la alfombra.
-¿Es necesario que vayas al examen?
-Vámonos ¿Si?
-Si claro.
-Toño
-Dime
-Oye ¿lo has hecho alguna vez?
-¿Hacer que?
-¿Has tenido relaciones con alguna chava?
-Ufff, con muchas, infinidad- le contesté, al mismo tiempo que me cubría la cara con el sweter mientras me lo ponía.
-Mmmmm, ¿de veras? ¿Con quien?
-Bueno no con muchas pero, y además, este…, ni modo que te diga con quien, y de todos modos no las conoces.
-Yo nunca lo he hecho. ¿Qué se siente?, ¿Es bonito?
-Este, pues si, si es bonito
-¿Lo harías conmigo?
-Pues, claro. ¿Y tu conmigo?
-Si, me late un buen la idea, pero yo te avisaré cuando llegue el momento. ¿Duele?
-¿Mmmm? ¿Qué?
-¿A ti te dolió?
-¿A mi? Este, pues claro que no. Supongo que a la que le debe doler es a ustedes las mujeres.
-¿Supones?
-Bueno no, así debe ser. A…a… ustedes se les rompe algo, si es el caso, y a nosotros no.
-Ok.
-Toño
-¿Qué? Oye, ya no te voy a contar más.
-Toño
-Ooo…¿Que transa?
-Te manchaste el pantalón, ja, ja, ja.
-¿Dónde?
-Ahí

Me que de mudo cuando señalo el lugar preciso de la mancha y lo único que pude hacer fue dejarme la camisa por fuera. Ella también se arregló la blusa y comenzó a besarme, aún antes de abrir la puerta me siguió besando.
En el justo momento en que salíamos de la casa escuche una voz muy familiar.
-Toño ¿que andas haciendo?.
Mi sangre se heló y automáticamente reconocí la voz de Doña Eufrosina, mi vecina, la más beata de las beatas.
-Este, nada y ¿usted?
-No, no, no, yo te pregunte primero, ¿qué no deberías estar en la escuela?
-Este, si…pero….pero…acompañé a…a…Rosi a traer unas cosas para...para…Laboratorio...si…eso.
-Mmmmmm.
Con la vista recorrió a Rosi de arriba abajo y le dijo:
-Buenos días….señoooriiita.
-Buenos días señora.
-Señorita, aunque se tarde más.
-Ándense con mucho cuidado, por que ahora luego, luego, salen con sus chistecitos. Yo en mis tiempos…
-Ya Doña Eufro, ya, párele, si no estamos haciendo nada.
-Hmmm. Le voy a decir a tu mamá que te andas saliendo de clases.
-No Doña Eufro, se lo juro que nada más veníamos por unas cosas.
-Hmmm. Regrésate a la escuela, y fájate esa camisa.
-Si Doña Eufro, adiós.
Rosi estaba muda y su piel morena obscureció aún más de la vergüenza, corrimos para tomar la combi.

A una cuadra de la escuela yo me quede en la tienda comprando un cigarro suelto, era lo único para lo que me alcanzaba, y ella corrió para llegar a tiempo a su examen. Al llegar al salón me percaté de que ya se habían ido todos, así que me fui a la tienda de la Zorra.

-Papacito, de donde vienes mi rey, mira nada más como te dejaron. Si vienes con una cara de felicidad que parece que…– Me dijo el Pocho.
-Cállate güey.
-El Toño ya se estrenó, ya se estrenó.
-No mames, bájale de tanates.
-Pinche Toño, cuenta, cuenta.- Me dijo el Jona.
-No mames, no paso nada.
-¿A poco estuvieron viendo tele?, si cabrón, a ver, cuenta.
-¿Y cómo se dieron cuenta de que me fui con la Rosi?. –Pregunté
-Pendejo, pues si nomás faltaste a 4 horas de clase y las chavas nos dijeron que también Rosi no estaba.- Me dijo el Valle.
-Puta madre, ¿también ellas se dieron cuenta?.
-Simón, jajajaja.
-No, la neta es que no pasó nada, nada más que traigo un dolor acá donde les platique que puta… no me deja caminar.
-Jajajaja, lo que pasa es que eso sucede cuando te pasas mucho tiempo acá en el caldo y nomás nada de nada y se quita solo con visitar a tu vieja amiga.- Me dijo con voz de experiencia la Zorra.
-No mames.
-Oye por cierto, pasó al salón el maestro de teatro para invitarnos a que nos uniéramos al grupo, como ves.- me dijo Jona.
-No mames, ¿Yo en teatro?, si no puedo engañar a mi papa cuando le digo que voy bien en la escuela, ahora imagíname actuando.
-No güey, pero vele el lado amable, dicen unos cuates de tercero que luego el sistema de prepas en donde estamos organiza concursos estatales, y que son en otras partes del estado, osease que hay chance de salir y que se arman unos desmadres a todo mecate…y lo mejor de todo es que hay unas morras bien suaves.
-Bueno, bueno, eso suena mejor.
-Pero aún así no me late.
-Pues mañana hay disque “audiciones” en la tarde así que tu dirás, yo si le voy a entrar.
-Yo tambor.- dijo el Pocho
Alfonso Maldonado Arellano

Al otro lado del silencio (Parte 3)

III

La verdad es que esos primeros meses de la preparatoria me la había pasado en el relajo total. Mi vida eran los cuates y el rock. Había empezado a sonar mucho el rock en español, aunque no era tan duro como el heavy metal, me gustaba. Salieron grupos como Soda Stereo, Miguel Mateos, Enanitos Verdes, La Unión, además me gustaban muchísimo bandas como El Tri, Luzbel, Ángeles del Infierno.
Lora aunque cantaba horrible hacía sentir sus letras, sobre todo se nos ponía la carne de gallina cuando escuchábamos esa rola de “Ella existió solo en un sueño, el es como un poema que poeta nunca escribió”.

Un día, por primera vez, se hizo un festival de rock aquí en la ciudad. En la plaza de toros tocó Luzbel, El Tri, Trolebus, Mama Z. Por desgracia no me dejaron ir, dijo mi papá que iba a estar lleno de mariguanos y borrachos, a mi mamá también le dijeron que se iba a poner muy delicada la situación y no me dieron permiso para ir. Además no creía que me fueran a dar dinero para el boleto.

Por esos días la mamá de la Zorra puso un pequeño negoció en su casa, vendía tortas y refrescos, así que a la hora del receso nos íbamos todos para allá. A veces la Zorra se tenía que poner a despachar y no se daba abasto, invitábamos a las chavas del “C” a que vinieran a comprarle, así que a veces le echaban la mano.
La casa de la Zorra se había convertido en nuestro centro de reunión después de clases.
Todos hablábamos de las mujeres pero la verdad es que creo que ninguno de nosotros había tenido un encuentro más cercano con alguna, al menos yo seguía igual que como vine al mundo. Al Valle le hacían mucha tiña de que se iba quedar virgen toda la vida. Yo tuve una novia en la secundaria con la que duré una semana y hasta ese entonces no había podido tener otra.

En la bola de las chavas del “C” había dos o tres niñas bonitas, ya se empezaban a juntar mucho con nosotros, un día las invitamos a la casa del Román, saliendo de clases nos fuimos todos para allá; hicimos una colecta y compramos pan y jamón y se pusieron hacer las tortas. Había una chica que no estaba muy bonita, pero me llamaba la atención, se llamaba Rosi, como que se me acercaba mucho, pero era y sigo siendo bastante miedoso para eso, no me había atrevido a decirle nada.

En ocasiones pensaba que me había descarriado un poco por que en la secundaria siempre estuve algo así como con las manos atadas, y además mis instintos que no habían despertado. Era la explosión de la juventud.

Estaba a punto de reprobar unas cuantas materias y el cigarro me encantaba, mis cuates ya se tomaban de vez en cuando unas cuantas cervezas pero yo todavía no.

Por esos días se acababa de mudar Laura a una casa contigua a la mía, la conocía desde que íbamos en la primaria. No era muy bonita pero era muy buena gente conmigo. Estábamos empezando a llevarnos muy bien, siempre me decía que era su confidente.
Un día salimos de clases y me dice la Zorra
-Que onda, ¿vamos a la casa del Roman no?
-Sale
-Las chavas nos iban a estar esperando
-Cámara
Cuando llegamos a la casa ya estaban todas las muchachas reunidas.
-Cual escoges güey – Me dice la Zorra
-Se pueden todas?
-Nel, la Anabel es para miguelito
-Entonces a la Marcela
-Si pero ya ves que de esa esta enamorado el Valle
-Pinche Valle nunca le va a hacer algo
-Que onda - les dice la Zorra
-Huy, ya era ora- Susurró Raquel.
Todas estaban acostadas en la alfombra, el humo de cigarro invadía ya el ambiente y en el stereo se escuchaba música de Timbiriche.
-No mamen, están cometiendo sacrilegio, mendigas pecadoras, se van a condenar por estar escuchando esa basura en este recinto sagrado, es más, el stereo va a vomitar la cinta esa que le pusieron. Así que de inmediato me cambian esa bazofia y me colocan ese disco de Twiisted que esta sobre la bocina.- Gritó el Valle.
-Uuuuuu, sabíamos que se iban a esponjar. Mejor quitamos la música y propongo que juguemos a la botella. ¿Habrá una botella vacía por ahí?- Dijo Raquel
-Uuuuuu, si eso es lo que sobra aquí, ya sabes que el Román es bien esponja, aquí hay una tella de caguama vacía, que por cierto todavía tiene tufo, se me hace que es un cadáver de anoche.
Nos sentamos en el piso y formamos una rueda, hicimos rodar la botella.
Al primero que le toco fue a Jaime y a Raquel.
-Ora güey, no se raje. – Le dice El Valle a el Perro
-Nel pinche Raquel, eres la novia de mi primo.
-A no, no, no, sin rajarse, y si no prenda – Dijo Anabel, que me quedaba exactamente enfrente y que sentada en el piso me dejaba ver parte de su ropa interior. La verdad es que me derretía por que me tocara con ella. Fue mi compañera en la Secundaria y siempre me gustó.
Se empezaron a besar y en menos de 5 segundos…
-Ya , ya ….ahí muere. – Dice Jaime
-Uuuuuuuuuuuuuu, pinche maricón.- se escucha
-Ni para el arranque me duró.- dice Raquel
Rodaron otra vez la botella. El cuello apunta a mi sin detenerse aún por completo y el fondo esta por señalar a Anabael, mi corazón late como nunca, pero termina por detenerse en la chica de a lado, levanté la vista y era Rosi. Se sonrojó, me sonrojé.
-Órale, órale que al fin estaban queriendo dice Jona.
Nos levantamos, puse las manos detrás de mi y ella me tomó por la cintura.
-Uuuuuuuu- gritaron todos.
Realmente no sabía que hacer con las manos, termino por tomarla también de la cintura, siento sus labios, su respiración y sus frenos dentales, siento sus senos pequeños pero firmes, siento que la cara en cualquier momento me puede estallar.
-Ya, ya, ya, ya. Que ya.
-A estos ya les gustó

Nos separamos bruscamente y mi diente por accidente quedó atorado en sus frenos, se me rompe un pedazo. Era un fogón por dentro. Sudaba copiosamente, mi corazón amenazaba por salirse de su lugar. Cada quien se va a su sitio.
Después de un rato de candentes juegos se forman las parejas y cada una toma lugares diferentes de la casa. El único que se quedó solo es el Valle que se hizo el disimulado y se puso a ver los discos que tiene Román. La Zorra finalmente se mete a un cuarto con Anabel; lo miro de reojo. Jaime con Raquel, la novia de su primo, se buscaron un lugarcito en el patio trasero de la casa; Jóna y Marcela se quedaron en la salita y yo me llevé a Rosi a la recamara del fondo de la casa, bueno eso de me llevé es un decir.

Me senté en la orilla de la cama y ella sobre mis piernas. Comenzamos a besarnos, mis manos habían sido invadidas por un incesante temblor. Me recargo sobre la almohada y ella quedó encima de mi. Quise tocar sus senos pero me quitó inmediatamente la mano, su respiración estaba acelerada y siento su sudor correr por mi mejilla. Después de una hora alguna de las chavas gritó:
-Ya son las dos treinta, vámonos.

Rosi se levantó de mi al tiempo que con mi mano acaricio una de sus piernas, se arregla la blusa y la falda, me da un beso y me dice que nos vemos el Lunes.
Me recuesto sobre la cama y cierro los ojos, un sopor recorre todo mi cuerpo. Me voy a la sala, las muchachas ya se habían ido. Todos estaban fumando.
-Jajajaja, No mames te mojaste el pantalón- me dice Jona
-Ya bájale güey ni que a ti no te pase. Pásame un cigarro
-Cuenten güeyes- dice la Zorra
-De lujo por poco me la ensarto - Dice Jaime, el Perro
-Pinche Jaime, haya esta diosito, te esta vigilando y te va a castigar por haberte apañado a la vieja de tu primo- Dice el Valle
Con resentimiento veo a la Zorra que me dice:
-Que güey y tu?
-Tranquilo – Le respondo
-Esta exquisita la Anabel- Dice con sorna.

Toda la tarde pensé en Rosi y sus senos al hacer contacto con mi pecho, la verdad es que tenía una sensación muy extraña, ganas de buscarla para sentirla de nuevo pero ignoraba donde vivía o su teléfono.
A las ocho me habla Jona:
-Que onda hijo, no vamos a ir al toquin.
-Simón nada mas deja avisar.
-Mamá ¿Me das chance de ir a una tocada? Es aquí en el Teatro del Pueblo, llego temprano.
-Dile a tu padre.
-Siempre es lo mismo
-Ya te escuche Antonio
-Perdón Papá ¿me das chance?
-A que horas regresas?
-Como a las once
-Pues ya que – me contesta de mala manera

Había demasiada banda, la verdad es que la Banda Bostick no era mucho de mi agrado, pero como este tipo de eventos eran escasos en la ciudad, no había que dejar pasar la oportunidad. Todo era característico de una tocada: el olor a hierba seca quemada era fuerte, decíamos que apestaba a petate quemado, mareaba; los carrujos se dejaban ver sobre todo entre la banda más gruesa. Estoperoles, pantalones de mezclilla ajustadísimos, tenis Converse, chamarras de mezclilla, o en algunos contados casos de piel, las mentadas de madre a la autoridad y al anunciador
Un pésimo sonido, entradas accesibles, pocas chavas, silbidos, mas mentadas de madre para el organizador que se subía al estrado para invitar a los jóvenes a no consumir drogas, condones inflados volando por todo el lugar. Siempre se armaba el slam, los golpes eran muy fuertes y no faltaban las grescas.
-No quieres–Me dice el Chilango mostrándome un humeante carrujo.
-Nel, yo no le hago
-Cámara, yo respeto.
-Usted Jona – Nel yo tampoco
-Chido – Y le da un jalón para después lanzarse al slam.


Alfonso Maldonado Arellano

Al otro lado del silencio (Parte 2)

II

-Les tengo una noticia- dijo el Jona
-Desembucha
-El Román acaba de rentar una casa por ahí por San Panchisco y esta suave, tiene estereo y puso un chorro de posters de Maiden y Mötley, le quedó chido, así que ahí se van a poder “orgianizar las parchangas”, nada más hay que ayudarle con el aseo y no ensuciar.
-Cámara vamos a conocer ¿no? La llave está en la maceta. - dice el Valle
-Simón al final de la clase. - Le dije
-Nel vamos de una vez al fin que tenemos clases con la pinche gorda esa que me cae re´mal, ¿Apoco te vas a rajar?
-No mames güey, voy a tronar un madral de materias por su pinche culpa.
-Puto si no vas. Me dijo el Jona.
-Ni modo, vámonos, pero la puerta esta cerrada.
-Nos saltamos por allá atrás.
Y allá vamos; primero pasó la Zorra, luego el Pocho, luego el Valle y al último yo.
- Apúrate güey que te va a cachar el pinche Adolfo.
En el salto mi chamarra de piel, que mis tíos me trajeron de Francia, se atoró en un alambre y se rompió.
-Puta madre, ya valió, se madreo mi chamarra. Y todo por hacerles caso cabrones.
-Ni pedo – Me dijo el Valle.
-Me carga….me van a cagar mis jefes.
-Ya güey no sea chillón – Me dice el Pocho.
Román era un cuate ya grande, tenía como unos 38 o 40 años pero era amigo de nosotros. Yo lo conocía desde hace mucho tiempo, trabajó en la misma oficina de gobierno que mi padre. Decían que era homosexual, pero nunca nos dijo algo o se supo que tuviera afición extraña, así que siempre hubo un respeto muto. Además si alguien le pedía algún favor, sobre todo monetario, ayudaba. La mayoría de la banda era de escasos recursos, casi todos vivían en las colonias que se asentaban en las orillas de la ciudad: ropas raídas por el uso, tenis viejos, sin dinero para el almuerzo, un cigarro para todos.

Por mi parte aunque mi familia no estaba en la miseria, también por razones ajenas a mi, siempre andaba con un déficit monetario.

Llegamos a la casa del Román. Era pequeña y tenía una salita chiquita, una cocina, dos recamaritas y un patio pequeño.
-No mames, está al pedo.- Dijo la Zorra.
Jona tomó la almohada que estaba sobre el sofá y se la puso entre las piernas, comenzó a besarla y acariciarla.
-Mmmmmm, Sara oh si.
-Te digo, tienes un problema psicosexual cabrón.
-Ya pinche Toño.
-Pues esta bien la casita, mira hasta discos hay.
-Ponte el de Luzbel- Me dijo el Valle.

Y empezó a sonar: “….le pedía a Dios que se me apareciera para que así en el y en su palabra creyera, y solo encontré a una iglesia que peca de convenenciera”.

-Esta picuda esa rola, mi mamá ya me dijo que si la vuelve a escuchar en la casa me va a llevar a con un Cura.- Dijo la Zorra poniéndose los dedos en la frente simulando unos cuernos.
-Mi jefe me acusa de adorar a ídolos gringos y siempre me quita los posters que tengo en mi cuarto.- Dije
-Órale, la coperacha para las cocas y los cigarros, y de una vez el volado para ver quien manda al Valle – dijo Jona.
-Chale, vete tu güey. – Replico Valle
-De a 5 baros por piocha y no hay cuete yo voy.
-Cámara pinche Jona.

A su regreso, Jona comenzó a repartir los cigarros sueltos que había comprado. El humo empezó a invadir la diminuta sala sin sillas. Había varios cojines y una alfombra media vieja pero para nosotros era el paraíso, el perfecto lugar para irte de vez en cuando en lugar de estar en clase. Me gustaba mucho un poster grande que estaba pegado en la pared de la sala, era la portada del disco de Iron Maiden “Live After Death”. En una de las paredes, el Román empezó a dibujar el logotipo de Ratt y uno de Motley.

Ya como a las dos de la tarde :
- Orale güeyes a recoger su basura y echarle un zarpazo de tigre a la choza esta para que el Román nos de chance de venir más seguido-Dice Jona
-Cámara

Llegue a mi casa y con esa intuición femenina mi madre me gritó desde la cocina:
-A ver, ven acércate. Seguramente apestas a cigarro, ¿Cuántos te fumaste?
-Ninguno mamá, lo que pasa es que los cuates fuman y pues yo me impregno.
-No es cierto. Para que quieres que se entere tu padre de que fumas, ya ves que el ni fuma ni toma, y se me hace que te estas volando las clases. Empiezas a tener el pelo largo. No le busques tener broncas con tu papá.
-No jefa.
-¿Jefa?, no soy tu jefa, soy tu mamá. Ah, Te llamó Julio por teléfono.
-¿Julio? ¿Esta aquí.?
-No. Me dijo que hablaba de Puebla.

Julio era el mejor de mis amigos, lo conocía desde la primaria. Era de esos amigos que siempre se acuerdan de ti. Sus papas se divorciaron desde hacía mucho tiempo y el se fue a vivir a Puebla. Siempre que venía para acá nos veíamos y salimos al cine o dar la vuelta por ahí.

-Jef….Mamá. ¿Donde están mis pantalones rotos?
-Ya los tiré
-¿Cómo?
-Ya estaban que daban lástima.
-No mamá, no los tires, esos son mis favoritos.
-Si pero a mi me da pena que te vean en la calle así.
-¿Cuando los tiraste?
-Hoy
Corrí al patio donde estaban los botes de basura y por fortuna estaban ahí. Aunque con manchas de comida y no se que otra cosa más, los saqué y los lavé. Se oyó el ruido de la puerta, el jefe de la casa había llegado, entró mi papá.
Ya llegué.
-Que paso papá
-¿Como estas?
-Bien ¿y tu?
-Bien
Un beso en la mejilla.
-A ver…ven, ven…date la vuelta.
-Mañana no quiero verte con ese pelo, ¿eh?
-Pero papá…..
-Nada. Ya dije.
-¿Como vas en la escuela?
-Bien.
-¿Y las calificaciones?
-Hasta dentro de un mes1
-Hasta dentro de un mes. Si como no. Te lo advierto, que si vas mal te sales de estudiar y te me pones a trabajar en algo útil. Yo no quiero holgazanes en esta casa.
-Si papá.
-Ahh, se me olvidaba, al rato va a venir mi secretaria, va transcribir una conferencia que viene en un video. Así que tu le vas dictando.
-¿A que horas?
-Quedo de venir a las cuatro y media
-Cámara.
-¿Qué?
-Que si, le voy a ayudar.
-Por cierto que te quedaría muy bien. Con eso de que no te conozco ninguna novia, no me hagas pensar mal de ti eh?
-Chale, chale. A mi me laten las chavas, al que se me hace que no le gustan es al Carlitos.
-Órale – contestó mi hermano – yo que…..
-A ver, tradúceme al español esas palabras de chale…te estas refinando hijito.
-Ya esta servido- grita mi mamá desde la cocina.

El rico olor de la comida de mi mamá ya salía de la cocina. Me senté en la silla que me correspondía desde que por primera vez asistí al ritual de la comida con mis papas, no comíamos hasta que llegaba mi padre. Recuerdo que de chico me gustaba mucho sentarme en ese lugar por estar al lado de mi papá. Para mi era una persona a la cual respetaba mucho y quería, y que hasta cierto punto me infundía un poco de temor. Siempre había sido estricto conmigo, pero lo comprendía, venía de una familia muy pobre, su papá los abandonó y dejó en la miseria a el, a su mamá y su hermana, así que desde muy pequeño tuvo que buscar como ganarse la vida.

Me contaba que muchas veces no tenían que comer y que se alquilaba como peón o realizaba jornadas duras en el monte para juntar leña, el aseguraba que el trabajo en el campo era lo más duro que podía haber. Tuvo que salirse del pueblo polvoriento donde vivía para poder estudiar en la ciudad de México. Eso precisamente es lo que le admiraba: el deseo de no quedarse con las ganas de hacer algo. En ese tiempo tenía un trabajo estable que le daba no mucho pero si lo suficiente para darnos ciertas comodidades.
El era mi ejemplo a seguir.
Mi mamá por el contrario tuvo una vida más holgada, siempre me contaba que fue feliz cuando era niña, aunque también tuvo que salirse de su casa para estudiar en una ciudad más grande, donde me cuenta que vivió con una tía que la trató mal. Aunque estudió, siempre se dedicó únicamente a nosotros, era muy dulce y la quería demasiado.

Yo tenía dos hermanos, Carlos menor que yo por dos años y Karina, a la cual le llevaba 10 años. Carlos estaba en la secundaria y Karina en preescolar. Por cierto que ella era la consentida de la casa, era la luz.
A Carlos también le gustaba el rock, aunque discutíamos siempre por todo; compartíamos el mismo cuarto, el cual decoramos con posters de Iron Maiden y de Motley Crue, mi mamá decía que eran diabólicos. A mi me encantaban, sobre todo los de Maiden.
En mi recámara nunca dejaba de sonar la música, cuando estaba en casa siempre mantenía la vieja grabadora encendida. Solamente cuando mi padre llegaba se apagaba.

-Esta sonando el timbre. Ve a abrir
-Si papá
-¿Quién es?
-Soy Lidia, buenas tardes.
-Bu..bue…nas tardes. Diga?
-Hola mucho gusto, soy Lidia, la secretaria del Licenciado Robles. ¿Se encuentra?
-Este, si…si…pasa.

No, no era una visión. No sabía si estaba despierto, su nombre escuchado en una voz muy linda me pareció de lo mejor. Al dejarla entrar la recorrí con la mirada.
De atrás se veía divina, su olor era refrescante, estaba seguro que se acaba de bañar.

-Buenas tardes Licenciado Robles.
-Que linda voz- Me dije
-Mira Lidia, te presento a mi hijo, se llama Toño.
-Mucho gusto
-Échale la mano ¿si?
-¿Nada más una? Si de eso pido mi limosna-Pensé
-Claro que si.
-Pasa por aquí.

La video estaba en mi cuarto y la hice pasar para allá. Morena, pelo negro y a media espalda y un cuerpo excelente, su pelo húmedo caía sobre su espalda y se podía percibir el olor de la crema humectante. Me hizo imaginarla en el baño lleno de vapor.

-Así que tú eres el hijo del licenciado.
-Si así es.
-Pues yo creo que me vas a estar ayudando un buen rato, tengo que transcribir la conferencia que viene en este video y es muy larga.
-Si no hay ningún problema. ¿Vas a venir todos los días a esta hora?
-Parece que si. Lo que pasa es que yo estudio por las mañanas y a las cuatro entro a trabajar con tu papá, en vez de irme a la oficina me vengo para tu casa.
-Ok.

Me embrutecí con su mirada y con la minifalda de mezclilla que me dejaba ver sus torneadas piernas.

-¿Empezamos?
-Este….si, claro.
Después de dos horas:
-Bueno yo creo que aquí vamos a terminar por hoy. Ya me voy a la oficina.
-Si está bien.
-Me ayudas mañana?
-Como tu digas.
-Ok. Hasta mañana y mucho gusto.
-Bye.
-Te acompaño a la puerta.
-Si claro, voy a esperar la combi en la esquina.
-Este…te acompaño?
-Como quieras.
-Papá ya se va Lidia.
-Nos vemos en la oficina, ¿ok?
-Si hasta luego.

Ansié en ese momento tener un carro y poder llevarla hasta la oficina. Por desgracia estaba muy lejos de poder manejar el carro de mi papa, era casi imposible que me lo prestara y yo sabía manejar un poco.
No perdí la oportunidad para observarla nuevamente. Cuando por fin pasó el transporte, se despidió de mi y al subir el escalón de la combi pude observar sus hermosas piernas.

-Virgen santísima, aleja de mi estos malos pensamientos.

Al regresar a la casa:
-Que, como ves ¿te gustó?, tiene 17 años.
-Esta guapa.
-Órale…..
-Este…si….cámara
-Mmmmmmm
-Ohhhhh. Oye dame chance de ir al centro.
-¿A que vas?
-Con los cuates.
-Con los cuates, con los cuates, puro con los cuates, ¿Ya estudiaste?
-No tengo tarea
-No importa que no tengas tarea, estudia, lee algo. Nada más obtengo bajas calificaciones tuyas y te me sales de estudiar para ponerte a chambear.
-Si papá, no te preocupes.

Me salí al patio para ver si ya se habían secado mis pantalones rotos, para mi mala suerte no y dedico diez minutos a secarlos con la plancha.
-Mamá ya me voy.
-No te tardes, trata de llegar antes que tu papá para que no se enoje.
-Si Ma. Regreso luego.

Yo vivía en una zona cercana al centro, es uno de los barrios más tradicionales de la ciudad y se caracterizó hace muchos años por ser un barrio bravo, al donde los hombres o jóvenes de otros barrios no podían entrar por que eran sacados a pedradas.
Me gustaba mucho el barrio, en el parque de la iglesia pasé muchas horas agradables cuando era niño, realmente me dolió cuando tiraron unos de los árboles y destruyeron sus jardineras para remodelarlo.
No había muchos jóvenes en mi calle, por lo general habitaba gente ya grande y señoras beatas que no salían de la iglesia, así que la mayoría de mis amigos eran los que tenía en la escuela o que conocía desde la secundaria o primaria.

Al salir de la casa me encontré con Tania, era la única amiga que tenía en la colonia, había sido mi vecina por mucho tiempo. Era muy bonita y empezaba a mostrar un bello cuerpo, obviamente siempre había querido más que una amistad con ella pero como que el sentido de amigos estaba por encima de otras cosas. Vivía con su mamá, su padrastro y un hermano que estaba completamente demente, era una lata. Llegó aquí desde que íbamos a la secundaria y luego luego se relacionó con nuestro vecino Tito, que por cierto no estaba muy agraciado por la vida. Recuerdo que tiempo después se fugó con el, no los encontraban por ninguna parte. Luego de una semana los encontraron en Zihuatanejo. La reprimenda fue terrible para ella, y se tuvo que ir de aquí como un año, la verdad lo sentí mucho y desde ahí odie a Tito, aunque era mi cuate.
-Hola.
-Que onda ¿A donde vas?
-Voy al centro,¿y tu?
-Voy a comprar harina y leche para un pastel que esta haciendo mi mamá. Dame un rait ¿no?
-Simón pero solo si te llevo cargando
-Que dijiste, ya se dejó ¿no?
-Pues si quieres te llevo en mis brazos, sirve que así te puedo ir abrazando.
-Ay payasito, vámonos.

Lleva una minifalda de mezclilla color rojo, sus piernas eran muy largas y blancas, la verdad es que eso es lo que más me gustaba de ella; percibí el olor de su pelo mojado.
-Como has estado?
-Mal.
-Por que?
-Ya vez, siempre las mismas broncas con el pinche viejo ese.
-Ahora que te hizo.
-Me quiso pegar anoche de nuevo.
-Pegarte?…pinche ruco. Pero ¿Porque?
-Ya vez. Cada vez que se le vota la canica, o que llego tarde siempre se quiere pasar conmigo. No me deja salir, y su hijito ese ya me tiene hasta la madre, siempre agarra mis cosas y me hace travesuras.
-Oye Tania…te puedo hacer una pregunta?
-Si
-Pero me la contestas en serio?
-Si, claro.
-Nunca se ha querido pasar de lanza tu jefe contigo?
-¿Como?
-Si, tu sabes….como explicarte, que te quiera tocar o forzarte a algo.
Se quedo seria por un momento
-No, nunca.
-¿En serio?
-No….nun…nunca.
-Oye me quedo aquí en la tienda de don Alfonso. Luego platicamos.
-Tania….se me hace que ese hijo de su…
-Ya me voy Bye.
-Oye espérate.
-Luego platicamos.

Ya en la plaza me encontraba con toda la banda. Nos juntábamos muchos cuates en una de las jardineras, justo atrás del Ayuntamiento. Era costumbre que siempre encontraras a alguien ahí. Había de todo, desde chavos banda que se vinieron de Cd. Netzahualcoyotl quien sabe por que azares del destino, hasta chavos como el hijo del dueño de un hotel de paso o de más o menos posición social. Era una banda heterogénea y casi por lo regular había indirectas…puta ya llegaron los fresitas o uhh allí vienen los mamarrachos valentones. Pero cuando se trataba de entrarle al moquete o de hacerle el paro a un cuate, no había distinción de clase social.

Siempre existía un tema que platicar o una chava a la cual ver, la verdad es que por aquí pasaban todas las chicas de la ciudad.
No tenía mucho tiempo que acababan de remodelar el centro, no es que lo anterior hubiera estado mal, si no que la ciudad estaba creciendo y necesitaba otra imagen: construyeron un Ayuntamiento, un paso a desnivel y le cambiaron la imagen al palacio de gobierno, pusieron muchos árboles y una explanada muy grande, me gustaba mucho.
-Que onda pinche Toño
-Que onda huevones como están?

Había que saludar a todos por que si no se enojaban, ese día conté a 23. Era toda una jungla: ahí estaba El oso con sus playeras de físicoculturista, su hermano La maraca con sus playeras posesionadas (así se les llamaba a las playeras Maiden, Megadeth o Motley que tenía dibujos de calaveras o demonios) y una melena que le llegaba hasta debajo de los hombros, no se hablaban, una vez por andarse peleando La Maraca le rayo el estomago con una navaja, dormían en un mismo cuarto pero la mitad estaba pintada totalmente de negro y la otra de verde agua. Por allá El Ciego un buen amigo, El Pegajoso le decían así por que se parece al fantasma de una película, El tío, La Zorra, El Vaga, El Perro que arrastraba el apodo desde su papá, El Negro, obvio el color, El Gofo, La Lombriz, por largo y flaco, La Muñe, El Cuchi, El Pato, El Toro, La cigüeña, El árabe, La güicha y otros dos que aún no conocía.
El tiempo aquí se pasaba rapidísimo. A las nueve ya estaba de regreso en mi casa. Mientras me dormía estuve pensando en Tania y en sus broncas. Me enfadaba la idea de que su padrastro quisiera aprovecharse de ella.
Alfonso Maldonado Arellano