VII
Después de que el maestro de teatro pasó a avisarnos sobre el inicio de las audiciones para formar el grupo de teatro escolar, Jona, Pocho y yo tomamos la decisión de hacer lo posible de entrar al grupo. Y ahí estábamos los tres pseudoactores atraídos por las historias que nos había contado el Jona. La neta es que el maestro de teatro era muy conocido en la escuela por ser bonachón y amiguero, además participaba en los eventos culturales de la escuela. Toda la escuela sabía que tenía ciertas inclinaciones sexuales.
Quien sabe por que azares del destino quedamos incluidos los tres y nos dieron un pequeño papel para que lo desarrolláramos. Ensayábamos los martes y jueves por la tarde. Poco a poco empecé a sentir un gusto por esa actividad, y además descubrí que era una buena oportunidad para estar fuera de casa.
Nuestras clases de teatro iban viento en popa, la obra que representábamos era una que escribió nuestro maestro. Se trataba de las peripecias que unos chavos pasan durante la juventud. Descubrí mis “dotes “histriónicos y poco a poco me empecé a adentrar, al punto en que logre ganarme uno de los personajes principales de la obra. Conocía a muchos nuevos amigos, Mario y Ricardo tenían los mejores papeles.
Un día antes de comenzar el ensayo el maestro nos comunicó:
-Chavos, dentro de 2 meses se van a organizar los juegos estatales en Acapulco, así que vamos a participar con esta obra. Necesitamos ensayar muy duro y solo van a poder ir los que desempeñen mejor sus papeles. Nuestra escuela tiene cinco años consecutivos ganando el primer lugar en esta disciplina así que de ustedes depende.
El júbilo fue general, sabíamos lo que representaba salir de la ciudad, solos y a un lugar como Acapulco.
Los ensayos fueron arduos y dentro del grupo se empezó a percibir el olor a romances y las parejas empezaron a formarse. En lo personal me encantaba una niña que se llamaba Paty, era una niña chaparrita que iba en mi salón, con una cara angelical, pero tenía un defecto tremendo: tenía novio; por cierto muy gordo y muy mal encarado.
Recuerdo que ella escribía con la mano izquierda, por lo tanto le era muy difícil acomodarse en su butaca; siempre usaba un perfume muy suave, podía reconocerla cuando estaba cerca..
Había otras chicas muy guapas: Sandra, Gala, Edith que era amiga de Rosi mi novia, Tere, que era hermana de Tito mi vecino, a la cual ya conocía anatómicamente por haberla visto en mi sesión de fisgón en el baño; etc., todos llegamos a conjuntar un grupo muy divertido.
La fecha del concurso se acercaba cada vez mas, mis encuentros con Rosi eran menos esporádicos y no perdíamos la oportunidad de ir a la casa del Román, me sentía bien estando con ella, ya que podíamos pasar horas juntos, en teoría ella era mi novia pero en la práctica distaba mucho de serlo ya que nunca fui detallista con ella o muy pocas veces le dije que la quería, sin embargo ella me lo repetía constantemente, yo creo que la veía mas con ojos de lujuria que de otra cosa. Hasta el momento no había pasado nada.
Un día por la tarde me llamó y me dijo que se iba a inscribir en el conjunto de gimnasia rítmica que concursaría en los juegos de Acapulco y quería que la acompañara a la audición. No le costó mucho tiempo entrar, ya que sabía bailar muy bien. Ella también tenía sus ensayos por la tarde y por lo tanto nos veíamos casi todas los días al salir.
Después de muchos ensayos, llegó el día; antes de salir hacia Acapulco a bordo del camión escolar, Rosi se despidió de mi:
-Te portas bien, van muchas chavas, seguramente vas a encontrar demasiado alcohol. Ya le dije a Edith que te echara un lente. Así que por favor, cuídate, no me vayas a poner el cuerno.
-No te preocupes, además allí va tu amiga Edith, así que me va a vigilar.
-¿Te digo algo?.- Me dijo
-Si.
-Me gustaría que tu me acompañaras a Acapulco cuando me toque concursar. ¿Qué piensas?
-Híjole la neta es que ando bien corto de feria, y ya vez como es mi jefe, no creo tener muchas posibilidades, pero bueno, voy a hacerle la llorona. ¿Cómo ves?
-Inténtalo. Me gustaría que fueras, te conviene.
-¿Me conviene?, ¿en serio?...¿por qué?.
Y me dio un largo beso.
Ya todos arriba del camión nos encaminamos hacia el puerto, el nerviosismo crecía entre todos. Alguien llevó una grabadora enorme y el rock en español no dejaba de sonar. Después de dos horas de camino llegamos a Acapulco justo a la hora de comida. Recuerdo que como estaban muchos estudiantes de todas las partes del estado, nos concentraban a todos en algún lugar para comer y los encargados de realizar las comidas eran nada más y nada menos que los soldados del batallón de infantería, así que la comida era pésima, realmente no se que era lo que me sirvieron y el agua nunca supe de que era. Opté por mejor no comer.
Después de la “comida”, nos dirigimos al teatro donde nos tocaría concursar; la confianza en nosotros mismos era demasiada, estábamos seguros que ganaríamos el primer premio. Llegamos al lugar y nos dieron uno de los camerinos, ahí tuvimos que cambiarnos. El detalle es que era un camerino para todos, así que tuvimos que dejar el pudor por un momento y cambiarnos a la vista de todos. En una esquina pude advertir que Paty empezaba a desvestirse, mi vista quedo fija por un momento mientras disfrutaba de la visión, cuidadosamente se quito la blusa y la dejó a un lado para proseguir con la minifalda de mezclilla, lógicamente pude obtener una visión a detalle de su ropa interior. No me fijé en que todas las muchachas hacían lo mismo, solamente centré mi mirada en ella.
-Pst, pst.- Escuché.
Voltee hacia la izquierda, era Edith la amiga de Rosi:
-Te paso un vasito
-¿Un vasito? ¿De que o para que?
-Porque se te esta cayendo la baba. Apúrate, que no te has cambiado y ya estamos por salir. Nada más estas de fisgón.
-Si tú me dejas que te vea cuando te cambias no tendría que estar volteando para allá.
-Cálmate, que te traigo muy bien cuidadito.
-Menos mal. ¿Es marcaje personal?, ¿Te comprometes a cuidarme todo el día y no despegarte de mi?
-Claro.
-Ok.
Nuestro turno llegó. Salimos a escena, todo transcurrió a la perfección, era obvio que los días de ensayo habían dado frutos. Estábamos seguros de llevarnos el primer lugar. Al terminar nuestra actuación la gente nos aplaudió mucho. Sabíamos que lo habíamos logrado. Después de nosotros le tocó el turno a la prepa anfitriona y nos pudimos percatar que realmente no podían hacernos sombra.
Dos horas después llegó la hora de que el jurado diera su veredicto. Un hombre obeso tomó el micrófono:
-Autoridades, jóvenes, público en general: el jurado calificador dará los resultados del concurso estatal de teatro. El tercer lugar le corresponde al plantel de Taxco.
Se escucharon aplausos y los chavos de Taxco saltaron de alegría.
-El segundo lugar es para….
Todos nos quedamos inmóviles en espera del resultado, algunas chicas se abrazaban entre sí.
-El segundo lugar es para ………..
Si, para nosotros. Ciertamente, nos habían robado el primer lugar. Las chicas rompieron en llanto.
-El primer lugar es para el anfitrión Acapulco.
Mario de un brinco llegó hasta donde estaba la mesa del jurado y empezó a cuestionar la ética del jurado y de los organizadores. También nuestro maestro empezó a discutir. El público gritaba fraude. Obviamente no pudimos cambiar nada.
Recogimos nuestras cosas del camerino y nos dirigimos al hotel en donde pasaríamos la noche. En el camión todo era tristeza, de repente nuestro maestro llegó al camión:
-Chavos, estoy muy orgulloso de ustedes, realmente esto fue un robo, pero estén tranquilos, ustedes fueron los mejores. Ahora a disfrutar del rato que tengan libre y felicidades.
Se escucharon gritos de aprobación. Rafa uno de los cuates del grupo subió al camión con dos cartones de cerveza:
-Orale gueyes que se los discutió el profe. A chupar a chupar que el mundo se va a acabar.
Se encendió la grabadora: “Y vivo atado a un sentimiento carnal, atado a tu luna”
Todos tomamos una cerveza y empezamos a cantar, algunas chavas continuaban llorando.
-Órale pinche Edith, sampate una.
-No, yo no tomo.
-¿Como que no? ¿Entonces que pretendes hacer esta noche? ¿Dormir?
-Pues, este, no se.
-Ándele, sámpesela.
-Bueno.
Encendí un cigarro y todos me empezaron a pedir. En un abrir y cerrar de ojos se acabaron.
-Que pinche Toño, ¿hoy si la prendemos?, al fin que las penas con pan son buenas.-Me dijo el Jona.
-Simón, hoy si, al fin que no tengo que llegar a mi casa y aquí ni quien te diga nada.
-Cámara pinche Toño. Ya te estas volviendo hombre. Chance te perjudicas a la Edith.
-No mames, es la cuata de Rosi.
-¿Y?
-Oooo.
“Lucha de gigantes, convierte el aire en gas natural. Un fuego salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal, siento mi fragilidad”.
-Chofer, párate tantito en la tienda ¿no? Ya se acabaron las chelas y los cigarros. Órale, la coperacha.
Mario empezó a juntar el dinero y en un santiamén llenó de nueva cuenta los cartones. Repartió dos cajetillas de cigarros.
-Vámonos chofer.
“Tengo roto el corazón, desarmada la razón, podrás tener más de mil romances, nunca con sinceridad”
Llegamos al hotel. Nuestro profesor nos junto en la recepción.
-A ver hijos míos. El piso no. 3 es para nosotros, pero…pero....pero, hay cuartos en los que ya hay chavos que compiten mañana en atletismo y voley ball. Así que por favor no los molesten. Entonces quedan siete habitaciones. Obviamente son cuatro para hombres y tres para mujeres.
-¿Por que no todos revueltos?- gritó Arturo
-Concuerdo completamente con el punto que el compañero acaba de exponer. Y ¿ustedes banda?-añadió el Pocho.
-Brincos dieran. Contestó Gala
-Nada de revoltijos cabrones, no quiero domingos sietes o bodas anticipadas después de esto. Así que ya saben, echen su desmadrito, diviértanse pero tranquilicen sus hormonas. No quiero locuras. Así que chicas cuartos uno, dos y tres para ustedes, cuatro, cinco, seis y siete para los varones y mucho cuidadito cabrones.
-Reunión de damas en el cuarto tres.-Avisó Sandra
-¿Pos como ven chavos? Reunión de huevones en el cinco ¿no?- Grito Mario.
-Aprobado por unanimidad.
Todos dejamos nuestras maletas en cuartos diferentes y como alma en pena nos reunimos en el cuarto cinco. Al abrir la puerta humo de cigarro invadía la habitación y en el centro tres cartones de cerveza.
“Y creo que he bebido más de cuarenta cervezas hoy, y creo que tendré que expulsarlas fuera de mi. Y subo al water que hay arriba en el bar y comienzo…”
-Órale y esto de donde salió-pregunté.
-Como ves que estos cartuchitos se los discutió el profe- me dijo Jona
-Chido, presta para andar igual ¿no?
-Cámara
-Mmmmm, estás coronelas están como nalga de muerto y con este pinche calor que esta haciendo, a ver voy abrir el balcón.
Al momento de abrir el balcón me sorprendió escuchar el relajo que se estaba armando en el cuarto contiguo, era la reunión de las chavas. Me percate que los balcones estaban comunicados y que solo los separaba una pequeña pared.
Me asomé con cuidado de no ser descubierto. Mi sorpresa fue mayúscula. La mayoría de las muchachas no tenían puesto nada encima más que la ropa interior e inclusive Sandra y Paty acababan de tomar un baño, estaban envueltas únicamente en una toalla. Una pared me separaban de la visión que disfrutaba y tres pisos de una muerte segura.
-Esto es vida y que se acabe- pensé
-Hola morritas ¿Cómo se la están pasando? ¿chido?
-Pinche Toño mirón, sácate a la chingada.
Recibí un certero toallazo en la cara que por poco me hacía perder el equilibrio. Todas se cubrieron con las sabanas o con lo que pudieron encontrar a la mano.
-Pinche Toño eres un fisgón de primera- me grito Edith.
-Ooooo, fue por pura casualidad, yo solo quería ver como se la estaban pasando.
-Si guey.
-¿No quieren unas chelitas?
-¿Cómo ven? A ver, este, ¿Quién quiere?
-A no manchen ¿como que quien quiere?, o todas coludas o todas rabonas. Una, dos, tres, cuatro cinco, seis, siete, ocho, nueve.
-Nueve chelas Mario acá para nuestras morritas.-Le dije.
-A no mames apoco de ahí las estas viendo.
-Simón
-Orale gueyes acá están las carnes.
-Hola chiquitas.
-Sáquense de aquí- gritaron en conjunto
-Oooooo.
Tuvimos que dejar el balcón y nos concentramos en los cartones que había.
Se oyó que alguien tocaba la puerta del cuarto. Era Willy, que tapado nada más en una toalla de manos, se quejaba del hotel:
-No mames, este pinche hotel está tan rascuacho que ni agua hay. No mames, no hay agua güey.
Willy se descuidó y Ramón y Mario le quitaron la toalla, lo empujaron hacia afuera del cuarto y cerraron la puerta.
-No mamen, no sean culeros, abran ojetes.
Tocó en cada una de las puertas de las habitaciones de los hombres pero fue inútil, nadie la abrió.
Paty abrió la puerta del cuarto en donde estaban todas las mujeres:
-¡Dios santo! Willy anda desnudo corriendo por el pasillo- Corrió.
Todas las chicas salieron a verlo.
-¡Papacito!- se oyó con voz femenina.
Los chiflidos no se dejaron esperar. Una sábana voló desde el cuarto de las chavas y luego la puerta se cerró. Willy la tomó y se envolvió en ella. Por fin alguien se apiado y le abrió un cuarto. Después de un rato regresó con un short y una playera que quien sabe quien le prestó.
-Pinches ojetes.
Las risas inundaron la habitación.
“No tengas miedo de perderte, no, el tiempo pasa tan despacio en Sildavia, no hay, desiertos, no hay, falsa pasión”.
A los cinco minutos se escuchó que tocaban en la puerta. Arturo abrió. Era el maestro Clark, amigo de nuestro maestro de teatro que se había adjuntado a la comitiva. Con visos de una avanzada parranda y con 4 six de cerveza en una bolsa nos dijo.
-¿Se puede?
-Claro que si Clark, pásale.- dijeron todos.
-Ora…. Ahí les van unas chelas. ¿O no las quieren?
-Échamelas pa’ca antes de que te arrepientas- Dijo Mario.
-¿Que creen chavos? Vengo de platicar con las chavas y ¿Que creen?- dijo Clark.
-Que profe, desembuche- dijo Jona.
-Que las chavas quieren onda.
-A huevo, se los dije, uuuuuuu. Ora si quien sabe. Tráetelas para aca, o no, mejor vamos para su cuarto..- dijo Mario.
-No aguanten, yo mejor voy a platicar con ellas y ya les digo.
-Va.
El profesor Clark salió del cuarto y el revuelo de la noticia llenó de alboroto el ambiente.
-No mames, yo aparto a la Gala- dijo Arturo.
-Nel. Yo a la Gaby.- Dijo Carlos
-Yo me voy por Paty- Dije.
-Cálmate cabrón, que ahí viene tu cuidadora-Me replicó Jona.
-¿Sabes que pinche Jona? Hoy, en serio, hoy me vale madre todo. Y más vale que se me haga hoy o nunca. Ya estoy hasta la madre de esta pinche virginidad. Ya es necesario que me haga justicia la revolución cabrón. Chance mañana muero de la cruda.
En cinco minutos Clark estaba de regreso en la habitación.
-¿Qué onda y las chavas?- dijo Ramón.
-¿Qué creen chavos?-Dijo clark
Todos teniamos una cara de impaciencia por saber el transcurso de los hechos.
-¿Qué cree?, que las chavas también quieren onda.
-A huevo- fue la expresión general.
-Hasta que se me va a hacer santísima virgencita.- Dijo el Pocho.
-Aja ¿Y? ¿Qué hacemos?- Preguntó Mario al maestro.
-Pues aquí están.
Al decir esto, el profesor abrió la puerta del cuarto y todas las chavas entraron. Unas animadas, otras no tanto. Edith traía una bolsa con cerveza en las manos.
Rafa empezó a surtir de cerveza a las muchachas. Edith se dirigió al lugar en que yo estaba.
-Te dije que te iba a cuidar, así que no tienes chance de portarte mal.
-Oooo dame chance, una vez al año no hace daño. Mira tu nomás te haces ojo de hormiga y no dices nada.
-No te hagas esperanzas.
“Yo, caminaré entre las piedras hasta sentir el temblor en mis piernas, a veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza”.
El espacio en el que estábamos más de 20 era muy reducido. Para esto, atraídos por el relajo, ya se habían unido a la fiesta mi cuate el Perro y el Willy, los dos iban a concursar al otro día en atletismo. La cerveza se terminó y se enviaron comisiones de búsqueda y obtención del producto de la cebada. Para nuestra fortuna a pocas cuadras del hotel se localizaba “La costeñita” una tienda de 24 horas.
Después de dos horas los efectos de la cerveza empezaron a causar cierta euforia en algunos de nosotros y por consiguiente en ellas también. Transcurrió una hora, me levante de mi lugar. Tenía bastante hambre.
-Voy a tragar algo, la neta es que ya tengo mucha hambre, esa pinche comida que sirvieron los guachos estaba de los mil diablos y a esta hora ya me están reclamando las tripas-Dije
-Te acompaño-dijo Edith
-Cámara
-Yo también voy-Dijo Gala
-Y yo- se agregó Sandra.
-Pinche Toño, no te las lleves, apenas estamos entrando en confianza y tu ya saliste con tus jaladas-Me dijo Mario.
-Ooooo aguanta, ahorita regresamos.
Me acompañaron 7 de ellas, llegamos a una taquería frente a la playa de Caleta.
-Yo quiero dos al pastor y una chela.
-Yo una-dijo Edith
Todas las chavas pidieron de cenar.
-Toño ¿me das de tu cerveza? Me dijo Edith
-Va
En cinco minutos ya se había terminado mi cerveza, para lo cual solicito al mesero otra más, y fue secundada por las demás chavas que también pidieron su respectiva. Al pasar del tiempo siguieron pidiendo cervezas y para cuando terminé mi cena las chicas ya habían consumido unas cuatro cervezas cada quien. Caras ruborizadas, risas y gritos me hacían ver que a algunas ya se les había subido el alcohol.
-Chavas vámonos- Les dije
Para cuando llegamos al cuarto del hotel, me di cuenta que ya los compañeros también ya estaban alegres y eufóricos.
-Pinche Toño te tardaste y ve como traes a las chavas: bien pedas- Me dijo Gerardo.
-No mames, ellas pidieron y pues tuve que dejarlas.
Las cervezas siguieron corriendo y el cuarto se empezó a convertir en un relajo total.
“Soy un chico de la calle, camino la ciudad con mi guitarra sin molestar a nadie”.
Muy disimuladamente Paty se salio del cuarto y me percaté que Carlos la seguía, ocuparon la primera habitación que yacía sola debido a que todas las chavas estaban en el cuarto de los hombres. Hicieron lo propio Mario con su novia Andrea, ellos ocuparon la segunda habitación. Después Gala con Arturo ocuparon la habitación restante. Jona y Pocho estaban sentados en una esquina del cuarto ya entrando en estado etílico. Edith, sentada junto a mi.
Poco a poco el cuarto se fue quedando vacío. Los demás optaron por buscar un lugar más apropiado para entrar en más confianza. Pronto el pasillo del hotel se empezó a convertir en un espacio en el que se veían solo siluetas en la oscuridad.
Mientras tanto en la habitación solo permanecíamos Arturo con Gala, el Pocho, Jona, Edith y yo.
-Oye Toño, vamos a la tienda ¿no?. Tengo ganas de un refresco.- Me dijo Edith.
-Simón y ya no hay cerveza ni cigarros. Sirve de que compro unas dos aunque sea pa’mi, por que si las traigo pa’ca seguro me las agandallan.
Dejamos el hotel y nos dirigimos a la tienda que se encontraba unas 4 cuadras calle abajo y a una cuadra de la playa. Eran aproximadamente la 1:00 de la madrugada. No había carros, ni gente en las calles.
Llegamos a la tienda, hicimos nuestro pedido.
-Híjole, está media canija la subida ¿no?- Le dije a Edith.
-Si que hueva ¿Y si vamos a la playa?- Me contestó
-Buena idea
Caminamos hacia la playa, la cual obviamente estaba desierta. Nos sentamos sobre la arena húmeda. Y platicamos por largo rato. Terminé mis cervezas y compré otras dos más. El alcohol no hacía tanto efecto en mi.
-¿Oye?
-Si, dime.
-¿Quieres a Rosi?- Me cuestionó Edith.
-¿A que viene tu pregunta?
-Bueno lo que pasa es que, pues, ya tienes tiempo con ella y pues no sé.
-Llevamos 3 meses, pero así como que quererla, así mucho, pues la neta no.
-Osea que la engañas.
-No engañarla, pero no compartimos mucho, me siento bien con ella, pero hasta ahí. Todo se dio así sin quererlo.
-¿Te gusta?
-Mmmm, si me late, pero hay otras chavas que me laten más.
-Está bien. ¿Y que piensas de mi?
-¿De ti?, pues que eres a todo mecate, eres una buena amiga.
-¿Nada más?
La mirada de Edith se clavó en mis ojos. Se acercó mucho a mi boca.
-¿No te gusto?
-Este, la neta, la neta, claro que me cuadras.
Nuestras bocas no tardaron en unirse. Pronto estábamos tumbados sobre la arena.
-¿Oye Edith?, ¿Y si nos vamos a la enramada que está ahí?
-¿Quieres ir?
-Si, ¿Y tu?.
-También.
El fragor de los besos nos hizo olvidar que estábamos en un lugar público, solos en la noche. Edith se sentó sobre mis piernas, desaté poco a poco los cordones que sostenían su blusa. Mi mano pudo deslizarse hasta sentir unos senos firmes y tibios. No encontré resistencia alguna. Su respiración se oía cada vez más agitada. Sus lengua no podía estar quieta y mis manos tampoco. El tiempo se suspendió, no existía nada alrededor, solo se podían escuchar las olas azotando la playa
-Jóvenes, que pasó.
Esa voz hizo que nos separáramos sobresaltados.
-¿Qué pasó de qué?-Dije con nerviosismo.
-Pues si jóvenes, estas son faltas a la moral y están en un lugar público. Me los voy a tener que llevar a la delegación.
-No mi capitán, no estamos haciendo nada malo.
-¿No?. Mire nomás como tiene a la señorita.
-Ooooo…. Pues es mi novia.
-Ahorita voy a llamar a la patrulla para que se los lleven a barandilla y que sus papás vayan por ustedes. Además aquí peligran, no ven que los pueden asaltar, y luego la señorita no está de mal ver y se la pueden quitar-Dijo el policía mientras observaba la blusa entreabierta de Edith.
-Nel mi capitán, mire, somos estudiantes, no somos de aquí. Además, ya nos íbamos.
-Mire joven, usted está faltando a las reglas del bando de policía y buen gobierno. Es una falta grave la que están cometiendo.
-Neta mi capitán, ya nos íbamos. Mire dénos chance y ahí va una lanita para un café.
-Joven, me está usted insultando.
-Comprenda mi general, que no somos de aquí e imagínese la regañada que nos van a poner si caemos en el botellón. ¿A poco usted nunca anduvo así?
-No pos si. Bueno para que vean que me porto bien, mira ahí nomás pasa una corta y los dejo ir.
-Simón mi general.
Empecé a buscar entre mis bolsillos el dinero que había ofrecido, la sangre me subió más a la cabeza cuando me di cuenta que lo había gastado en las cervezas y los cigarros.
-Que Toño, ¿ya no traes?.
-Nel, ya me lo gasté. Y lo demás lo dejé en mi maleta. Puta madre.
-Ten yo te presto.
Edith sacó de la bolsa de su short un billete de quinientos pesos.
-Uuuuu mi cuate, ¿y apoco cree usted que con eso?, nosotros trabajamos toda la noche, también tenemos familia y nos pagan poco aquí. Póngale otro igual y con eso hago como que no vi nada.
-Mire mi coronel, ya no traigo más, neta.
-Ese relojito esta bonito mi zanca.
Me resigné a perder el reloj que me había regalado Rosi el día de mi cumpleaños, no era muy bueno, pero funcionaba.
-Bueno jóvenes, regresen a su hotel, y no vuelvan a andarse saliendo a estas horas.
-Si mi capitán, está bien. Gracias.
-Fue un gusto servirles.
Regresamos al hotel con un sentimiento de ser asaltados. Antes de subir a los cuartos nos quedamos un rato más en las escaleras. Continuamos con lo que habíamos dejado de hacer. No se que tiempo transcurrió, pero el cielo ya empezaba a tomar tonos rojizos, la luz del día estaba por llegar. En el sillón de la administración yacía Ramón completamente dormido, aún con una lata de cerveza en la mano.
Acompañé a Edith hasta su cuarto, más bien a buscar uno que no estuviera ocupado por algunos compañeros que no habían perdido el tiempo o en donde pudiera dormir. Encontramos uno en donde había cuatro chavas que se habían alejado del alucine de aquella noche.
-Aquí no puedes pasar- Me dijo
-¿Neta?
-Creo que no.
-Duérmete, nos vemos, mañana.
-Mas bien al rato.
Me dio un beso y me propuse a emprender la búsqueda de algún espacio para poder dormir.
El pasillo era ahora dormitorios, aún encontré a una pareja de compañeros que se hacían uno en un abrazo candente. Gerardo, envuelto en una sábana y en un avanzado estado etílico corría a lo largo del pasillo gritando:
-Soy el antipoeta del ocaso. ¿No habrá acaso algún cuarto disponible para mi?.
Jorge salió de una habitación:
-Que mi Toño, ¿No le entraste al degenere?
-Si güey, apenas me voy a dormir. ¿Y tu?.
-No me recuerdes por que me regreso, la Mayte fue la afortunada.
-Pinche Jorge, ya te la perjudicaste.
Tocamos en cada una de las puertas hasta que encontramos una en donde una voz nos contestó.
-¿Quién?
-Pinche Willy abre cabrón.
-Pásenle, pásenle. Aquí la fiesta continua.
El escenario no pudo ser más elocuente: humo, latas de cerveza regadas, Jona estaba profundamente perdido sobre la alfombra. En medio del cuarto estaba Arturo boca abajo.
-No mames ¿y a este que le pasó?- Preguntó Jorge.
-Pos se le cansó el caballo. Y ahora funciona de mesa.
Arturo estaba sin playera, y sobre el, las cervezas. Exactamente parecía una mesa de centro.
“Si estas canzada y muy sola, no tienes con quien hablar. Si te hace falta alguna ayuda, no lo pienses más, te podré alcanzar, estés donde estés”
-Oye pinche Willy ¿Qué no tenías que competir al rato? ¿Y no este mendigo de El Perro corría los cien metros planos?-Dije con asombro.
-A huevo, yo voy a correr como galgo- Dijo El Perro.- Yo voy a ganar la carrera. Como galgo, cabrón, te juro que voy a correr como galgo.
-No mames estas bien pedísisisisimo.
-A huevo, hay que beber hasta cagar sangre.
Me senté en la alfombra, destapé una cerveza. Obviamente fui cuestionado por los que aún quedaban en pie sobre lo que había pasado con Edith. No di muchos detalles, pero conté mi hazaña. Claro está que omití el asunto del policía.
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Quién?
-Ya te oí pinche Willy. Abre cabrón.
-No mames es Javier, el maestro de educación física.- Dijo Willy.
El Willy y el El Perro corrieron al baño, sabían que el maestro de educación física, su entrenador, los reprimiría por el estado en que se encontraban. Corrieron a esconderse al baño, Willy abajo del lavabo y El Perro en la regadera.
-Abran cabrones-Gritaba Javier.
Esperé a que se cerrará la puerta del baño. Entre abrí la puerta:
-Déjame pasar-Espetó Javier.
-¿Que pasó Profe?
-¿Dónde están esos cabrones?
-¿Quiénes?- Pregunté
-No se hagan, dame permiso.
Javier empujó la puerta y echó una mirada rápida, se dirigió al baño encontró la puerta con seguro.
-Abran cabrones, esto les va a costar caro.
Ante la amenaza, los dos indisciplinados deportistas, salieron de sus escondites.
-No mamen, miren nomás cómo están. Órale a dormir, siquiera unas cuantas horas, sus competencias empiezan hasta las 12:00. Ya ni la chingan.
-Ooooo Javier, no te esponjes, yo te juro que voy a correr como galgo.
La luz del día llegó y yo no había tener un momento de sueño. Nuestro maestro de teatro llegó cómo a las 9:00 de la mañana, el tuvo una parranda muy particular.
-Vámonos a la playa a desayunar unos marisquitos ¿no?. Un caldo de camarón no caería nada mal.
Vi la oportunidad de que un cuarto quedara solo, pensé en dormir un momento.
-¿Tu no vas?-Me preguntó.
-Nel, estoy cayendo de sueño. Me quedo. Más tarde como algo.
-¿Entonces te quedas?
-Simón
-¿Y tu niña?
-Yo también me quedo.
En esa voz pude reconocer a Edith, que acaba de llegar a la puerta del cuarto.
-Bueno. Cuidadito, cuidadito.
-Si no te preocupes.
La puerta de la habitación se cerró.
Edith se sentó en la cama donde yo estaba.
-¿O quieres que me vaya?
-Este…. no, no, no, puedes quédarte.
Se acostó a mi lado. El perfume de su pelo y de su cuerpo denotaba que se acababa de bañar. Su pelo aún húmedo rozó mi cara. Sus labios volvieron a besarme. Después de un momento pude despojarla de su playera. Un sostén blanco quedaba entre sus senos y yo. Intenté quitar todo lo que nos estorbará. No me dejó más allá de su short, el cual, pedía a gritos que me deshiciera de el, pero algo dentro de ella le decía que no debía hacerlo.
Volví a perder la noción del tiempo. Después de un rato el desvelo nos venció, nos quedamos profundamente dormidos.
A las 5:00 de la tarde estábamos ya en en el lobby del hotel esperando el camión que nos traería de regreso a casa. Nuevas parejas se habían formado, producto de una noche fragorosa. Paty y Carlos se encontraban muy amorosos sentados sobre una jardinera del hotel. Nos percatamos de que el novio de Gaby estaba llegando al hotel. Mario corrió a avisarle.
-Gaby, Gaby, tu novio está buscándote. Está en la recepción preguntando por ti.
-En serio.
-Te lo juro.
-¿Que hacemos?
Resolvieron en que Gaby se regresaría con su novio a Chilpancingo y que allá arreglarían las cosas, terminaría con el para poder estar con Carlos.
Por la noche estábamos de regreso en nuestros hogares. Antes de partir hicimos un pacto de honor en que de todo lo ocurrido durante esa noche no saldría de nuestras bocas.
Es obvio que muchos de nosotros no cumplimos con la promesa.
Edith y yo juramos no decir nada de lo ocurrido entre nosotro. Rosi finalmente si se enteró después de que en una noche de muchas caguamas Edith le confesó su deslealtad.
Después de que el maestro de teatro pasó a avisarnos sobre el inicio de las audiciones para formar el grupo de teatro escolar, Jona, Pocho y yo tomamos la decisión de hacer lo posible de entrar al grupo. Y ahí estábamos los tres pseudoactores atraídos por las historias que nos había contado el Jona. La neta es que el maestro de teatro era muy conocido en la escuela por ser bonachón y amiguero, además participaba en los eventos culturales de la escuela. Toda la escuela sabía que tenía ciertas inclinaciones sexuales.
Quien sabe por que azares del destino quedamos incluidos los tres y nos dieron un pequeño papel para que lo desarrolláramos. Ensayábamos los martes y jueves por la tarde. Poco a poco empecé a sentir un gusto por esa actividad, y además descubrí que era una buena oportunidad para estar fuera de casa.
Nuestras clases de teatro iban viento en popa, la obra que representábamos era una que escribió nuestro maestro. Se trataba de las peripecias que unos chavos pasan durante la juventud. Descubrí mis “dotes “histriónicos y poco a poco me empecé a adentrar, al punto en que logre ganarme uno de los personajes principales de la obra. Conocía a muchos nuevos amigos, Mario y Ricardo tenían los mejores papeles.
Un día antes de comenzar el ensayo el maestro nos comunicó:
-Chavos, dentro de 2 meses se van a organizar los juegos estatales en Acapulco, así que vamos a participar con esta obra. Necesitamos ensayar muy duro y solo van a poder ir los que desempeñen mejor sus papeles. Nuestra escuela tiene cinco años consecutivos ganando el primer lugar en esta disciplina así que de ustedes depende.
El júbilo fue general, sabíamos lo que representaba salir de la ciudad, solos y a un lugar como Acapulco.
Los ensayos fueron arduos y dentro del grupo se empezó a percibir el olor a romances y las parejas empezaron a formarse. En lo personal me encantaba una niña que se llamaba Paty, era una niña chaparrita que iba en mi salón, con una cara angelical, pero tenía un defecto tremendo: tenía novio; por cierto muy gordo y muy mal encarado.
Recuerdo que ella escribía con la mano izquierda, por lo tanto le era muy difícil acomodarse en su butaca; siempre usaba un perfume muy suave, podía reconocerla cuando estaba cerca..
Había otras chicas muy guapas: Sandra, Gala, Edith que era amiga de Rosi mi novia, Tere, que era hermana de Tito mi vecino, a la cual ya conocía anatómicamente por haberla visto en mi sesión de fisgón en el baño; etc., todos llegamos a conjuntar un grupo muy divertido.
La fecha del concurso se acercaba cada vez mas, mis encuentros con Rosi eran menos esporádicos y no perdíamos la oportunidad de ir a la casa del Román, me sentía bien estando con ella, ya que podíamos pasar horas juntos, en teoría ella era mi novia pero en la práctica distaba mucho de serlo ya que nunca fui detallista con ella o muy pocas veces le dije que la quería, sin embargo ella me lo repetía constantemente, yo creo que la veía mas con ojos de lujuria que de otra cosa. Hasta el momento no había pasado nada.
Un día por la tarde me llamó y me dijo que se iba a inscribir en el conjunto de gimnasia rítmica que concursaría en los juegos de Acapulco y quería que la acompañara a la audición. No le costó mucho tiempo entrar, ya que sabía bailar muy bien. Ella también tenía sus ensayos por la tarde y por lo tanto nos veíamos casi todas los días al salir.
Después de muchos ensayos, llegó el día; antes de salir hacia Acapulco a bordo del camión escolar, Rosi se despidió de mi:
-Te portas bien, van muchas chavas, seguramente vas a encontrar demasiado alcohol. Ya le dije a Edith que te echara un lente. Así que por favor, cuídate, no me vayas a poner el cuerno.
-No te preocupes, además allí va tu amiga Edith, así que me va a vigilar.
-¿Te digo algo?.- Me dijo
-Si.
-Me gustaría que tu me acompañaras a Acapulco cuando me toque concursar. ¿Qué piensas?
-Híjole la neta es que ando bien corto de feria, y ya vez como es mi jefe, no creo tener muchas posibilidades, pero bueno, voy a hacerle la llorona. ¿Cómo ves?
-Inténtalo. Me gustaría que fueras, te conviene.
-¿Me conviene?, ¿en serio?...¿por qué?.
Y me dio un largo beso.
Ya todos arriba del camión nos encaminamos hacia el puerto, el nerviosismo crecía entre todos. Alguien llevó una grabadora enorme y el rock en español no dejaba de sonar. Después de dos horas de camino llegamos a Acapulco justo a la hora de comida. Recuerdo que como estaban muchos estudiantes de todas las partes del estado, nos concentraban a todos en algún lugar para comer y los encargados de realizar las comidas eran nada más y nada menos que los soldados del batallón de infantería, así que la comida era pésima, realmente no se que era lo que me sirvieron y el agua nunca supe de que era. Opté por mejor no comer.
Después de la “comida”, nos dirigimos al teatro donde nos tocaría concursar; la confianza en nosotros mismos era demasiada, estábamos seguros que ganaríamos el primer premio. Llegamos al lugar y nos dieron uno de los camerinos, ahí tuvimos que cambiarnos. El detalle es que era un camerino para todos, así que tuvimos que dejar el pudor por un momento y cambiarnos a la vista de todos. En una esquina pude advertir que Paty empezaba a desvestirse, mi vista quedo fija por un momento mientras disfrutaba de la visión, cuidadosamente se quito la blusa y la dejó a un lado para proseguir con la minifalda de mezclilla, lógicamente pude obtener una visión a detalle de su ropa interior. No me fijé en que todas las muchachas hacían lo mismo, solamente centré mi mirada en ella.
-Pst, pst.- Escuché.
Voltee hacia la izquierda, era Edith la amiga de Rosi:
-Te paso un vasito
-¿Un vasito? ¿De que o para que?
-Porque se te esta cayendo la baba. Apúrate, que no te has cambiado y ya estamos por salir. Nada más estas de fisgón.
-Si tú me dejas que te vea cuando te cambias no tendría que estar volteando para allá.
-Cálmate, que te traigo muy bien cuidadito.
-Menos mal. ¿Es marcaje personal?, ¿Te comprometes a cuidarme todo el día y no despegarte de mi?
-Claro.
-Ok.
Nuestro turno llegó. Salimos a escena, todo transcurrió a la perfección, era obvio que los días de ensayo habían dado frutos. Estábamos seguros de llevarnos el primer lugar. Al terminar nuestra actuación la gente nos aplaudió mucho. Sabíamos que lo habíamos logrado. Después de nosotros le tocó el turno a la prepa anfitriona y nos pudimos percatar que realmente no podían hacernos sombra.
Dos horas después llegó la hora de que el jurado diera su veredicto. Un hombre obeso tomó el micrófono:
-Autoridades, jóvenes, público en general: el jurado calificador dará los resultados del concurso estatal de teatro. El tercer lugar le corresponde al plantel de Taxco.
Se escucharon aplausos y los chavos de Taxco saltaron de alegría.
-El segundo lugar es para….
Todos nos quedamos inmóviles en espera del resultado, algunas chicas se abrazaban entre sí.
-El segundo lugar es para ………..
Si, para nosotros. Ciertamente, nos habían robado el primer lugar. Las chicas rompieron en llanto.
-El primer lugar es para el anfitrión Acapulco.
Mario de un brinco llegó hasta donde estaba la mesa del jurado y empezó a cuestionar la ética del jurado y de los organizadores. También nuestro maestro empezó a discutir. El público gritaba fraude. Obviamente no pudimos cambiar nada.
Recogimos nuestras cosas del camerino y nos dirigimos al hotel en donde pasaríamos la noche. En el camión todo era tristeza, de repente nuestro maestro llegó al camión:
-Chavos, estoy muy orgulloso de ustedes, realmente esto fue un robo, pero estén tranquilos, ustedes fueron los mejores. Ahora a disfrutar del rato que tengan libre y felicidades.
Se escucharon gritos de aprobación. Rafa uno de los cuates del grupo subió al camión con dos cartones de cerveza:
-Orale gueyes que se los discutió el profe. A chupar a chupar que el mundo se va a acabar.
Se encendió la grabadora: “Y vivo atado a un sentimiento carnal, atado a tu luna”
Todos tomamos una cerveza y empezamos a cantar, algunas chavas continuaban llorando.
-Órale pinche Edith, sampate una.
-No, yo no tomo.
-¿Como que no? ¿Entonces que pretendes hacer esta noche? ¿Dormir?
-Pues, este, no se.
-Ándele, sámpesela.
-Bueno.
Encendí un cigarro y todos me empezaron a pedir. En un abrir y cerrar de ojos se acabaron.
-Que pinche Toño, ¿hoy si la prendemos?, al fin que las penas con pan son buenas.-Me dijo el Jona.
-Simón, hoy si, al fin que no tengo que llegar a mi casa y aquí ni quien te diga nada.
-Cámara pinche Toño. Ya te estas volviendo hombre. Chance te perjudicas a la Edith.
-No mames, es la cuata de Rosi.
-¿Y?
-Oooo.
“Lucha de gigantes, convierte el aire en gas natural. Un fuego salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal, siento mi fragilidad”.
-Chofer, párate tantito en la tienda ¿no? Ya se acabaron las chelas y los cigarros. Órale, la coperacha.
Mario empezó a juntar el dinero y en un santiamén llenó de nueva cuenta los cartones. Repartió dos cajetillas de cigarros.
-Vámonos chofer.
“Tengo roto el corazón, desarmada la razón, podrás tener más de mil romances, nunca con sinceridad”
Llegamos al hotel. Nuestro profesor nos junto en la recepción.
-A ver hijos míos. El piso no. 3 es para nosotros, pero…pero....pero, hay cuartos en los que ya hay chavos que compiten mañana en atletismo y voley ball. Así que por favor no los molesten. Entonces quedan siete habitaciones. Obviamente son cuatro para hombres y tres para mujeres.
-¿Por que no todos revueltos?- gritó Arturo
-Concuerdo completamente con el punto que el compañero acaba de exponer. Y ¿ustedes banda?-añadió el Pocho.
-Brincos dieran. Contestó Gala
-Nada de revoltijos cabrones, no quiero domingos sietes o bodas anticipadas después de esto. Así que ya saben, echen su desmadrito, diviértanse pero tranquilicen sus hormonas. No quiero locuras. Así que chicas cuartos uno, dos y tres para ustedes, cuatro, cinco, seis y siete para los varones y mucho cuidadito cabrones.
-Reunión de damas en el cuarto tres.-Avisó Sandra
-¿Pos como ven chavos? Reunión de huevones en el cinco ¿no?- Grito Mario.
-Aprobado por unanimidad.
Todos dejamos nuestras maletas en cuartos diferentes y como alma en pena nos reunimos en el cuarto cinco. Al abrir la puerta humo de cigarro invadía la habitación y en el centro tres cartones de cerveza.
“Y creo que he bebido más de cuarenta cervezas hoy, y creo que tendré que expulsarlas fuera de mi. Y subo al water que hay arriba en el bar y comienzo…”
-Órale y esto de donde salió-pregunté.
-Como ves que estos cartuchitos se los discutió el profe- me dijo Jona
-Chido, presta para andar igual ¿no?
-Cámara
-Mmmmm, estás coronelas están como nalga de muerto y con este pinche calor que esta haciendo, a ver voy abrir el balcón.
Al momento de abrir el balcón me sorprendió escuchar el relajo que se estaba armando en el cuarto contiguo, era la reunión de las chavas. Me percate que los balcones estaban comunicados y que solo los separaba una pequeña pared.
Me asomé con cuidado de no ser descubierto. Mi sorpresa fue mayúscula. La mayoría de las muchachas no tenían puesto nada encima más que la ropa interior e inclusive Sandra y Paty acababan de tomar un baño, estaban envueltas únicamente en una toalla. Una pared me separaban de la visión que disfrutaba y tres pisos de una muerte segura.
-Esto es vida y que se acabe- pensé
-Hola morritas ¿Cómo se la están pasando? ¿chido?
-Pinche Toño mirón, sácate a la chingada.
Recibí un certero toallazo en la cara que por poco me hacía perder el equilibrio. Todas se cubrieron con las sabanas o con lo que pudieron encontrar a la mano.
-Pinche Toño eres un fisgón de primera- me grito Edith.
-Ooooo, fue por pura casualidad, yo solo quería ver como se la estaban pasando.
-Si guey.
-¿No quieren unas chelitas?
-¿Cómo ven? A ver, este, ¿Quién quiere?
-A no manchen ¿como que quien quiere?, o todas coludas o todas rabonas. Una, dos, tres, cuatro cinco, seis, siete, ocho, nueve.
-Nueve chelas Mario acá para nuestras morritas.-Le dije.
-A no mames apoco de ahí las estas viendo.
-Simón
-Orale gueyes acá están las carnes.
-Hola chiquitas.
-Sáquense de aquí- gritaron en conjunto
-Oooooo.
Tuvimos que dejar el balcón y nos concentramos en los cartones que había.
Se oyó que alguien tocaba la puerta del cuarto. Era Willy, que tapado nada más en una toalla de manos, se quejaba del hotel:
-No mames, este pinche hotel está tan rascuacho que ni agua hay. No mames, no hay agua güey.
Willy se descuidó y Ramón y Mario le quitaron la toalla, lo empujaron hacia afuera del cuarto y cerraron la puerta.
-No mamen, no sean culeros, abran ojetes.
Tocó en cada una de las puertas de las habitaciones de los hombres pero fue inútil, nadie la abrió.
Paty abrió la puerta del cuarto en donde estaban todas las mujeres:
-¡Dios santo! Willy anda desnudo corriendo por el pasillo- Corrió.
Todas las chicas salieron a verlo.
-¡Papacito!- se oyó con voz femenina.
Los chiflidos no se dejaron esperar. Una sábana voló desde el cuarto de las chavas y luego la puerta se cerró. Willy la tomó y se envolvió en ella. Por fin alguien se apiado y le abrió un cuarto. Después de un rato regresó con un short y una playera que quien sabe quien le prestó.
-Pinches ojetes.
Las risas inundaron la habitación.
“No tengas miedo de perderte, no, el tiempo pasa tan despacio en Sildavia, no hay, desiertos, no hay, falsa pasión”.
A los cinco minutos se escuchó que tocaban en la puerta. Arturo abrió. Era el maestro Clark, amigo de nuestro maestro de teatro que se había adjuntado a la comitiva. Con visos de una avanzada parranda y con 4 six de cerveza en una bolsa nos dijo.
-¿Se puede?
-Claro que si Clark, pásale.- dijeron todos.
-Ora…. Ahí les van unas chelas. ¿O no las quieren?
-Échamelas pa’ca antes de que te arrepientas- Dijo Mario.
-¿Que creen chavos? Vengo de platicar con las chavas y ¿Que creen?- dijo Clark.
-Que profe, desembuche- dijo Jona.
-Que las chavas quieren onda.
-A huevo, se los dije, uuuuuuu. Ora si quien sabe. Tráetelas para aca, o no, mejor vamos para su cuarto..- dijo Mario.
-No aguanten, yo mejor voy a platicar con ellas y ya les digo.
-Va.
El profesor Clark salió del cuarto y el revuelo de la noticia llenó de alboroto el ambiente.
-No mames, yo aparto a la Gala- dijo Arturo.
-Nel. Yo a la Gaby.- Dijo Carlos
-Yo me voy por Paty- Dije.
-Cálmate cabrón, que ahí viene tu cuidadora-Me replicó Jona.
-¿Sabes que pinche Jona? Hoy, en serio, hoy me vale madre todo. Y más vale que se me haga hoy o nunca. Ya estoy hasta la madre de esta pinche virginidad. Ya es necesario que me haga justicia la revolución cabrón. Chance mañana muero de la cruda.
En cinco minutos Clark estaba de regreso en la habitación.
-¿Qué onda y las chavas?- dijo Ramón.
-¿Qué creen chavos?-Dijo clark
Todos teniamos una cara de impaciencia por saber el transcurso de los hechos.
-¿Qué cree?, que las chavas también quieren onda.
-A huevo- fue la expresión general.
-Hasta que se me va a hacer santísima virgencita.- Dijo el Pocho.
-Aja ¿Y? ¿Qué hacemos?- Preguntó Mario al maestro.
-Pues aquí están.
Al decir esto, el profesor abrió la puerta del cuarto y todas las chavas entraron. Unas animadas, otras no tanto. Edith traía una bolsa con cerveza en las manos.
Rafa empezó a surtir de cerveza a las muchachas. Edith se dirigió al lugar en que yo estaba.
-Te dije que te iba a cuidar, así que no tienes chance de portarte mal.
-Oooo dame chance, una vez al año no hace daño. Mira tu nomás te haces ojo de hormiga y no dices nada.
-No te hagas esperanzas.
“Yo, caminaré entre las piedras hasta sentir el temblor en mis piernas, a veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza”.
El espacio en el que estábamos más de 20 era muy reducido. Para esto, atraídos por el relajo, ya se habían unido a la fiesta mi cuate el Perro y el Willy, los dos iban a concursar al otro día en atletismo. La cerveza se terminó y se enviaron comisiones de búsqueda y obtención del producto de la cebada. Para nuestra fortuna a pocas cuadras del hotel se localizaba “La costeñita” una tienda de 24 horas.
Después de dos horas los efectos de la cerveza empezaron a causar cierta euforia en algunos de nosotros y por consiguiente en ellas también. Transcurrió una hora, me levante de mi lugar. Tenía bastante hambre.
-Voy a tragar algo, la neta es que ya tengo mucha hambre, esa pinche comida que sirvieron los guachos estaba de los mil diablos y a esta hora ya me están reclamando las tripas-Dije
-Te acompaño-dijo Edith
-Cámara
-Yo también voy-Dijo Gala
-Y yo- se agregó Sandra.
-Pinche Toño, no te las lleves, apenas estamos entrando en confianza y tu ya saliste con tus jaladas-Me dijo Mario.
-Ooooo aguanta, ahorita regresamos.
Me acompañaron 7 de ellas, llegamos a una taquería frente a la playa de Caleta.
-Yo quiero dos al pastor y una chela.
-Yo una-dijo Edith
Todas las chavas pidieron de cenar.
-Toño ¿me das de tu cerveza? Me dijo Edith
-Va
En cinco minutos ya se había terminado mi cerveza, para lo cual solicito al mesero otra más, y fue secundada por las demás chavas que también pidieron su respectiva. Al pasar del tiempo siguieron pidiendo cervezas y para cuando terminé mi cena las chicas ya habían consumido unas cuatro cervezas cada quien. Caras ruborizadas, risas y gritos me hacían ver que a algunas ya se les había subido el alcohol.
-Chavas vámonos- Les dije
Para cuando llegamos al cuarto del hotel, me di cuenta que ya los compañeros también ya estaban alegres y eufóricos.
-Pinche Toño te tardaste y ve como traes a las chavas: bien pedas- Me dijo Gerardo.
-No mames, ellas pidieron y pues tuve que dejarlas.
Las cervezas siguieron corriendo y el cuarto se empezó a convertir en un relajo total.
“Soy un chico de la calle, camino la ciudad con mi guitarra sin molestar a nadie”.
Muy disimuladamente Paty se salio del cuarto y me percaté que Carlos la seguía, ocuparon la primera habitación que yacía sola debido a que todas las chavas estaban en el cuarto de los hombres. Hicieron lo propio Mario con su novia Andrea, ellos ocuparon la segunda habitación. Después Gala con Arturo ocuparon la habitación restante. Jona y Pocho estaban sentados en una esquina del cuarto ya entrando en estado etílico. Edith, sentada junto a mi.
Poco a poco el cuarto se fue quedando vacío. Los demás optaron por buscar un lugar más apropiado para entrar en más confianza. Pronto el pasillo del hotel se empezó a convertir en un espacio en el que se veían solo siluetas en la oscuridad.
Mientras tanto en la habitación solo permanecíamos Arturo con Gala, el Pocho, Jona, Edith y yo.
-Oye Toño, vamos a la tienda ¿no?. Tengo ganas de un refresco.- Me dijo Edith.
-Simón y ya no hay cerveza ni cigarros. Sirve de que compro unas dos aunque sea pa’mi, por que si las traigo pa’ca seguro me las agandallan.
Dejamos el hotel y nos dirigimos a la tienda que se encontraba unas 4 cuadras calle abajo y a una cuadra de la playa. Eran aproximadamente la 1:00 de la madrugada. No había carros, ni gente en las calles.
Llegamos a la tienda, hicimos nuestro pedido.
-Híjole, está media canija la subida ¿no?- Le dije a Edith.
-Si que hueva ¿Y si vamos a la playa?- Me contestó
-Buena idea
Caminamos hacia la playa, la cual obviamente estaba desierta. Nos sentamos sobre la arena húmeda. Y platicamos por largo rato. Terminé mis cervezas y compré otras dos más. El alcohol no hacía tanto efecto en mi.
-¿Oye?
-Si, dime.
-¿Quieres a Rosi?- Me cuestionó Edith.
-¿A que viene tu pregunta?
-Bueno lo que pasa es que, pues, ya tienes tiempo con ella y pues no sé.
-Llevamos 3 meses, pero así como que quererla, así mucho, pues la neta no.
-Osea que la engañas.
-No engañarla, pero no compartimos mucho, me siento bien con ella, pero hasta ahí. Todo se dio así sin quererlo.
-¿Te gusta?
-Mmmm, si me late, pero hay otras chavas que me laten más.
-Está bien. ¿Y que piensas de mi?
-¿De ti?, pues que eres a todo mecate, eres una buena amiga.
-¿Nada más?
La mirada de Edith se clavó en mis ojos. Se acercó mucho a mi boca.
-¿No te gusto?
-Este, la neta, la neta, claro que me cuadras.
Nuestras bocas no tardaron en unirse. Pronto estábamos tumbados sobre la arena.
-¿Oye Edith?, ¿Y si nos vamos a la enramada que está ahí?
-¿Quieres ir?
-Si, ¿Y tu?.
-También.
El fragor de los besos nos hizo olvidar que estábamos en un lugar público, solos en la noche. Edith se sentó sobre mis piernas, desaté poco a poco los cordones que sostenían su blusa. Mi mano pudo deslizarse hasta sentir unos senos firmes y tibios. No encontré resistencia alguna. Su respiración se oía cada vez más agitada. Sus lengua no podía estar quieta y mis manos tampoco. El tiempo se suspendió, no existía nada alrededor, solo se podían escuchar las olas azotando la playa
-Jóvenes, que pasó.
Esa voz hizo que nos separáramos sobresaltados.
-¿Qué pasó de qué?-Dije con nerviosismo.
-Pues si jóvenes, estas son faltas a la moral y están en un lugar público. Me los voy a tener que llevar a la delegación.
-No mi capitán, no estamos haciendo nada malo.
-¿No?. Mire nomás como tiene a la señorita.
-Ooooo…. Pues es mi novia.
-Ahorita voy a llamar a la patrulla para que se los lleven a barandilla y que sus papás vayan por ustedes. Además aquí peligran, no ven que los pueden asaltar, y luego la señorita no está de mal ver y se la pueden quitar-Dijo el policía mientras observaba la blusa entreabierta de Edith.
-Nel mi capitán, mire, somos estudiantes, no somos de aquí. Además, ya nos íbamos.
-Mire joven, usted está faltando a las reglas del bando de policía y buen gobierno. Es una falta grave la que están cometiendo.
-Neta mi capitán, ya nos íbamos. Mire dénos chance y ahí va una lanita para un café.
-Joven, me está usted insultando.
-Comprenda mi general, que no somos de aquí e imagínese la regañada que nos van a poner si caemos en el botellón. ¿A poco usted nunca anduvo así?
-No pos si. Bueno para que vean que me porto bien, mira ahí nomás pasa una corta y los dejo ir.
-Simón mi general.
Empecé a buscar entre mis bolsillos el dinero que había ofrecido, la sangre me subió más a la cabeza cuando me di cuenta que lo había gastado en las cervezas y los cigarros.
-Que Toño, ¿ya no traes?.
-Nel, ya me lo gasté. Y lo demás lo dejé en mi maleta. Puta madre.
-Ten yo te presto.
Edith sacó de la bolsa de su short un billete de quinientos pesos.
-Uuuuu mi cuate, ¿y apoco cree usted que con eso?, nosotros trabajamos toda la noche, también tenemos familia y nos pagan poco aquí. Póngale otro igual y con eso hago como que no vi nada.
-Mire mi coronel, ya no traigo más, neta.
-Ese relojito esta bonito mi zanca.
Me resigné a perder el reloj que me había regalado Rosi el día de mi cumpleaños, no era muy bueno, pero funcionaba.
-Bueno jóvenes, regresen a su hotel, y no vuelvan a andarse saliendo a estas horas.
-Si mi capitán, está bien. Gracias.
-Fue un gusto servirles.
Regresamos al hotel con un sentimiento de ser asaltados. Antes de subir a los cuartos nos quedamos un rato más en las escaleras. Continuamos con lo que habíamos dejado de hacer. No se que tiempo transcurrió, pero el cielo ya empezaba a tomar tonos rojizos, la luz del día estaba por llegar. En el sillón de la administración yacía Ramón completamente dormido, aún con una lata de cerveza en la mano.
Acompañé a Edith hasta su cuarto, más bien a buscar uno que no estuviera ocupado por algunos compañeros que no habían perdido el tiempo o en donde pudiera dormir. Encontramos uno en donde había cuatro chavas que se habían alejado del alucine de aquella noche.
-Aquí no puedes pasar- Me dijo
-¿Neta?
-Creo que no.
-Duérmete, nos vemos, mañana.
-Mas bien al rato.
Me dio un beso y me propuse a emprender la búsqueda de algún espacio para poder dormir.
El pasillo era ahora dormitorios, aún encontré a una pareja de compañeros que se hacían uno en un abrazo candente. Gerardo, envuelto en una sábana y en un avanzado estado etílico corría a lo largo del pasillo gritando:
-Soy el antipoeta del ocaso. ¿No habrá acaso algún cuarto disponible para mi?.
Jorge salió de una habitación:
-Que mi Toño, ¿No le entraste al degenere?
-Si güey, apenas me voy a dormir. ¿Y tu?.
-No me recuerdes por que me regreso, la Mayte fue la afortunada.
-Pinche Jorge, ya te la perjudicaste.
Tocamos en cada una de las puertas hasta que encontramos una en donde una voz nos contestó.
-¿Quién?
-Pinche Willy abre cabrón.
-Pásenle, pásenle. Aquí la fiesta continua.
El escenario no pudo ser más elocuente: humo, latas de cerveza regadas, Jona estaba profundamente perdido sobre la alfombra. En medio del cuarto estaba Arturo boca abajo.
-No mames ¿y a este que le pasó?- Preguntó Jorge.
-Pos se le cansó el caballo. Y ahora funciona de mesa.
Arturo estaba sin playera, y sobre el, las cervezas. Exactamente parecía una mesa de centro.
“Si estas canzada y muy sola, no tienes con quien hablar. Si te hace falta alguna ayuda, no lo pienses más, te podré alcanzar, estés donde estés”
-Oye pinche Willy ¿Qué no tenías que competir al rato? ¿Y no este mendigo de El Perro corría los cien metros planos?-Dije con asombro.
-A huevo, yo voy a correr como galgo- Dijo El Perro.- Yo voy a ganar la carrera. Como galgo, cabrón, te juro que voy a correr como galgo.
-No mames estas bien pedísisisisimo.
-A huevo, hay que beber hasta cagar sangre.
Me senté en la alfombra, destapé una cerveza. Obviamente fui cuestionado por los que aún quedaban en pie sobre lo que había pasado con Edith. No di muchos detalles, pero conté mi hazaña. Claro está que omití el asunto del policía.
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Quién?
-Ya te oí pinche Willy. Abre cabrón.
-No mames es Javier, el maestro de educación física.- Dijo Willy.
El Willy y el El Perro corrieron al baño, sabían que el maestro de educación física, su entrenador, los reprimiría por el estado en que se encontraban. Corrieron a esconderse al baño, Willy abajo del lavabo y El Perro en la regadera.
-Abran cabrones-Gritaba Javier.
Esperé a que se cerrará la puerta del baño. Entre abrí la puerta:
-Déjame pasar-Espetó Javier.
-¿Que pasó Profe?
-¿Dónde están esos cabrones?
-¿Quiénes?- Pregunté
-No se hagan, dame permiso.
Javier empujó la puerta y echó una mirada rápida, se dirigió al baño encontró la puerta con seguro.
-Abran cabrones, esto les va a costar caro.
Ante la amenaza, los dos indisciplinados deportistas, salieron de sus escondites.
-No mamen, miren nomás cómo están. Órale a dormir, siquiera unas cuantas horas, sus competencias empiezan hasta las 12:00. Ya ni la chingan.
-Ooooo Javier, no te esponjes, yo te juro que voy a correr como galgo.
La luz del día llegó y yo no había tener un momento de sueño. Nuestro maestro de teatro llegó cómo a las 9:00 de la mañana, el tuvo una parranda muy particular.
-Vámonos a la playa a desayunar unos marisquitos ¿no?. Un caldo de camarón no caería nada mal.
Vi la oportunidad de que un cuarto quedara solo, pensé en dormir un momento.
-¿Tu no vas?-Me preguntó.
-Nel, estoy cayendo de sueño. Me quedo. Más tarde como algo.
-¿Entonces te quedas?
-Simón
-¿Y tu niña?
-Yo también me quedo.
En esa voz pude reconocer a Edith, que acaba de llegar a la puerta del cuarto.
-Bueno. Cuidadito, cuidadito.
-Si no te preocupes.
La puerta de la habitación se cerró.
Edith se sentó en la cama donde yo estaba.
-¿O quieres que me vaya?
-Este…. no, no, no, puedes quédarte.
Se acostó a mi lado. El perfume de su pelo y de su cuerpo denotaba que se acababa de bañar. Su pelo aún húmedo rozó mi cara. Sus labios volvieron a besarme. Después de un momento pude despojarla de su playera. Un sostén blanco quedaba entre sus senos y yo. Intenté quitar todo lo que nos estorbará. No me dejó más allá de su short, el cual, pedía a gritos que me deshiciera de el, pero algo dentro de ella le decía que no debía hacerlo.
Volví a perder la noción del tiempo. Después de un rato el desvelo nos venció, nos quedamos profundamente dormidos.
A las 5:00 de la tarde estábamos ya en en el lobby del hotel esperando el camión que nos traería de regreso a casa. Nuevas parejas se habían formado, producto de una noche fragorosa. Paty y Carlos se encontraban muy amorosos sentados sobre una jardinera del hotel. Nos percatamos de que el novio de Gaby estaba llegando al hotel. Mario corrió a avisarle.
-Gaby, Gaby, tu novio está buscándote. Está en la recepción preguntando por ti.
-En serio.
-Te lo juro.
-¿Que hacemos?
Resolvieron en que Gaby se regresaría con su novio a Chilpancingo y que allá arreglarían las cosas, terminaría con el para poder estar con Carlos.
Por la noche estábamos de regreso en nuestros hogares. Antes de partir hicimos un pacto de honor en que de todo lo ocurrido durante esa noche no saldría de nuestras bocas.
Es obvio que muchos de nosotros no cumplimos con la promesa.
Edith y yo juramos no decir nada de lo ocurrido entre nosotro. Rosi finalmente si se enteró después de que en una noche de muchas caguamas Edith le confesó su deslealtad.
Despúes de eso, nunca volví a ver a Rosi.
Alfonso Maldonado Arellano
