jueves, octubre 12, 2006

EL CAZAFORTUNAS.

(El Chincual)

Dorotea, muchacha fea y taimada, hija única y la más rica del pueblo, fue cortejada por un cazafortunas; el sujeto planeó embarazarla y aparentar que, obligado por las circunstancias, aceptaba casarse con ella.

Entre las acciones de su plan para dejar la pobreza, figuraba la idea de invitarla al cine. La señorita Dorotea, después de manifestar algunos remilgos para ocultar su deseo, aceptó. El fulano, que sabía lo que hacía, empezó su labor de convencimiento en la oscuridad.

-Dame un beso, Doroteíta, dame un beso, preciosa- dijo él, con voz susurrante.
-¿Y chi nosss cachan?- contestó ella.
-No nos cachan, Doroteíta, no nos cachan- le aseguró el hombre.

Durante el tiempo que duró la proyección de la película, a Dorotea y a su acompañante, se les miró como un solo bulto al amparo de la penumbra.

-Dame esto, dame lo otro,... haz esto, haz lo otro,...- se le escuchaba decir al cazafortunas.

Ella, para todo tuvo un: “Y chi che chente,… y chi esto, y chi lo otro,...

Al transcurrir los días, Dorotea, sentía estar en la cima de su enamoramiento; fue cuando el fulano logró llevarla a un hotel de mala muerte que existía en las afueras del pueblo. A los pocos minutos de haber entrado en él, la pareja se entregó a las delicias del amor. Y, ahí está que, cuando más emocionado estaba el cazafortunas, éste, habló ansioso y necesitado:

-¡Muévete, Dorotea, muévete!

Ella, que para entonces estaba también a las puertas de un disfrute esperado, contestó con viveza pero con un dejo de preocupación:

-¿Yyyy, ... chi che chale?

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