sábado, octubre 25, 2008

Al otro lado del silencio (Parte 2)

II

-Les tengo una noticia- dijo el Jona
-Desembucha
-El Román acaba de rentar una casa por ahí por San Panchisco y esta suave, tiene estereo y puso un chorro de posters de Maiden y Mötley, le quedó chido, así que ahí se van a poder “orgianizar las parchangas”, nada más hay que ayudarle con el aseo y no ensuciar.
-Cámara vamos a conocer ¿no? La llave está en la maceta. - dice el Valle
-Simón al final de la clase. - Le dije
-Nel vamos de una vez al fin que tenemos clases con la pinche gorda esa que me cae re´mal, ¿Apoco te vas a rajar?
-No mames güey, voy a tronar un madral de materias por su pinche culpa.
-Puto si no vas. Me dijo el Jona.
-Ni modo, vámonos, pero la puerta esta cerrada.
-Nos saltamos por allá atrás.
Y allá vamos; primero pasó la Zorra, luego el Pocho, luego el Valle y al último yo.
- Apúrate güey que te va a cachar el pinche Adolfo.
En el salto mi chamarra de piel, que mis tíos me trajeron de Francia, se atoró en un alambre y se rompió.
-Puta madre, ya valió, se madreo mi chamarra. Y todo por hacerles caso cabrones.
-Ni pedo – Me dijo el Valle.
-Me carga….me van a cagar mis jefes.
-Ya güey no sea chillón – Me dice el Pocho.
Román era un cuate ya grande, tenía como unos 38 o 40 años pero era amigo de nosotros. Yo lo conocía desde hace mucho tiempo, trabajó en la misma oficina de gobierno que mi padre. Decían que era homosexual, pero nunca nos dijo algo o se supo que tuviera afición extraña, así que siempre hubo un respeto muto. Además si alguien le pedía algún favor, sobre todo monetario, ayudaba. La mayoría de la banda era de escasos recursos, casi todos vivían en las colonias que se asentaban en las orillas de la ciudad: ropas raídas por el uso, tenis viejos, sin dinero para el almuerzo, un cigarro para todos.

Por mi parte aunque mi familia no estaba en la miseria, también por razones ajenas a mi, siempre andaba con un déficit monetario.

Llegamos a la casa del Román. Era pequeña y tenía una salita chiquita, una cocina, dos recamaritas y un patio pequeño.
-No mames, está al pedo.- Dijo la Zorra.
Jona tomó la almohada que estaba sobre el sofá y se la puso entre las piernas, comenzó a besarla y acariciarla.
-Mmmmmm, Sara oh si.
-Te digo, tienes un problema psicosexual cabrón.
-Ya pinche Toño.
-Pues esta bien la casita, mira hasta discos hay.
-Ponte el de Luzbel- Me dijo el Valle.

Y empezó a sonar: “….le pedía a Dios que se me apareciera para que así en el y en su palabra creyera, y solo encontré a una iglesia que peca de convenenciera”.

-Esta picuda esa rola, mi mamá ya me dijo que si la vuelve a escuchar en la casa me va a llevar a con un Cura.- Dijo la Zorra poniéndose los dedos en la frente simulando unos cuernos.
-Mi jefe me acusa de adorar a ídolos gringos y siempre me quita los posters que tengo en mi cuarto.- Dije
-Órale, la coperacha para las cocas y los cigarros, y de una vez el volado para ver quien manda al Valle – dijo Jona.
-Chale, vete tu güey. – Replico Valle
-De a 5 baros por piocha y no hay cuete yo voy.
-Cámara pinche Jona.

A su regreso, Jona comenzó a repartir los cigarros sueltos que había comprado. El humo empezó a invadir la diminuta sala sin sillas. Había varios cojines y una alfombra media vieja pero para nosotros era el paraíso, el perfecto lugar para irte de vez en cuando en lugar de estar en clase. Me gustaba mucho un poster grande que estaba pegado en la pared de la sala, era la portada del disco de Iron Maiden “Live After Death”. En una de las paredes, el Román empezó a dibujar el logotipo de Ratt y uno de Motley.

Ya como a las dos de la tarde :
- Orale güeyes a recoger su basura y echarle un zarpazo de tigre a la choza esta para que el Román nos de chance de venir más seguido-Dice Jona
-Cámara

Llegue a mi casa y con esa intuición femenina mi madre me gritó desde la cocina:
-A ver, ven acércate. Seguramente apestas a cigarro, ¿Cuántos te fumaste?
-Ninguno mamá, lo que pasa es que los cuates fuman y pues yo me impregno.
-No es cierto. Para que quieres que se entere tu padre de que fumas, ya ves que el ni fuma ni toma, y se me hace que te estas volando las clases. Empiezas a tener el pelo largo. No le busques tener broncas con tu papá.
-No jefa.
-¿Jefa?, no soy tu jefa, soy tu mamá. Ah, Te llamó Julio por teléfono.
-¿Julio? ¿Esta aquí.?
-No. Me dijo que hablaba de Puebla.

Julio era el mejor de mis amigos, lo conocía desde la primaria. Era de esos amigos que siempre se acuerdan de ti. Sus papas se divorciaron desde hacía mucho tiempo y el se fue a vivir a Puebla. Siempre que venía para acá nos veíamos y salimos al cine o dar la vuelta por ahí.

-Jef….Mamá. ¿Donde están mis pantalones rotos?
-Ya los tiré
-¿Cómo?
-Ya estaban que daban lástima.
-No mamá, no los tires, esos son mis favoritos.
-Si pero a mi me da pena que te vean en la calle así.
-¿Cuando los tiraste?
-Hoy
Corrí al patio donde estaban los botes de basura y por fortuna estaban ahí. Aunque con manchas de comida y no se que otra cosa más, los saqué y los lavé. Se oyó el ruido de la puerta, el jefe de la casa había llegado, entró mi papá.
Ya llegué.
-Que paso papá
-¿Como estas?
-Bien ¿y tu?
-Bien
Un beso en la mejilla.
-A ver…ven, ven…date la vuelta.
-Mañana no quiero verte con ese pelo, ¿eh?
-Pero papá…..
-Nada. Ya dije.
-¿Como vas en la escuela?
-Bien.
-¿Y las calificaciones?
-Hasta dentro de un mes1
-Hasta dentro de un mes. Si como no. Te lo advierto, que si vas mal te sales de estudiar y te me pones a trabajar en algo útil. Yo no quiero holgazanes en esta casa.
-Si papá.
-Ahh, se me olvidaba, al rato va a venir mi secretaria, va transcribir una conferencia que viene en un video. Así que tu le vas dictando.
-¿A que horas?
-Quedo de venir a las cuatro y media
-Cámara.
-¿Qué?
-Que si, le voy a ayudar.
-Por cierto que te quedaría muy bien. Con eso de que no te conozco ninguna novia, no me hagas pensar mal de ti eh?
-Chale, chale. A mi me laten las chavas, al que se me hace que no le gustan es al Carlitos.
-Órale – contestó mi hermano – yo que…..
-A ver, tradúceme al español esas palabras de chale…te estas refinando hijito.
-Ya esta servido- grita mi mamá desde la cocina.

El rico olor de la comida de mi mamá ya salía de la cocina. Me senté en la silla que me correspondía desde que por primera vez asistí al ritual de la comida con mis papas, no comíamos hasta que llegaba mi padre. Recuerdo que de chico me gustaba mucho sentarme en ese lugar por estar al lado de mi papá. Para mi era una persona a la cual respetaba mucho y quería, y que hasta cierto punto me infundía un poco de temor. Siempre había sido estricto conmigo, pero lo comprendía, venía de una familia muy pobre, su papá los abandonó y dejó en la miseria a el, a su mamá y su hermana, así que desde muy pequeño tuvo que buscar como ganarse la vida.

Me contaba que muchas veces no tenían que comer y que se alquilaba como peón o realizaba jornadas duras en el monte para juntar leña, el aseguraba que el trabajo en el campo era lo más duro que podía haber. Tuvo que salirse del pueblo polvoriento donde vivía para poder estudiar en la ciudad de México. Eso precisamente es lo que le admiraba: el deseo de no quedarse con las ganas de hacer algo. En ese tiempo tenía un trabajo estable que le daba no mucho pero si lo suficiente para darnos ciertas comodidades.
El era mi ejemplo a seguir.
Mi mamá por el contrario tuvo una vida más holgada, siempre me contaba que fue feliz cuando era niña, aunque también tuvo que salirse de su casa para estudiar en una ciudad más grande, donde me cuenta que vivió con una tía que la trató mal. Aunque estudió, siempre se dedicó únicamente a nosotros, era muy dulce y la quería demasiado.

Yo tenía dos hermanos, Carlos menor que yo por dos años y Karina, a la cual le llevaba 10 años. Carlos estaba en la secundaria y Karina en preescolar. Por cierto que ella era la consentida de la casa, era la luz.
A Carlos también le gustaba el rock, aunque discutíamos siempre por todo; compartíamos el mismo cuarto, el cual decoramos con posters de Iron Maiden y de Motley Crue, mi mamá decía que eran diabólicos. A mi me encantaban, sobre todo los de Maiden.
En mi recámara nunca dejaba de sonar la música, cuando estaba en casa siempre mantenía la vieja grabadora encendida. Solamente cuando mi padre llegaba se apagaba.

-Esta sonando el timbre. Ve a abrir
-Si papá
-¿Quién es?
-Soy Lidia, buenas tardes.
-Bu..bue…nas tardes. Diga?
-Hola mucho gusto, soy Lidia, la secretaria del Licenciado Robles. ¿Se encuentra?
-Este, si…si…pasa.

No, no era una visión. No sabía si estaba despierto, su nombre escuchado en una voz muy linda me pareció de lo mejor. Al dejarla entrar la recorrí con la mirada.
De atrás se veía divina, su olor era refrescante, estaba seguro que se acaba de bañar.

-Buenas tardes Licenciado Robles.
-Que linda voz- Me dije
-Mira Lidia, te presento a mi hijo, se llama Toño.
-Mucho gusto
-Échale la mano ¿si?
-¿Nada más una? Si de eso pido mi limosna-Pensé
-Claro que si.
-Pasa por aquí.

La video estaba en mi cuarto y la hice pasar para allá. Morena, pelo negro y a media espalda y un cuerpo excelente, su pelo húmedo caía sobre su espalda y se podía percibir el olor de la crema humectante. Me hizo imaginarla en el baño lleno de vapor.

-Así que tú eres el hijo del licenciado.
-Si así es.
-Pues yo creo que me vas a estar ayudando un buen rato, tengo que transcribir la conferencia que viene en este video y es muy larga.
-Si no hay ningún problema. ¿Vas a venir todos los días a esta hora?
-Parece que si. Lo que pasa es que yo estudio por las mañanas y a las cuatro entro a trabajar con tu papá, en vez de irme a la oficina me vengo para tu casa.
-Ok.

Me embrutecí con su mirada y con la minifalda de mezclilla que me dejaba ver sus torneadas piernas.

-¿Empezamos?
-Este….si, claro.
Después de dos horas:
-Bueno yo creo que aquí vamos a terminar por hoy. Ya me voy a la oficina.
-Si está bien.
-Me ayudas mañana?
-Como tu digas.
-Ok. Hasta mañana y mucho gusto.
-Bye.
-Te acompaño a la puerta.
-Si claro, voy a esperar la combi en la esquina.
-Este…te acompaño?
-Como quieras.
-Papá ya se va Lidia.
-Nos vemos en la oficina, ¿ok?
-Si hasta luego.

Ansié en ese momento tener un carro y poder llevarla hasta la oficina. Por desgracia estaba muy lejos de poder manejar el carro de mi papa, era casi imposible que me lo prestara y yo sabía manejar un poco.
No perdí la oportunidad para observarla nuevamente. Cuando por fin pasó el transporte, se despidió de mi y al subir el escalón de la combi pude observar sus hermosas piernas.

-Virgen santísima, aleja de mi estos malos pensamientos.

Al regresar a la casa:
-Que, como ves ¿te gustó?, tiene 17 años.
-Esta guapa.
-Órale…..
-Este…si….cámara
-Mmmmmmm
-Ohhhhh. Oye dame chance de ir al centro.
-¿A que vas?
-Con los cuates.
-Con los cuates, con los cuates, puro con los cuates, ¿Ya estudiaste?
-No tengo tarea
-No importa que no tengas tarea, estudia, lee algo. Nada más obtengo bajas calificaciones tuyas y te me sales de estudiar para ponerte a chambear.
-Si papá, no te preocupes.

Me salí al patio para ver si ya se habían secado mis pantalones rotos, para mi mala suerte no y dedico diez minutos a secarlos con la plancha.
-Mamá ya me voy.
-No te tardes, trata de llegar antes que tu papá para que no se enoje.
-Si Ma. Regreso luego.

Yo vivía en una zona cercana al centro, es uno de los barrios más tradicionales de la ciudad y se caracterizó hace muchos años por ser un barrio bravo, al donde los hombres o jóvenes de otros barrios no podían entrar por que eran sacados a pedradas.
Me gustaba mucho el barrio, en el parque de la iglesia pasé muchas horas agradables cuando era niño, realmente me dolió cuando tiraron unos de los árboles y destruyeron sus jardineras para remodelarlo.
No había muchos jóvenes en mi calle, por lo general habitaba gente ya grande y señoras beatas que no salían de la iglesia, así que la mayoría de mis amigos eran los que tenía en la escuela o que conocía desde la secundaria o primaria.

Al salir de la casa me encontré con Tania, era la única amiga que tenía en la colonia, había sido mi vecina por mucho tiempo. Era muy bonita y empezaba a mostrar un bello cuerpo, obviamente siempre había querido más que una amistad con ella pero como que el sentido de amigos estaba por encima de otras cosas. Vivía con su mamá, su padrastro y un hermano que estaba completamente demente, era una lata. Llegó aquí desde que íbamos a la secundaria y luego luego se relacionó con nuestro vecino Tito, que por cierto no estaba muy agraciado por la vida. Recuerdo que tiempo después se fugó con el, no los encontraban por ninguna parte. Luego de una semana los encontraron en Zihuatanejo. La reprimenda fue terrible para ella, y se tuvo que ir de aquí como un año, la verdad lo sentí mucho y desde ahí odie a Tito, aunque era mi cuate.
-Hola.
-Que onda ¿A donde vas?
-Voy al centro,¿y tu?
-Voy a comprar harina y leche para un pastel que esta haciendo mi mamá. Dame un rait ¿no?
-Simón pero solo si te llevo cargando
-Que dijiste, ya se dejó ¿no?
-Pues si quieres te llevo en mis brazos, sirve que así te puedo ir abrazando.
-Ay payasito, vámonos.

Lleva una minifalda de mezclilla color rojo, sus piernas eran muy largas y blancas, la verdad es que eso es lo que más me gustaba de ella; percibí el olor de su pelo mojado.
-Como has estado?
-Mal.
-Por que?
-Ya vez, siempre las mismas broncas con el pinche viejo ese.
-Ahora que te hizo.
-Me quiso pegar anoche de nuevo.
-Pegarte?…pinche ruco. Pero ¿Porque?
-Ya vez. Cada vez que se le vota la canica, o que llego tarde siempre se quiere pasar conmigo. No me deja salir, y su hijito ese ya me tiene hasta la madre, siempre agarra mis cosas y me hace travesuras.
-Oye Tania…te puedo hacer una pregunta?
-Si
-Pero me la contestas en serio?
-Si, claro.
-Nunca se ha querido pasar de lanza tu jefe contigo?
-¿Como?
-Si, tu sabes….como explicarte, que te quiera tocar o forzarte a algo.
Se quedo seria por un momento
-No, nunca.
-¿En serio?
-No….nun…nunca.
-Oye me quedo aquí en la tienda de don Alfonso. Luego platicamos.
-Tania….se me hace que ese hijo de su…
-Ya me voy Bye.
-Oye espérate.
-Luego platicamos.

Ya en la plaza me encontraba con toda la banda. Nos juntábamos muchos cuates en una de las jardineras, justo atrás del Ayuntamiento. Era costumbre que siempre encontraras a alguien ahí. Había de todo, desde chavos banda que se vinieron de Cd. Netzahualcoyotl quien sabe por que azares del destino, hasta chavos como el hijo del dueño de un hotel de paso o de más o menos posición social. Era una banda heterogénea y casi por lo regular había indirectas…puta ya llegaron los fresitas o uhh allí vienen los mamarrachos valentones. Pero cuando se trataba de entrarle al moquete o de hacerle el paro a un cuate, no había distinción de clase social.

Siempre existía un tema que platicar o una chava a la cual ver, la verdad es que por aquí pasaban todas las chicas de la ciudad.
No tenía mucho tiempo que acababan de remodelar el centro, no es que lo anterior hubiera estado mal, si no que la ciudad estaba creciendo y necesitaba otra imagen: construyeron un Ayuntamiento, un paso a desnivel y le cambiaron la imagen al palacio de gobierno, pusieron muchos árboles y una explanada muy grande, me gustaba mucho.
-Que onda pinche Toño
-Que onda huevones como están?

Había que saludar a todos por que si no se enojaban, ese día conté a 23. Era toda una jungla: ahí estaba El oso con sus playeras de físicoculturista, su hermano La maraca con sus playeras posesionadas (así se les llamaba a las playeras Maiden, Megadeth o Motley que tenía dibujos de calaveras o demonios) y una melena que le llegaba hasta debajo de los hombros, no se hablaban, una vez por andarse peleando La Maraca le rayo el estomago con una navaja, dormían en un mismo cuarto pero la mitad estaba pintada totalmente de negro y la otra de verde agua. Por allá El Ciego un buen amigo, El Pegajoso le decían así por que se parece al fantasma de una película, El tío, La Zorra, El Vaga, El Perro que arrastraba el apodo desde su papá, El Negro, obvio el color, El Gofo, La Lombriz, por largo y flaco, La Muñe, El Cuchi, El Pato, El Toro, La cigüeña, El árabe, La güicha y otros dos que aún no conocía.
El tiempo aquí se pasaba rapidísimo. A las nueve ya estaba de regreso en mi casa. Mientras me dormía estuve pensando en Tania y en sus broncas. Me enfadaba la idea de que su padrastro quisiera aprovecharse de ella.
Alfonso Maldonado Arellano

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