Margarito López Ram írez
A Silvia Ojeda Jiménez
en reconocimiento a su actitud
y trabajo tesoneros.
A la memoria de don Roberto Ramírez, mi abuelo
y del maestro F rancisco G arcía Vázquez, mi amigo.
“Vericuetos de un Silencio” o la desenvoltura descriptiva de Margarito López Ramírez
«...Danos el libro que todos puedan leer,
el que sea para todos, como el sol;
y que todos lo entiendan como el agua; el que nos alumbre en este largo camino
que se llama vida;...»
Rafael Heliodoro Valle
Tal vez nadie mejor que Herman Broch, justifique la afirmación que “escribir es una provocación. Escribir es honrar a las metamorfosis del alma, a las transformaciones con apasionamiento, a vivir la vida propia y las ajenas, a desenredarse de los conflictos y el caos que circundan a la humanidad doliente. El escritor mira a las personas y a las cosas con visión fuera de lo común, sus ojos permanecen en vigilia para atraparlo todo, para devorarlo sin causar daño, digerirlo en la realidad de sus entrañas y expulsarlo convertido en hojas de papel.” El escritor como el poeta son seres únicos. Quien escribe aprende la forma y el contenido y cuando lo cree oportuno hace discurrir sus ideas y pensamientos en tropel, para compartirlos con sus lectores.
En la literatura, como en la vida, afirma Antonio Tabucchi, “lo fundamental no es encontrar, sino buscar. Los hallazgos me parecen secundarios, lo esencial es el ansia de la búsqueda”. Así se crean las verdades propias con las que habla toda la sociedad. Se da como cierto que quien convierte su vida en un relato “cae en los afanes del artificio y de la ficción”. Así los más antiguos recuerdos pueden ser pura invención para justificar la necesidad de estructurar la existencia como una totalidad y llenar así los vacíos de la misma.
Las aseveraciones anteriores permiten destacar la decisión afortunada del profesor Margarito López Ramírez, de publicar “Vericuetos de un Silencio”, relato novelado que muestra espacios objetivos sobre la cotidianeidad tixtleca, en el Estado de Guerrero. Aquí desfilan usos y costumbres heredados por nuestros mayores, perfiles y sombras; tradiciones y consejas; platillos regionales; emociones y afectos; también se muestra la dureza del trabajo agrícola bajo el sol quemante y la fresca caricia de los vientos del sur o la sombra de las arboledas del pródigo valle. Quien conoce la región y las viejas comunidades entiende las formas de vida y los conocimientos de sus moradores, interpreta sus silencios y de cuando en cuando traduce sus palabras en otros contextos.
Esta obra tiene la virtud de haber sido escrita con amor, con ese amor profundo que se da espontáneo al
saberse hijo de la noble, misteriosa y heróica tierra guerrerense. El autor discurre por los “Vericuetos de un Silencio”, caminos que parten a todos los confines, cargando la confidencia hermana, la añoranza reproductora de vivencias, de amores y sabores juveniles, las enseñanzas del padre y del abuelo, el cariño de los hermanos siempre unidos al terruño, pero también dejando escapar el grito desesperado o la dolorida reflexión por la mujer que decidió “dejar a su hombre” en homenaje a su belleza y demás atributos, “vivir su vida en el aquí y el ahora”.
Margarito, ha sabido trasladar las reminiscencias de infancia y juventud y las plasma a las páginas de esta su nueva obra que tiene calidad narrativa incuestionable. Como escritor tenaz, forjado en la práctica honrada, ha sabido desde siempre el valor de la palabra y su manejo auténtico, el fiel cuidado de su discurso han hecho posible consolidar su sitio entre los mejores cultivadores de la literatura regional guerrerense. Su mayor mérito radica en aprovechar las realidades de su entorno como temas de sus relatos, sabe situarse en el momento preciso para plasmar las emociones y pasiones de la sociedad y los individuos.
Entiende que la literatura se involucra con todo y que invariablemente es producto de las vigencias sociales en su conjunto. El reconocido maestro Arqueles Vela,
afirmaba que “las formas de vida, devienen en las formas del arte”. Esto nos permite advertir la evolución de la conciencia social a través de la creación estética.
En esta obra la calidad literaria se aprecia de principio a fin, sus personajes son seres en movimiento, su lenguaje popular es resultado del coloquio diario. El autor posee capacidad expresiva que favorece una firme estructura en la narración. No sobran los dichos, refranes, historias, cuentos y referencias sobre los comportamientos colectivos o de los protagonistas: Saturnino Lama, Abril Fernanda, Mercedes Guevara, Macrina Romero, la maestra Agapita, don Venustiano, don Federico Lama Abraján, Godofreda Rentería, Atenógenes Melecio, Altagracia, Lisandro Lama, José Salomé, Gertrudis Lama, Heraclio Terreros Garduño, Sinforosa Montiel, Cándida, Malaquías Guatemala, Generosa Gatica, Merenciana Zamudio, María de Jesús Pantaleón y Rentería, Pascuala Torres Ríos, Josefa Orbe, Dalila, Celestina Correa, Juana Guevara, Desiderio Mejía, el capador, doña quencha cuetes, susy pueblo y Juan arreglos, entre otros.
Destaco el recurso narrativo de Margarito que permite entender los fenómenos de la apropiación y la identidad a través del lenguaje. Quien vive por estas tierras o ha tenido acercamientos con moradores de otras regiones del Estado, sabe que el lenguaje nos une
e identifica. Como también el paisaje de abandono, tristeza, polvo, pertenencia y esperanza, aquí el tiempo fluye apaciblemente dentro de una irresistible voluntad por existir, por sobrevivir.
Esta obra llama la atención y recomiendo leerla y comentarla. Provoca curiosidad, es interesante el manejo de la psicología de los personajes en coloquial convivencia pueblerina. En alguna de sus estampas encontramos felices descripciones de edades, lugares y paisajes en donde nacimos, crecimos y nos reconocemos muchos guerrerenses con códigos muy específicos. Un nacimiento, una boda, un bautizo, un velorio, son actos en los que toda la comunidad se hace presente, comparte los mismas gustos y comulga con el mismo dolor.
“Saturnino adentra su andar en el calejón: ámbito de su pasado, espacio de juegos infantiles, paisaje de fantasías y realidades, lugar de quimeras de adolescente, territorio de amigos y adversarios, propiedad de todos y de nadie; cauce ocasional de aguas procelosas en donde zarparon, nave garon o naufragaron sus barcos de papel; solar de quicios y rincones testigos de caricias y besos primeros; foro de disputas, avenencias y contemplaciones”.
Con sus obras el maestro López Ramírez confirma que es un buen narrador con toques de gracia y
desenvoltura descriptiva, capaz de recrear personajes sencillos, gente del pueblo, que nace y se forma en el campo, que convive con toda la carga histórica, que marca los ámbitos provincianos y que acepta la muerte como el hecho más natural, para eso ha sido preparado en cada estación de su existencia. Pero además tiene el acierto de engrasar el molde en que ha de cocinarse el relato, esto es, el estilo, el tono, la palabra precisa. Tiene el cuidado de bajar la flama en el momento justo para evitar que se derrame. Cuidadoso, lo retira del fuego y lo deja enfriar. Añade la sal necesaria y lo sirve no en porciones, sino entero como debe deglutirse necesariamente un buen relato.
Este es un libro maduro preparado con esmero, que se lee con una sensación grata. Deseamos que el autor persista en el oficio. Apreciamos su talento, lo sentimos dotado para mayores faenas literarias.
Puede y debe continuar por estos vericuetos de la vida.
¡FELICIDADES!
José Rodríguez Salgado
Abril de 2006.
A Silvia Ojeda Jiménez
en reconocimiento a su actitud
y trabajo tesoneros.
A la memoria de don Roberto Ramírez, mi abuelo
y del maestro F rancisco G arcía Vázquez, mi amigo.
“Vericuetos de un Silencio” o la desenvoltura descriptiva de Margarito López Ramírez
«...Danos el libro que todos puedan leer,
el que sea para todos, como el sol;
y que todos lo entiendan como el agua; el que nos alumbre en este largo camino
que se llama vida;...»
Rafael Heliodoro Valle
Tal vez nadie mejor que Herman Broch, justifique la afirmación que “escribir es una provocación. Escribir es honrar a las metamorfosis del alma, a las transformaciones con apasionamiento, a vivir la vida propia y las ajenas, a desenredarse de los conflictos y el caos que circundan a la humanidad doliente. El escritor mira a las personas y a las cosas con visión fuera de lo común, sus ojos permanecen en vigilia para atraparlo todo, para devorarlo sin causar daño, digerirlo en la realidad de sus entrañas y expulsarlo convertido en hojas de papel.” El escritor como el poeta son seres únicos. Quien escribe aprende la forma y el contenido y cuando lo cree oportuno hace discurrir sus ideas y pensamientos en tropel, para compartirlos con sus lectores.
En la literatura, como en la vida, afirma Antonio Tabucchi, “lo fundamental no es encontrar, sino buscar. Los hallazgos me parecen secundarios, lo esencial es el ansia de la búsqueda”. Así se crean las verdades propias con las que habla toda la sociedad. Se da como cierto que quien convierte su vida en un relato “cae en los afanes del artificio y de la ficción”. Así los más antiguos recuerdos pueden ser pura invención para justificar la necesidad de estructurar la existencia como una totalidad y llenar así los vacíos de la misma.
Las aseveraciones anteriores permiten destacar la decisión afortunada del profesor Margarito López Ramírez, de publicar “Vericuetos de un Silencio”, relato novelado que muestra espacios objetivos sobre la cotidianeidad tixtleca, en el Estado de Guerrero. Aquí desfilan usos y costumbres heredados por nuestros mayores, perfiles y sombras; tradiciones y consejas; platillos regionales; emociones y afectos; también se muestra la dureza del trabajo agrícola bajo el sol quemante y la fresca caricia de los vientos del sur o la sombra de las arboledas del pródigo valle. Quien conoce la región y las viejas comunidades entiende las formas de vida y los conocimientos de sus moradores, interpreta sus silencios y de cuando en cuando traduce sus palabras en otros contextos.
Esta obra tiene la virtud de haber sido escrita con amor, con ese amor profundo que se da espontáneo al
saberse hijo de la noble, misteriosa y heróica tierra guerrerense. El autor discurre por los “Vericuetos de un Silencio”, caminos que parten a todos los confines, cargando la confidencia hermana, la añoranza reproductora de vivencias, de amores y sabores juveniles, las enseñanzas del padre y del abuelo, el cariño de los hermanos siempre unidos al terruño, pero también dejando escapar el grito desesperado o la dolorida reflexión por la mujer que decidió “dejar a su hombre” en homenaje a su belleza y demás atributos, “vivir su vida en el aquí y el ahora”.
Margarito, ha sabido trasladar las reminiscencias de infancia y juventud y las plasma a las páginas de esta su nueva obra que tiene calidad narrativa incuestionable. Como escritor tenaz, forjado en la práctica honrada, ha sabido desde siempre el valor de la palabra y su manejo auténtico, el fiel cuidado de su discurso han hecho posible consolidar su sitio entre los mejores cultivadores de la literatura regional guerrerense. Su mayor mérito radica en aprovechar las realidades de su entorno como temas de sus relatos, sabe situarse en el momento preciso para plasmar las emociones y pasiones de la sociedad y los individuos.
Entiende que la literatura se involucra con todo y que invariablemente es producto de las vigencias sociales en su conjunto. El reconocido maestro Arqueles Vela,
afirmaba que “las formas de vida, devienen en las formas del arte”. Esto nos permite advertir la evolución de la conciencia social a través de la creación estética.
En esta obra la calidad literaria se aprecia de principio a fin, sus personajes son seres en movimiento, su lenguaje popular es resultado del coloquio diario. El autor posee capacidad expresiva que favorece una firme estructura en la narración. No sobran los dichos, refranes, historias, cuentos y referencias sobre los comportamientos colectivos o de los protagonistas: Saturnino Lama, Abril Fernanda, Mercedes Guevara, Macrina Romero, la maestra Agapita, don Venustiano, don Federico Lama Abraján, Godofreda Rentería, Atenógenes Melecio, Altagracia, Lisandro Lama, José Salomé, Gertrudis Lama, Heraclio Terreros Garduño, Sinforosa Montiel, Cándida, Malaquías Guatemala, Generosa Gatica, Merenciana Zamudio, María de Jesús Pantaleón y Rentería, Pascuala Torres Ríos, Josefa Orbe, Dalila, Celestina Correa, Juana Guevara, Desiderio Mejía, el capador, doña quencha cuetes, susy pueblo y Juan arreglos, entre otros.
Destaco el recurso narrativo de Margarito que permite entender los fenómenos de la apropiación y la identidad a través del lenguaje. Quien vive por estas tierras o ha tenido acercamientos con moradores de otras regiones del Estado, sabe que el lenguaje nos une
e identifica. Como también el paisaje de abandono, tristeza, polvo, pertenencia y esperanza, aquí el tiempo fluye apaciblemente dentro de una irresistible voluntad por existir, por sobrevivir.
Esta obra llama la atención y recomiendo leerla y comentarla. Provoca curiosidad, es interesante el manejo de la psicología de los personajes en coloquial convivencia pueblerina. En alguna de sus estampas encontramos felices descripciones de edades, lugares y paisajes en donde nacimos, crecimos y nos reconocemos muchos guerrerenses con códigos muy específicos. Un nacimiento, una boda, un bautizo, un velorio, son actos en los que toda la comunidad se hace presente, comparte los mismas gustos y comulga con el mismo dolor.
“Saturnino adentra su andar en el calejón: ámbito de su pasado, espacio de juegos infantiles, paisaje de fantasías y realidades, lugar de quimeras de adolescente, territorio de amigos y adversarios, propiedad de todos y de nadie; cauce ocasional de aguas procelosas en donde zarparon, nave garon o naufragaron sus barcos de papel; solar de quicios y rincones testigos de caricias y besos primeros; foro de disputas, avenencias y contemplaciones”.
Con sus obras el maestro López Ramírez confirma que es un buen narrador con toques de gracia y
desenvoltura descriptiva, capaz de recrear personajes sencillos, gente del pueblo, que nace y se forma en el campo, que convive con toda la carga histórica, que marca los ámbitos provincianos y que acepta la muerte como el hecho más natural, para eso ha sido preparado en cada estación de su existencia. Pero además tiene el acierto de engrasar el molde en que ha de cocinarse el relato, esto es, el estilo, el tono, la palabra precisa. Tiene el cuidado de bajar la flama en el momento justo para evitar que se derrame. Cuidadoso, lo retira del fuego y lo deja enfriar. Añade la sal necesaria y lo sirve no en porciones, sino entero como debe deglutirse necesariamente un buen relato.
Este es un libro maduro preparado con esmero, que se lee con una sensación grata. Deseamos que el autor persista en el oficio. Apreciamos su talento, lo sentimos dotado para mayores faenas literarias.
Puede y debe continuar por estos vericuetos de la vida.
¡FELICIDADES!
José Rodríguez Salgado
Abril de 2006.

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